Para los arqueólogos el Adriático acaba de entregar uno de sus secretos mejor guardados: una carretera de piedra construida hace unos 7.000 años y conservada bajo las aguas frente a la isla de Korčula, en la costa sur de Croacia. El hallazgo, realizado por arqueólogos de la Universidad de Zadar, muestra los restos de un asentamiento neolítico de la cultura Hvar que, según los expertos, reescribe parte de la historia sobre cómo vivían y se organizaban las comunidades de la Nueva Edad de Piedra según informa Reuters.
El descubrimiento se produjo cuando Mate Parica, profesor de la Universidad de Zadar, examinaba imágenes satelitales de la zona. Lo que en un principio parecía una anomalía geográfica resultó ser una estructura artificial que unía la isla principal con el islote de Soline. Intrigados, Parica y su equipo de arqueólogos se sumergieron y encontraron muros de piedra, herramientas y cerámica que confirmaban la existencia de un poblado sumergido.
Una carretera neolítica bajo el mar que desconcierta a los arqueólogos
Según los informes oficiales, la carretera estaba formada por losas de piedra cuidadosamente dispuestas y medía unos cuatro metros de ancho. A una profundidad de entre 4 y 5 metros, los arqueólogos localizaron este camino cubierto por sedimentos marinos, protegido durante milenios por la calma relativa del Adriático. El análisis de radiocarbono de la madera encontrada en el asentamiento sitúa la construcción en torno al año 4900 a.C., un dato que sorprende incluso a los especialistas más experimentados.
Marta Kalebota, jefa de la colección arqueológica del museo de Korčula, calificó el hallazgo como “sumamente inusual para un asentamiento del Neolítico”, subrayando que no existe otro caso documentado de una comunidad que viviera en un islote conectado a tierra firme mediante una carretera artificial. Esta valoración refuerza la magnitud del descubrimiento y sitúa a los arqueólogos croatas en el centro del debate académico internacional.

Un yacimiento protegido por la geografía
Parica añadió que este hallazgo es excepcional también por razones ambientales bajo los océanos. A diferencia de otras zonas del Mediterráneo, el enclave de Soline está resguardado de las grandes olas por un rosario de islas, lo que permitió que la carretera y el asentamiento se conservaran casi intactos. Los arqueólogos coinciden en que esta protección natural ha sido clave para preservar estructuras que en otras regiones se habrían destruido hace siglos.
La excavación submarina se llevó a cabo con la colaboración de instituciones como los Museos de Dubrovnik, el Museo de la Ciudad de Kaštela, el Museo de Korčula y el centro de buceo Lumbarda Blue, en una operación conjunta que ha combinado arqueología terrestre y técnicas de investigación subacuática.
Más hallazgos en Korčula
El hallazgo no se limita a Soline. Al otro lado de la isla, en la ensenada de Gradina, el investigador Igor Borzić encontró herramientas de sílex, hachas de piedra y fragmentos de muelas, ampliando el mapa de evidencias neolíticas en la zona. Para los arqueólogos, estos objetos ofrecen un valioso vistazo al modo de vida de las comunidades cazadoras-recolectoras que habitaban la región y demuestran que el asentamiento de Korčula era más complejo de lo que se pensaba.
El hallazgo de la carretera y del asentamiento asociado permite a los arqueólogos e historiadores conectar el presente con un pasado apenas documentado en el Mediterráneo oriental. El descubrimiento muestra que estas comunidades no solo sobrevivían en condiciones adversas, sino que desarrollaban infraestructuras sólidas, planificadas y adaptadas a su entorno.
Para los arqueólogos, el valor de esta carretera neolítica no reside únicamente en su antigüedad, sino en lo que simboliza: la capacidad de los pueblos de hace miles de años para diseñar soluciones complejas y duraderas. La investigación en Korčula recuerda que la historia humana está llena de capítulos olvidados bajo el mar y que cada nuevo hallazgo puede desafiar las ideas establecidas sobre los orígenes de la civilización.
Con este descubrimiento, los arqueólogos croatas no solo han desenterrado un camino antiguo, sino que también han abierto una nueva vía de conocimiento hacia un pasado que, hasta ahora, permanecía sumergido.