El hallazgo de los científicos de una megaestructura de 6.000 años en Rumania ha sacado a la luz una de las construcciones comunales más antiguas conocidas del mundo y, con ella, un enigma que desconcierta a los arqueólogos. Las excavaciones en las colinas del noreste del país han desenterrado un enorme edificio que data de alrededor del 4000 a. C. y que todavía guarda muchos secretos, ya que solo se ha excavado una cuarta parte del yacimiento. La gran pregunta es para qué servía una construcción tan colosal en una sociedad sin reyes, sin palacios y sin élites gobernantes para los cientificos.
El edificio se encuentra en el centro de un asentamiento llamado Stăuceni-Holm, en el condado de Botoșani, un lugar identificado por primera vez en la década de 1960 pero que no fue excavado hasta 2023. Pertenece a la cultura Cucuteni-Trypillia, una red de comunidades agrícolas que se extendió por la actual Rumania, Moldavia y Ucrania entre aproximadamente el 4800 y el 3000 a. C.
Solo la sexta megaestructura excavada de esta cultura
Según el estudio publicado en la revista PLOS ONE por un equipo de la Universidad de Erlangen-Núremberg en colaboración con el Museo del condado de Botoșani, la estructura es apenas la sexta de su tipo que se ha excavado de esta cultura, y la datación por radiocarbono la convierte en uno de los ejemplos más antiguos registrados hasta la fecha.
Con aproximadamente 350 metros cuadrados, el edificio empequeñece a las casas comunes que lo rodean, cuya superficie ronda entre los 70 y los 120 metros cuadrados. Su posición prominente, cerca de la entrada del asentamiento y protegida entre fosos defensivos y una empalizada, sugiere que desempeñó un papel comunitario especial. Era entre tres y cinco veces mayor que cualquier vivienda del lugar.
«Quizás la megaestructura era simplemente una casa más grande, un edificio comunitario para la toma de decisiones o un lugar de reunión de alto rango», escriben los autores del estudio.
Una comunidad pequeña con un edificio colosal según los científicos
El dato más revelador para los cientificos no es el edificio en sí, sino dónde aparece. El asentamiento de Stăuceni-Holm era relativamente modesto, hogar de entre 320 y 350 personas, mucho menor que algunos megasitios de la cultura Cucuteni-Trypillia en Ucrania, como Nebelivka o Maidanetske, que probablemente albergaban a miles de habitantes y alcanzaban las dimensiones de auténticas megaciudades prehistóricas.

Sin embargo, incluso esta comunidad más pequeña construyó el mismo tipo de gran lugar de reunión. El patrón sugiere que las megaestructuras eran una característica organizativa estándar de la cultura, y no un fenómeno limitado a sus ciudades más grandes. Esto abre una posibilidad fascinante: que en esta región se estuvieran ensayando formas tempranas de organización colectiva mucho antes de la aparición de los palacios y los reinos clásicos para los cientificos.
El misterio de una sociedad sin élites
La cultura Cucuteni-Trypillia para los cientificos lleva décadas desconcertando a los investigadores precisamente por lo que no tiene. No hay tumbas suntuosas, ni metales preciosos acumulados, ni residencias claramente diferenciadas que delaten la existencia de una élite gobernante. ¿Cómo se gestionaban aglomeraciones humanas de miles de personas sin jerarquías sociales visibles ni diferencias evidentes de riqueza? La megaestructura podría ser una pieza clave para responder a esa pregunta sobre los orígenes del poder y la convivencia en Europa.
Cerámica, un toro tallado y semillas psicotrópicas
El interior del edificio ha resultado para los cientificos tan intrigante como su tamaño. El suelo de madera de roble cubierto de arcilla quemada contenía una densa concentración de piezas de cerámica, incluyendo un ejemplar descrito como «extraordinario»: una cabeza de toro tallada unida a un cuenco. Las excavaciones también revelaron un ídolo cónico de propósito desconocido, tres cucharones (uno con motivos pintados) y una vasija de cerámica decorada con ocre rojo. Por todo el edificio aparecieron herramientas de sílex.
Entre los restos de cereales y frutas, el equipo halló además semillas de beleño, una planta psicotrópica empleada hace más de 6.000 años tanto en usos medicinales como rituales. La estructura, que originalmente pudo contar con un piso superior a modo de terraza, presentaba varias habitaciones probablemente destinadas a vivienda, cocina, almacenamiento e incluso rituales.
Un edificio que aún no ha revelado su función
Pese a todos estos hallazgos para los cientificos, los investigadores son prudentes. Los primeros estudios geomagnéticos indicaban que el edificio contaba con hogares y fosas de almacenamiento, pero las excavaciones demostraron lo contrario: no hay hornos ni áreas de almacenaje. Los autores reconocen que, en esta fase de la investigación, es poco realista considerar que su función fuera la de un simple almacén o comedor comunitario, pero tampoco hay indicios claros de que se tratara exclusivamente de un edificio de culto. Con tres cuartas partes del yacimiento aún sin excavar, el enigma sigue abierto.