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viernes · 16 de octubre de 2026

Cosmos · Misterio · Ciencia

Arqueología

Stonehenge y Newgrange: los misterios de los megalitos que desafiaron el tiempo

Durante milenios, culturas antiguas de Europa levantaron monumentos de piedra alineados con los solsticios. Hoy los arqueólogos descifran cómo lo hicieron y por qué.

Stonehenge y Newgrange: los misterios de los megalitos que desafiaron el tiempo
Newgrange en Irlanda, alineado con el solsticio de invierno desde hace 5.200 años, es más antiguo que las pirámides de Giza. · curiosmos.com

Stonehenge en Inglaterra y Newgrange en Irlanda representan dos de los enigmas arqueológicos más fascinantes: estructuras que revelan un profundo conocimiento del cosmos y de técnicas constructivas que desafían la tecnología disponible en el Neolítico.

Un megalito es, en esencia, un monumento edificado con grandes bloques de piedra. La palabra proviene del griego y significa literalmente «piedra grande». A diferencia de lo que algunos imaginan, no existió una única civilización megalítica ni un patrón universal. Comunidades en Europa, el Mediterráneo, África, Asia y América construyeron estas estructuras utilizando materiales y tradiciones locales. Círculos de piedra, tumbas con cámara, templos y menhires aislados comparten la etiqueta de megalíticos, aunque sus orígenes, épocas y propósitos divergen radicalmente. La edad de estos monumentos es asombrosa.

Alineaciones astronómicas que desafían la antigüedad

Lo verdaderamente notable de estos megalitos no es solo su tamaño, sino su precisión astronómica. Stonehenge está orientado de manera que sus piedras marcan la salida y la puesta del sol durante los solsticios de verano e invierno. En el solsticio de verano, los rayos solares se alinean exactamente con la Piedra del Talón, creando un efecto visual dramático que aún hoy atrae a miles de visitantes.

Newgrange es, si cabe, aún más precisa en su ingeniería. Este fenómeno ocurre una única vez al año, en el momento exacto del solsticio. Para una civilización sin telescopios ni instrumentos de medición modernos, esto representa un logro astronómico de primer orden.

Estos alineamientos no eran caprichos decorativos. Para las sociedades neolíticas, el cielo era tanto un calendario práctico como una guía espiritual. Marcar los solsticios permitía a estas comunidades predecir cambios estacionales críticos para la agricultura, ceremonias rituales y la veneración de ancestros. El horizonte conectaba el cambio de estaciones, los rituales, la economía agrícola y la autoridad política en un único gesto arquitectónico.

Cómo movieron bloques de hasta 200 toneladas

El aspecto más enigmático de los megalitos es su construcción física. Algunas piedras pesaban hasta 200 toneladas, una cifra que genera preguntas sobre cómo comunidades sin metales consiguieron transportarlas. El proceso comenzaba con la búsqueda de canteras. Aunque muchas piedras se extraían cerca del lugar de construcción, otras provenían de distancias asombrosas.

Una vez extraída, la piedra se colocaba sobre rodillos de madera y se arrastraba mediante cuerdas y esfuerzo humano coordinado. Los rampas de tierra, trineos de madera, rollos cilíndricos y posiblemente vías fluviales reducían el esfuerzo. Lo que pudo haber comenzado como una tarea logística se transformaba en un proyecto social y ritual.

El transporte no era el único desafío. Las piedras debían ser talladas con precisión para encajar unas con otras sin mortero ni cemento. El trabajo dejaba marcas de herramientas visibles aún hoy, permitiendo a los arqueólogos reconstruir técnicas y métodos. Algunas piedras permanecen inacabadas, revelando cómo los constructores abordaban cada fase del trabajo.

Propósitos múltiples y significados que persisten

¿Para qué sirvieron realmente estos monumentos? La respuesta no es única. Algunos megalitos eran tumbas. Newgrange contenía restos humanos y posibles ofrendas votivas, aunque los investigadores debaten si fue primordialmente un lugar de entierro o un santuario. Otros eran espacios ceremoniales, marcadores territoriales, plataformas rituales o puntos de reunión comunitaria. Un menhir aislado pudo haber señalizado una ruta comercial o una frontera tribal. Un círculo de piedras pudo haber canalizado el movimiento y la atención durante rituales religiosos.

La piedra preserva las elecciones constructivas de sus creadores, pero no siempre sus intenciones. Un monumento no llegaba con una etiqueta explicativa. Los arqueólogos comparan fechas, disposiciones, enterramientos, asentamientos cercanos, restos de alimentos y alineaciones astronómicas para construir interpretaciones plausibles. Aun así, múltiples explicaciones pueden coexistir. La más responsable separa lo que las piedras muestran de lo que los investigadores infieren.

Lo que sí es cierto es que estas comunidades invertían labor titánica en lugares que los superaban en vida. En Newgrange, durante las cuarenta generaciones que tardó en construirse, habrían muerto unas 48 mil personas según cálculos de arqueólogos como el profesor Kelly. Cada generación heredaba la obra de la anterior y continuaba edificando para un futuro que nunca vería completado. Ese legado es, quizás, la razón más profunda por la que construyeron megalitos: dejar un monumento que perdurara cuando ellos no estuvieran.

Sofía Montalbán
Sofía Montalbán

Periodista e investigadora especializada en misterios históricos, fenómenos inexplicables, arqueología, civilizaciones antiguas y sucesos paranormales

Santa Cruz · sofia@duneslabs.com