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Martín García García: “Tocar junto a una orquesta es una conversación musical; hacerlo solo es un ejercicio de introspección en el que te enfrentas a ti mismo”

El pianista asturiano recala el 7 de abril en el Auditorio de Tenerife con el programa 'Odisea, leyenda y el ascenso hacia lo monumental', dedicado a Frédéric Chopin y Franz Liszt
Martín García García (Gijón, 1996). / Fadil Berisha

Martín García García (Gijón, 1996) será el 7 de abril (19.30 horas) el protagonista del ciclo de recitales de piano que lleva a cabo el Auditorio de Tenerife en la Sala de Cámara. Visitará la Isla con un programa dedicado a las partituras de dos compositores que conforman sendos y brillantes paradigmas del Romanticismo musical en este instrumento: Frédéric Chopin (1810-1849) y Franz Liszt (1811-1886). Con una trayectoria muy valorada dentro y fuera de España, el joven intérprete asturiano conversó con DIARIO DE AVISOS.

-Actúa la próxima semana en Tenerife para interpretar obras de Frédéric Chopin y Franz Liszt, en un programa denominado ‘Odisea, leyenda y el ascenso hacia lo monumental’. ¿Qué enfoque ha querido adoptar para esta propuesta?
“Como bien dice el título, está conformada por piezas trascendentes, piezas claves no solo del repertorio para piano, sino también de la historia de la música occidental. Se trata de composiciones que implican cosas muy grandes, aspectos que resultan muy importantes para el ser humano. También se trata de obras muy empáticas”.

-¿Es muy diferente su mirada cuando afronta una propuesta en solitario, como en este caso, a cuando lo hace junto a una orquesta?
“Tocar junto a una orquesta se convierte en una conversación musical y en un trabajo en equipo en el que tenemos que cuidarnos los unos de los otros. Estar solo sobre el escenario representa enfrentarse a uno mismo. Se trata de un ejercicio de introspección mucho más intenso. En ese ejercicio acaba uno muy cansado [ríe], pero no es esa la palabra que quiero utilizar para definirlo, mejor sería hablar de intensidad. Es algo, en definitiva, que me gusta mucho”.

-En el recital con el que acude a la Sala de Cámara del Auditorio de Tenerife, ¿dónde reside la complejidad, dónde se encuentra el desafío?
“Algunas de las piezas de este concierto las llevo trabajando durante 15 años. Es como escalar una montaña muy alta. En el plano técnico podemos encontrarnos con partituras igual de complejas, pero quizás no me ocuparían tanto tiempo de análisis para aprehenderlas, para hacerlas parte de mí, como un actor que quiere encarnar un personaje. Ahí está el reto, lo más complicado: interpretar algo que ha creado otra persona hasta que sea parte de uno mismo”.

“No hay ningún autor en concreto que tenga que estar sí o sí en mi repertorio, pero en mi casa no puede faltar Johann Sebastian Bach”

-Me habla de un proceso que le ha ocupado 15 años. ¿De qué forma ha cambiado su mirada al acercarse a estas partituras?
“Cambia porque recoges nuevas experiencias según avanza el tiempo. Por ejemplo, en estos 15 años analizando e interpretando las obras continúo hallando cosas nuevas en las partituras, momentos a los que antes no había prestado atención o no la suficiente. Es como ir conociendo a una persona. Durante el primer mes podemos verla de una manera determinada, pero a medida que pasan los días y los años la vamos contemplando con otros ojos; conocemos mejor sus reacciones, sus virtudes y sus defectos, lo positivo y lo negativo…”.

-¿Qué compositores no puedan faltar en su repertorio? ¿Qué músicas deben formar parte de una temporada ideal?
“Música buena. No me preocupa mucho qué autores interpreto en cada temporada. Me importan las grandes piezas del repertorio, pero ninguna en particular, ni ningún compositor en concreto, tiene que estar sí o sí. Muchas veces me centro en un autor porque me empieza a fascinar o porque comienzo a conocerlo de una forma más profunda. Como en esta ocasión, por ejemplo, puedo incluir a Franz Liszt porque llevo muchísimo tiempo trabajando con sus partituras y esa relación de confianza hace que sea un momento particularmente bueno para incluirlo. Pero en ese sentido no tengo preferencias: me interesa desde la música del Renacimiento hasta la que se hace hoy en día. No hay nadie que tenga que estar necesariamente en mi repertorio. En mi casa sí [ríe]: Johann Sebastian Bach siempre tiene que estar, forma parte de mi vida, es un hábito, como darse una ducha y cepillarse los dientes. Pero en un concierto no tiene por qué”.

-¿Y hay autores que aún no ha abordado en un escenario y le gustaría interpretar?
“A estas alturas hay muchos menos de los que quería afrontar en un principio, pero siempre hay. Como en la vida misma, hay demasiadas cosas buenas como para poder experimentarlas todas en un plazo más o menos corto. Tengo 29 años, así que espero que aún me quede mucho tiempo para adentrarme en las composiciones de muchos otros autores, a los que seguramente no he prestado demasiada atención en público. A Schubert le dediqué el año pasado un cuarto de programa, pero quiero ahondar más en su música, al igual que deseo conocer nuevas piezas y compositores. Hay demasiadas obras interesantes, demasiadísimas”.

“La disciplina fue una de las cosas más importantes que me enseñó mi maestra y mi guía, Galina Eguiazarova”

-Si uno mira su biografía, figura que con solo cinco años inició su aprendizaje. ¿Recuerda ese momento en el que tuvo claro que quería dedicar a la música buena parte de su vida?
“No lo recuerdo de forma consciente porque soy incapaz de pensar en un momento en mi vida en el que la música no estuviera a mi lado. Entre mis primeros recuerdos se encuentra, por ejemplo, estar de muy niño con mis abuelos paseando en verano por los Picos de Europa, pero ya la música estaba ahí. De manera que creo que no hubo en mí esa reflexión que llevó a decirme que quería dedicarme a la música. Ya estaba ahí dentro, no sé muy bien por qué, la verdad, pues estas cosas no se pueden explicar de una forma muy precisa. Nunca tomé esa decisión porque creo que de alguna forma ya estaba tomada desde el momento en el que escuché música, desde el instante en el que me senté ante un piano por primera vez. Quizás la adopté de manera intuitiva, sin ser consciente de lo que representaba”.

-Se ha formado en la Escuela Superior de Música Reina Sofía, en Madrid, y en la Mannes School of Music de Nueva York. ¿Cuál es la principal enseñanza, no necesariamente musical, que ha recibido durante todo este tiempo?
“Es complicado destilar mi aprendizaje en una sola enseñanza. Mi maestra en letras mayúsculas, mi tutora, mi guía, fue Galina Eguiazarova en esos años de estudio en el Reina Sofía. Luego tuve otro mentor en Nueva York, Jerome Rose, pero fueron dos años, una relación más breve en la que yo ya estaba más o menos formado como artista. Gracias a Galina Eguiazarova crecí en el mundo de la música. Una enseñanza en concreto que me transmitió fue la disciplina. A veces al principio me daba la sensación de que con ella había un trabajo sin propósito. No lo entendí hasta que me di cuenta de que el objetivo de esa labor en apariencia sin propósito era la disciplina. Eso es algo que me ha ayudado también a nivel personal y me seguirá ayudando. La disciplina es un pilar en mi forma de actuar en la música y en mi forma de actuar como persona”.

“Al grabar un disco debes ser lo más crítico posible con aquello que haces; resulta complicado, pero a mí me encanta”

-El pasado año publicó ‘Silent Music’, que, si no me equivoco, es su tercer trabajo discográfico. ¿Cómo es la experiencia en el estudio de grabación?
“En un concierto se enfrenta uno a sí mismo, en una sala de grabación, también, pero además se enfrenta a sus peores pesadillas, a todos sus problemas, de forma directa. Tienes que escucharte y mantener una conversación contigo mismo lo más crítica posible. De lo contrario, el disco no va a salir como uno quiere. Resulta complicado pero a mí me encanta. Es una actividad terapéutica muy intensa. En mi caso, al menos, supone horas de trabajo sin parar hasta que algo sale. Y al terminar ese trabajo después de varios días de práctica muy intensa te quedas agotado, pero con la sensación de que has llegado a tu objetivo, por lo que estás muy contento”.

-¿Y tras finalizar la grabación es muy autocrítico, vuelve a escucharla pensando que hubiera sido necesario mejorar ciertos aspectos o en cambio es capaz de pasar página con facilidad?
“Durante los meses siguientes no suelo volverla a escuchar porque cuando trabajé en esa grabación no dejé de hacerlo. He llegado a escuchar 140 veces el mismo pasaje, y no es una exageración: lo hice cuando grabé el último disco [ríe]. De manera que la dejo reposar y más tarde sí que es cierto que en algunas ocasiones me la pongo, pero con tranquilidad, intentando no ser demasiado crítico, aunque sea un rasgo de mi personalidad”

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