El cineasta tinerfeño Juanma Villar Betancort consolida en La partitura del cosmos su especialización en el cine musical de gran formato. Fundador de Insularia Films, Betancort cuenta en su haber con obras premiadas internacionalmente, como Playing Lecuona (2016) -Mejor Documental en el Festival de Montreal- y la reciente Semilla del Son (2023), estrenada en el Festival de San Sebastián junto a Santiago Auserón. Con La partitura del cosmos, que se va a poder ver desde hoy y hasta el domingo (19.00 horas) en TEA Tenerife Espacio de las Artes, el director eleva la apuesta estética al vincular el proceso creativo musical con la divulgación científica de primer nivel.
-Usted ha consolidado una firma autoral retratando la pulsión creativa de figuras como Chucho Valdés o Santiago Auserón. En ‘La partitura del cosmos’, el protagonismo se desplaza de la biografía individual hacia la armonía de las galaxias. ¿Considera esta película una evolución natural de su lenguaje melómano o un punto de ruptura hacia el cine de ensayo científico?
“Vengo de la escena underground de los 80, donde participé activamente en la creación de fanzines musicales. En aquel momento, diferentes manifestaciones artísticas convivían y se entrelazaban de manera orgánica. La música más singular, desde el punto de vista de su creación, ha estado muy presente en mi vida. No importa la corriente o el género. Te hablo del punk del 77 y el after punk del 82, los sintetizadores analógicos de finales de esa década y los primeros 80, el modern jazz del 59 o el revival mod del 79, el northern soul del 69 o el son cubano del 42. Todo esto me interesa y forma parte de mi fondo de armario. Esta película, por lo tanto, emana de mi ecosistema creativo, que es musical además de cinematográfico”.
-La película está protagonizada por Suzanne Ciani, pionera de la música electrónica. ¿Cómo fue el proceso de trabajo con ella para que actuara como puente entre la experimentación sonora y las investigaciones del Instituto de Astrofísica de Canarias?
“Mi experiencia con músicos me ha llevado a concluir que cuanto más grande y trascendente es un artista, más sencillo es trabajar con él. Suzanne Ciani es un claro ejemplo. Dirigirla fue extremadamente fácil. Me sorprendió su capacidad de trabajo, ella sola cargando y montando un enorme sintetizador modular, conectando de memoria sus más de 100 cables. Mantuvimos una reunión por Zoom entre el astrofísico John Beckman en Tenerife y ella en su casa de San Francisco, Estados Unidos. En esta reunión se sentaron las bases de su trabajo, que consistió en trasladar a la música electrónica la armonía rítmica de las galaxias”.
-El Instituto de Astrofísica de Canarias no es solo una localización, sino el motor de la investigación. ¿Cómo fue la reacción del IAC cuando le plantearon el proyecto?
“La película fue ideada por mí y promovida por Insularia Films. El motor del proyecto es una investigación pionera en el mundo científico autoría del astrofísico John Beckman llamada La música de las galaxias y que cayó en mis manos por casualidad en un momento en el que me encontraba creando el personaje de una película de ficción, un compositor para piano y aficionado a la astrofísica de finales del siglo XIX obsesionado con trasladar a sus partituras la lógica del cosmos”.
-La cinta se define como un diálogo sin precedentes entre músicos y astrofísicos. ¿Qué desafíos presentó a nivel de guion integrar conceptos técnicos de la astronomía en una estructura narrativa musical?
“Es la primera vez que se aborda en el cine la relación entre música y astronomía. No existen precedentes. Integrar esta simbiosis en un guion cinematográfico fue posible gracias a la asesoría de los diferentes astrofísicos implicados en el proyecto: John Beckman, Pere Pallé o Tariq Shahbaz. Se trataba en todo momento de trabajar con investigaciones que no fueron concebidas para trascender su ámbito científico hacia el musical, y ese fue el mayor desafío”.
-En la sinopsis se menciona que Ciani se dispone a componer la partitura del cosmos con ayuda de otros músicos internacionales. ¿Cómo fue la búsqueda de esos otros artistas que participan en ese proceso de creación sonora inspirado directamente en los datos astrofísicos?
“Buscábamos un equilibrio entre músicos internacionales procedentes de diferentes continentes, junto a la participación de músicos nacionales y de Canarias. De esta manera hemos contado, además de con la propia Suzanne Ciani, con la rusa Lydia Kavina, máxima exponente mundial del theremin; la japonesa Midori Takada, otra pionera de los sonidos más experimentales, o creadores nacionales como Mateo Mena, Paloma Peñarrubia y Suso Saiz, además de los canarios Juan Belda, Samuel Aguilar y Eduardo Briganty. Todos mantuvieron un diálogo con astrofísicos del IAC para trasladar a sus diferentes terrenos creativos investigaciones pioneras en la ciencia”.
-Más allá del componente divulgativo, ¿qué experiencia auditiva y kinestésica busca despertar en el público que asista a verla este mes de abril?
“Lo que pretendemos es que el público se sumerja en una experiencia inédita y única en torno a la relación existente entre la música y astronomía, muy poco conocida, pero que sin embargo forma parte de la curiosidad humana desde la antigüedad”.





