Astrónomos han identificado la ráfaga de radio rápida (FRB) de un solo evento más brillante registrada hasta la fecha y, por primera vez, han rastreado su origen con una precisión inusual. El hallazgo, publicado en The Astrophysical Journal Letters, supone un avance clave para desentrañar la naturaleza de estos breves pero intensos estallidos de energía que, durante años, han desafiado la comprensión de la comunidad científica.
Precisión sin precedentes en la localización del FRB
El potente destello, captado el 16 de marzo de 2025, fue inicialmente confundido con interferencia terrestre —de teléfonos móviles o aeronaves— debido a su brillo excepcional. Un análisis posterior confirmó su origen extragaláctico. Bautizado RBFLOAT, el evento liberó en cuestión de milisegundos una cantidad de energía comparable a cuatro días de emisión solar, una cifra que ilustra la escala extrema de estos fenómenos.
Por su brevedad e imprevisibilidad, los FRB han sido históricamente difíciles de ubicar con precisión. Ese reto está siendo superado gracias al CHIME (Canadian Hydrogen Intensity Mapping Experiment), que, reforzado por una red de telescopios periféricos —los Outriggers— distribuidos por Canadá y Estados Unidos, permite triangulaciones mucho más finas que en el pasado.
Con este sistema ampliado, el equipo logró acotar la procedencia de RBFLOAT a un volumen de apenas 45 años luz, situándolo en las afueras de una galaxia en la constelación de la Osa Mayor, a unos 130 millones de años luz de la Tierra. Es, hasta ahora, el FRB no repetitivo más cercano identificado, un dato que reconfigura el mapa de oportunidades para estudios de seguimiento de alta resolución.
Una vez delimitada la región de origen, observatorios terrestres —entre ellos el MMT y el Keck— caracterizaron con mayor detalle el entorno. Según Yuxin “Vic” Dong, de la Universidad Northwestern, el estallido se localiza en un brazo espiral de la galaxia anfitriona, una zona típicamente asociada a formación estelar activa. Sin embargo, el evento no se sitúa en el núcleo de la concentración de estrellas jóvenes, un matiz que añade complejidad al cuadro.
Ese escenario respalda la hipótesis de que un magnetar —una estrella de neutrones con campo magnético extremo— sea el origen del destello. La posición sugiere que el objeto pudo haber migrado desde su lugar de nacimiento o haberse formado en las inmediaciones de la región en la que se generan nuevas estrellas. Observaciones con el JWST aportan indicios consistentes con esta interpretación, fortaleciendo el vínculo entre magnetars y FRB.
La excepcional luminosidad y relativa proximidad de RBFLOAT lo convierten en un caso de estudio privilegiado para abordar preguntas pendientes: por qué algunos FRB se repiten mientras otros no, y si los magnetars son la fuente exclusiva de estos fenómenos. Para Tarraneh Eftekhari, también de Northwestern, la capacidad de localización proporcionada por los CHIME Outriggers marca un punto de inflexión: el campo entra en una fase en la que cientos de futuros destellos podrán ubicarse con precisión, facilitando el análisis comparado de sus entornos y mecanismos físicos subyacentes.
