Después de más de tres décadas en silencio, el barrio de La Asomada, en el municipio norteño de La Guancha, vuelve a llenarse de vida con la recuperación de una de sus tradiciones más queridas: la Fiesta de la Cruz de La Asomada. Una celebración que trasciende lo religioso para convertirse en un símbolo de identidad colectiva, memoria compartida y reencuentro vecinal.
La historia de esta cruz se remonta a 1955, cuando fue colocada en un cruce de caminos clave del barrio, convirtiéndose desde entonces en un punto de referencia no solo espiritual, sino también social. Durante años, los vecinos se encargaron de cuidarla, adornarla y, sobre todo, de celebrar en torno a ella una fiesta que llenaba las calles de música, convivencia y tradición. Sin embargo, en 1996 estas celebraciones se interrumpieron, dejando un vacío en la vida comunitaria del lugar .
Hoy, casi 30 años después, ese vacío comienza a cerrarse. La iniciativa de un grupo de vecinos ha logrado rescatar esta festividad, devolviendo al barrio un espacio de encuentro que había quedado en el recuerdo. La recuperación de la fiesta no solo supone retomar una tradición, sino también reconstruir los lazos entre generaciones y reafirmar el sentimiento de pertenencia.
Bajo el lema de volver a la alegría “que nunca se perdió”, la programación de este año, que se celebrará del 30 de abril al 3 de mayo, ha sido diseñada con especial cuidado para combinar tradición y participación ciudadana. Los actos en honor a la cruz ocuparán un lugar central, recuperando el espíritu devocional y simbólico de la celebración, mientras que las calles del barrio volverán a convertirse en escenario de convivencia.
El programa incluye diversas propuestas pensadas para todos los públicos, desde encuentros vecinales y momentos de convivencia colectiva hasta actuaciones musicales que aportarán ambiente festivo a las noches de celebración. La música popular, las reuniones en torno a la mesa y los espacios de participación comunitaria serán elementos clave de unos días en los que La Asomada recupera su esencia más viva.
Además, la implicación del propio vecindario ha sido fundamental para dar forma a esta nueva etapa de la fiesta, manteniendo ese carácter cercano y participativo que siempre definió estas celebraciones. No se trata solo de un evento puntual, sino de un proceso de recuperación cultural en el que la memoria y el presente caminan de la mano.
La vuelta de la Fiesta de la Cruz de La Asomada es, en definitiva, mucho más que la recuperación de un evento: es la prueba de que las tradiciones, cuando nacen del corazón de un pueblo, nunca desaparecen del todo. Solo esperan el momento adecuado para volver a florecer.





