Cuando el Festival de Narración Oral Verano de Cuento levantó el telón a finales de julio en El Sauzal, se dispuso a celebrar, hasta finales de agosto, la vigesimoséptima edición de una de las citas más longevas y reconocibles de Canarias para las historias contadas a viva voz. El festival ha conseguido algo poco habitual: crecer sin perder su esencia. Verano de Cuento, que recibe el apoyo del Ayuntamiento de El Sauzal, el Cabildo de Tenerife y el Gobierno de Canarias, así como la colaboración de la Fundación DISA, mantiene una identidad cercana, íntima y profundamente ligada a la experiencia compartida entre narrador y público.
Su director y programador, Juan Reyes, resume esa filosofía con una idea sencilla: “Haberlo mantenido chiquitito y cercano, a pesar de las altísimas cifras de asistencia”. Una fórmula que permite conservar el carácter acogedor de sus primeras ediciones mientras se consolida una audiencia fiel que regresa cada verano para escuchar historias bajo el cielo de El Sauzal.
“INSUSTITUIBLE”
La vigencia de una propuesta basada en la palabra contada es significativa en una época dominada por las pantallas y el consumo digital. Reyes no considera que la narración oral tenga competencia. “Es insustituible”, afirma. “Se podrán inventar modelos e incluso tratar de reinventar el formato de origen cavernario, pero jamás se podrá imitar su esencia. Ha de haber contagio de emociones entre el público para que esto funcione”.
Esa conexión emocional es el corazón de Verano de Cuento. Cada actuación construye una relación directa entre quien cuenta y quien escucha, un intercambio que la convierte en una experiencia única. No hay algoritmos, pausas ni repeticiones. Solo la palabra, la imaginación y la complicidad de quienes se reúnen para escuchar.
Esta edición vuelve a contar con narradores y narradoras de distintas procedencias y estilos, como pueden ser Jesús Bayón, Ana Tovar, Fidel Galbán, Josep Aceves y María Jesús Batista, en una programación para público adulto, familiar e infantil.
La selección responde a un proceso complejo que va más allá de la trayectoria o el prestigio. El festival abre una convocatoria en la que los aspirantes presentan sus propuestas y comparten inquietudes. A partir de ahí se genera un proceso de análisis que tiene en cuenta varios factores: el interés por participar, la relación histórica con el festival, la necesidad de ofrecer oportunidades o impulsar trayectorias emergentes.
PARTICIPANTES
“De entre estas personas seleccionamos un número de posibles participantes”, explica Reyes. El resultado de ese proceso reúne este año a 12 narradores en la programación para adultos, 6 en el apartado infantil y 24 en las sesiones de freestyle, una de las propuestas más dinámicas y populares del festival.
La convivencia de públicos tan diferentes es uno de los desafíos. Verano de Cuento crea espacios para cada audiencia sin renunciar a una visión amplia e integradora de la narración. Las sesiones para adultos ofrecen un entorno tranquilo donde la escucha puede desarrollarse sin interrupciones, mientras que la programación infantil se ha transformado con el tiempo en una propuesta claramente familiar. Según explica Reyes, demuestra que los cuentos no son solo cosa de niños: por cada menor acuden una media de 1,7 adultos. Muchos descubren o redescubren la narración oral acompañando a sus hijos.
A esto se suma el freestyle, una disciplina que conecta especialmente con los jóvenes, pero que, en realidad, atrae a espectadores de todas las edades. La improvisación verbal, la creatividad y el juego con las palabras establecen un puente natural entre las formas tradicionales de contar historias y las expresiones contemporáneas.
En 27 ediciones, el festival ha acumulado innumerables recuerdos y momentos especiales. Reyes señala que existen muchas actuaciones memorables y que algunas de las personas vinculadas al proyecto ya no están presentes. Sin embargo, cuando se le pide elegir un instante especialmente significativo, su memoria viaja hasta 2023. Aquel verano, una intensa lluvia obligó a suspender una de las jornadas. Lejos de lamentarlo, la organización recibió la noticia con alegría porque las precipitaciones contribuían a combatir el incendio forestal más grave registrado en Canarias en más de cuatro décadas. “Fue una alegría inmensa tener que suspender porque llovía a cántaros”, recuerda.
VÍNCULO CON LA COMUNIDAD
La anécdota refleja la estrecha relación que Verano de Cuento mantiene con su entorno. Aunque se ha consolidado como una referencia, Reyes prefiere entenderlo como una pieza más dentro del ecosistema cultural del municipio y de Canarias. “Es una gota más en el extenso mar cultural de El Sauzal”, señala, reivindicando la riqueza y diversidad de la oferta cultural existente en las Islas.
Mirando hacia el futuro, la aspiración no pasa por convertirse en un macrofestival ni por abandonar las características que lo han definido desde sus inicios. El objetivo es seguir creciendo en impacto social sin perder cercanía, continuar vinculado al barrio y a la comunidad, apoyar la innovación cultural y mantener el respeto por la profesión y por el público.
“Sería estupendo que el impacto social de Verano de Cuento continuase aumentando”, afirma Reyes. Y añade un deseo que resume la filosofía del festival: seguir siendo pequeño, acogedor y creativo.
Veintisiete ediciones después, Verano de Cuento demuestra que, pese a los cambios, las historias siguen encontrando su lugar cuando una voz las cuenta y alguien decide escucharlas. Quizá esa sea la verdadera razón de su longevidad: recordar cada verano que, antes de las pantallas y mucho después de ellas, siempre habrá cuentos.





