Un equipo de arqueólogos que excavaba los restos de un antiguo fuerte de la Edad del Hierro en Escocia ha descubierto una misteriosa cámara subterránea de piedra, parcialmente enterrada, con suelo empedrado y muros reforzados. El hallazgo, realizado en el fuerte Broxy Kennels, cerca de Perth, ha sorprendido a los expertos: tras un minucioso análisis, aún no está claro cuál fue su función exacta.
Según explican los arqueólogos de la empresa Guard Archaeology, la estructura no formaba parte del diseño original del asentamiento, sino que habría sido añadida posteriormente, posiblemente como parte de la evolución del poblado. El enclave fue ocupado durante varios siglos, entre 550 y 400 a.C., y abandonado justo antes de la llegada de los romanos a Escocia.
La cámara, conocida como un “souterrain” (término gaélico para “subsuelo”), mide casi nueve metros de largo, cuatro de ancho y unos 90 centímetros de profundidad. Las paredes se construyeron con grandes piedras traídas del cercano río Tay, y el suelo estaba completamente enlosado. En palabras del arqueólogo Kenny Green, responsable del proyecto, “el souterrain es uno de los elementos más intrigantes del sitio y uno de los mejor conservados que se han encontrado en Escocia”.
Un hallazgo que permaneció oculto durante siglos para los arqueólogos
Los arqueólogos descubrieron el fuerte gracias a un proyecto de infraestructura. Antes de iniciar las obras de la nueva carretera Cross Tay Link Road, el equipo revisó fotografías aéreas de la zona tomadas en la década de 1960. Aquellas imágenes mostraban anomalías en el terreno que revelaron la existencia del asentamiento. “Sin esas fotografías aéreas, nadie habría sabido que existía un fuerte en esta colina, ya que no quedaba ningún rastro visible”, explicó Green. “Siglos de cultivo habían borrado cualquier huella superficial”.
Las excavaciones comenzaron en 2022, con la participación de especialistas de museos nacionales y universidades escocesas. Los resultados iniciales mostraron que el fuerte fue utilizado intensamente durante la Edad del Hierro y modificado en varias fases. En una de ellas, los habitantes excavaron el souterrain dentro de un foso previamente rellenado, rodeándolo con nuevos muros de tierra y piedra.

El análisis de radiocarbono indica que el fuerte siguió habitado hasta finales del siglo I d.C., poco antes del avance del ejército romano por la región. Sin embargo, los arqueólogos aún desconocen por qué fue finalmente abandonado.
Un enigma arqueológico
El hallazgo del souterrain plantea más preguntas que respuestas. Aunque el equipo encontró granos de cereal carbonizados sobre el suelo de piedra, la cantidad no era suficiente para pensar que se tratara de un granero o almacén de alimentos. Los análisis químicos del suelo tampoco revelaron indicios de uso doméstico, lo que descarta que fuese una vivienda.
Existen teorías que sugieren que los souterrains pudieron servir para rituales religiosos o de protección de bienes valiosos, pero los arqueólogos no han hallado pruebas concluyentes.
“Después de analizar exhaustivamente los restos, su función sigue siendo un misterio”, reconoció Green.
Solo en Escocia se han documentado unos 200 souterrains, la mayoría fechados entre los últimos siglos antes de Cristo y los primeros de nuestra era. Este tipo de estructuras forman parte de una cultura escocesa distintiva de la Edad del Hierro, caracterizada por asentamientos fortificados en lo alto de colinas, conocidos como hillforts.
Evidencias de metalurgia y vida cotidiana
El equipo también descubrió restos de mineral de hierro y escoria, residuos del proceso de fundición, así como fragmentos de arcilla vitrificada que formaban parte de un horno metalúrgico. “Algunos de los elementos hallados en el interior del fuerte podrían ser los restos de antiguas casas circulares”, explicó Green. “Sin embargo, siglos de labranza han erosionado la colina, dejando solo las partes más profundas de los postes, lo que dificulta conocer el tamaño exacto de las estructuras originales”.
Los arqueólogos determinaron que el asentamiento se construyó en un punto estratégico, junto a una gran curva del río Tay, visible para cualquiera que viajara de norte a sur. En su fase inicial, el fuerte contaba con dos profundos fosos y rampas de tierra, levantadas con el material extraído de las zanjas.
Radiocarbono y restos de madera carbonizada confirman su antigüedad. “Nuestro equipo descubrió fragmentos de muros de mimbre y barro de las viviendas circulares, que fueron arrojados a los fosos cuando se limpiaron las estructuras antiguas”, añadió el arqueólogo.
Curiosamente, el descubrimiento se produjo gracias a una obra vial moderna. “Muchos conductores que transiten la nueva carretera quizá no imaginen que cruzan el lugar donde, hace más de 2.000 años, existió un fuerte de la Edad del Hierro”, señaló Jillian Ferguson, responsable de infraestructuras del Consejo de Perth y Kinross. “El proyecto de la Cross Tay Link Road nos ha ofrecido una oportunidad invaluable para comprender cómo vivían las comunidades prehistóricas cerca de Perth”.