Un sorprendente descubrimiento de un grupo de científicos en las selvas de Nueva Guinea ha dejado atónita a la comunidad científica. Investigadores han confirmado que dos especies de marsupiales que se creían extintas desde hace al menos 6.000 años siguen vivas en las remotas selvas tropicales de la península de Vogelkop, en Papúa, Indonesia.
El hallazgo se produjo tras décadas de trabajo y análisis. Aunque las primeras pistas aparecieron en 1999, los investigadores necesitaban pruebas concluyentes para confirmar la presencia de estos animales. Ahora, 27 años después de aquellas primeras señales, los científicos han conseguido reunir suficiente evidencia fotográfica y observaciones directas para confirmar que ambas especies continúan existiendo.
Los animales redescubiertos son el petauro de cola anillada (Tous ayamaruensis) y la zarigüeya pigmea de dedos largos (Dactylonax kambuayai), dos marsupiales que hasta ahora solo se conocían por restos fósiles hallados en Australia.
Los científicos redescubren dos marsupiales considerados extintos
El descubrimiento de los científicos fue liderado por el investigador Tim Flannery, profesor del Instituto de la Sociedad Sostenible de Melbourne y miembro visitante distinguido del Museo Australiano. Según explicó el científico, la región donde se encontraron los animales posee una historia geológica muy particular.
“El Vogelkop es una antigua parte del continente australiano que se incorporó posteriormente a la isla de Nueva Guinea”, señaló Flannery. “Sus bosques podrían albergar todavía muchas reliquias vivas de la fauna que habitaba Australia en el pasado”.
Los marsupiales son mamíferos caracterizados por poseer una bolsa donde las crías completan su desarrollo después de nacer. Muchas especies viven actualmente en Australia y algunas regiones cercanas, pero estas dos en particular se consideraban desaparecidas desde hace miles de años.
La zarigüeya pigmea de dedos largos destaca por su aspecto peculiar. Es un pequeño marsupial con rayas y con un dedo extremadamente largo en cada mano, aproximadamente el doble de largo que el resto. Este rasgo le permite buscar alimento en la madera podrida.

El petauro de cola anillada, por su parte, está emparentado con los petauros planeadores de Australia. Estos animales poseen una membrana que se extiende desde los codos hasta los tobillos y que les permite desplazarse planeando entre los árboles. A diferencia de sus parientes australianos, el petauro de cola anillada es más pequeño y presenta una cola prensil que utiliza para agarrarse a las ramas.
Un ejemplo de los llamados “taxones de Lázaro”
Los investigadores y científicos consideran que estas especies extintas forman parte de lo que en biología se denomina “taxones de Lázaro”. Este término se utiliza para describir a los animales que desaparecen del registro fósil durante largos periodos de tiempo y que posteriormente reaparecen como especies vivas.
Según Flannery, encontrar un taxón de Lázaro ya es algo extraordinario, pero descubrir dos especies consideradas extintas desde hace miles de años resulta aún más notable.
El trabajo de campo no habría sido posible sin la colaboración de las comunidades indígenas locales. Ancianos de los clanes Tambrauw y Maybrat ayudaron a los investigadores a localizar las zonas donde todavía habitan estos animales.
En algunas comunidades indígenas, el petauro de cola anillada es considerado un animal sagrado y digno de protección. Este respeto cultural podría haber contribuido a que la especie haya permanecido oculta y protegida durante generaciones.
“Estos descubrimientos subrayan la importancia de proteger estas biorregiones únicas y de continuar investigando para descubrir y preservar la biodiversidad oculta”, concluyó Flannery.
Los investigadores han decidido mantener en secreto los lugares exactos donde fueron encontrados los animales para evitar el riesgo de tráfico ilegal de especies. Los científicos también han advertido que ambos marsupiales podrían estar amenazados por la deforestación. El petauro de cola anillada, por ejemplo, vive en huecos de árboles donde forma parejas estables y suele criar solo una cría al año.
La zarigüeya pigmea de dedos largos depende igualmente de los bosques maduros, donde utiliza su oído especializado para detectar larvas dentro de la madera podrida.
Este redescubrimiento de los científicos refuerza la importancia de conservar las selvas tropicales de Nueva Guinea, una de las regiones con mayor biodiversidad del planeta. Los resultados del estudio fueron publicados el 6 de marzo en dos investigaciones revisadas por pares en la revista científica Records of the Australian Museum.
Según los investigadores y científicos, el hallazgo demuestra que todavía existen especies desconocidas o consideradas desaparecidas que podrían seguir viviendo en regiones poco exploradas del planeta.