Un equipo internacional de científicos ha descubierto 24 nuevas especies en el fondo del mar del océano Pacífico central, a más de 4.000 metros de profundidad, en una de las regiones más inexploradas del planeta. Pero lo más extraordinario no es el número de criaturas encontradas, sino que una de ellas es tan diferente a todo lo conocido que los investigadores han tenido que crear una categoría biológica completamente nueva para poder clasificarla: una nueva superfamilia.
Para entender la magnitud de este hallazgo, Tammy Horton, coautora del estudio e investigadora del Centro Nacional de Oceanografía de Southampton (Reino Unido), lo explica con una analogía sencilla. Sería como si en la Tierra conociéramos a los mamíferos carnívoros, supiéramos que existen los osos y las familias de los felinos, y de repente descubriéramos que los perros también existen. Eso es, en esencia, lo que han encontrado en el fondo del Pacífico.
Las nuevas especies del fondo del mar pertenecen al grupo de los anfípodos, pequeños crustáceos sin caparazón emparentados lejanamente con las pulgas de arena que pueden encontrarse bajo las algas en cualquier playa. Sin embargo, sus parientes de las profundidades han evolucionado durante millones de años en condiciones extremas: oscuridad total, presiones aplastantes y temperaturas cercanas a los cero grados.
La mayoría de estas criaturas miden alrededor de un centímetro y poseen una boca cónica única que las distingue de cualquier otro anfípodo conocido. Antes de este estudio, la ciencia solo había documentado 13 especies de anfípodos en toda la zona donde se realizó la investigación. Ahora, de un solo golpe, ese número casi se ha triplicado.
Los resultados fueron publicados en un número especial de la revista científica ZooKeys en marzo de 2026 y representan uno de los avances más importantes en taxonomía marina de los últimos años.
«Hemos descrito 24 especies y eso es solo una gota en el océano, literalmente, de cuántas más nos quedan por describir» — Tammy Horton, Centro Nacional de Oceanografía de Southampton.
Una semana de trabajo que cambió lo que sabemos del océano
El proyecto fue liderado por la doctora Anna Jażdżewska, de la Universidad de Łódź (Polonia), y por Tammy Horton. Un equipo de 16 especialistas e investigadores de instituciones de todo el mundo, entre ellas el Museo de Historia Natural de Londres, el Museo Canadiense de la Naturaleza y la Universidad de Hamburgo, se reunió durante una semana en un taller intensivo de taxonomía celebrado en 2024 en el Departamento de Zoología de Invertebrados de la universidad polaca.

Los científicos utilizaron todas las herramientas a su alcance: microscopios convencionales, microscopios de escaneo láser para crear imágenes tridimensionales de los animales, tintes fluorescentes para visualizar hasta el más mínimo pelo y articulación, y códigos de barras genéticos (ADN) para confirmar que cada especie era realmente nueva y distinta.
La doctora Jażdżewska destacó que describir más de 20 especies nuevas en apenas un año fue posible gracias al enfoque colaborativo del taller, algo que habría resultado inalcanzable si cada investigador hubiera trabajado por separado.
La Zona Clarion-Clipperton: un mundo por descubrir
Todas las nuevas especies del fondo del mar proceden de la Zona Clarion-Clipperton (ZCC), una vasta extensión de lecho oceánico que se extiende a lo largo de seis millones de kilómetros cuadrados entre Hawái y México. A pesar de su inmensidad, esta región sigue siendo uno de los ecosistemas menos comprendidos del planeta.
El fondo de la ZCC se encuentra a profundidades de entre 4.000 y 5.500 metros, donde la luz solar nunca llega y el alimento es extremadamente escaso. El sedimento crece a un ritmo de apenas una milésima de milímetro por año. Para poner en perspectiva lo inhóspito del lugar, una muestra del fondo del Mar del Norte puede contener hasta 20.000 animales, mientras que una muestra equivalente del fondo del Pacífico profundo contiene un número similar de especies pero apenas 200 individuos.
Un estudio complementario publicado en Nature Ecology and Evolution a principios de 2026 documentó 788 especies en la zona tras cinco años de expediciones y 160 días en el mar, confirmando que la biodiversidad del fondo oceánico profundo es mucho más rica de lo que se suponía.
El conflicto: descubrir vida nueva donde se planea destruir el fondo marino en estas especies
El hallazgo de estas nuevas especies en el fondo del mar adquiere una dimensión especialmente urgente porque la Zona Clarion-Clipperton es, al mismo tiempo, una de las regiones más codiciadas del planeta para la minería de fondos marinos. El lecho oceánico de la ZCC está cubierto de nódulos de manganeso, rocas del tamaño de una patata ricas en metales como cobalto, níquel y tierras raras que son esenciales para la fabricación de baterías y tecnologías de energía renovable.
La Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (ISA) ya ha concedido licencias de exploración en la zona a varias empresas y países. En enero de 2026, la administración estadounidense aceleró los permisos para la minería submarina en esta misma área a través de la NOAA. La carrera por los minerales del fondo oceánico está en marcha.
Los científicos advierten de que la minería podría causar daños irreversibles en un ecosistema que apenas estamos empezando a conocer. El estudio de Nature Ecology and Evolution reveló que las pruebas de extracción minera redujeron significativamente la abundancia y la diversidad de los animales del fondo, aunque el impacto global fue menor de lo temido inicialmente.
«Ahora es importante intentar predecir el riesgo de pérdida de biodiversidad como resultado de la minería. Para ello necesitamos investigar la biodiversidad del 30 % de la Zona Clarion-Clipperton que ha sido protegida. Actualmente, no tenemos prácticamente ni idea de lo que vive allí» — Adrian Glover, Museo de Historia Natural de Londres.
Lo que hace este descubrimiento particularmente inquietante es la cronología. La identificación de una nueva rama del árbol de la vida subraya lo que está en juego: la minería podría autorizarse antes de que los científicos tengan siquiera la oportunidad de nombrar las especies que habitan el fondo marino. Destruir un ecosistema antes de conocerlo no es solo una pérdida científica, sino un riesgo que podría tener consecuencias imprevisibles para el equilibrio biológico de los océanos.
El océano cubre más del 70 % de la superficie del planeta y contiene el 98 % del espacio habitable de la Tierra, pero la mayor parte de sus profundidades sigue siendo un misterio. Cada expedición revela que la vida en el fondo marino es más diversa, más resistente y más sorprendente de lo que la ciencia imaginaba. Y las 24 criaturas recién descubiertas son solo el principio.