Destrucción masiva de aguacates con sus tractores por parte de los agricultores ante las cosechas récord y el desplome de los precios y demanda

CER

Los aguacates en Canarias están a precio de oro y más después de las pérdidas por culpa del volcán. Pero esto no pasa en todos los países, es el caso de los agricultores australianos que se dedican al cultivo del aguacate se enfrentan a una importante crisis debido al desplome del precio de este fruto provocado por la caída de la demanda por parte de los consumidores.

«Tormenta de precios bajos»
Los agricultores de este país, que hace unos años estaban eufóricos por sus ventas, ahora se sienten abrumados por la nueva realidad y se ven obligados a desechar la fruta, antes tan solicitada, aplastándola con sus tractores o convirtiéndola en aceite de cocina. «Es una tormenta perfecta de precios bajos», lamenta el agricultor Tim Kemp. «Simplemente no esperaba que nos golpeara tan fuerte como lo ha hecho. Realmente nos destrozó», asegura.

Kemp, que se dedica al cultivo en su granja familiar, a día de hoy guarda en su almacén refrigerado nueve toneladas de aguacate. Sin embargo, esta gran cantidad del producto no le supondrá grandes beneficios: si hace unos años contendores llenos de estos frutos habrían valido casi 40.000 dólares, ahora apenas le reportarán una quina parte de esa cifra. «Básicamente, estamos vendiendo aguacates por menos del costo de producción», señala.

Aumento de producción
Simultáneamente al descenso en picado de los precios, la producción de aguacates ha aumentado en un 65 %, afirma John Tyas, director ejecutivo del grupo industrial Avocados Australia. Tyas explica que el fenómeno en parte se debe a que después de años de sequía se restablecieron las condiciones ideales de cultivo, a la vez que decenas de miles de árboles plantados años atrás empezaron a dar frutos.

Comida para cerdos o abono
Otra pareja de agricultores, Tony y Julie Pratt, intentaron retrasar la recogida de aguacates el mayor tiempo posible con la esperanza de que los precios subieran, pero los frutos empezaron a caer de los árboles antes de que eso pasara. Ante la situación, Julie decidió ofrecer la fruta a través de las redes sociales, mientras que su esposo se puso a vender los aguacates a pie de carretera. A pesar de los esfuerzos, la pareja acabó repartiendo entre sus amigos sacos de 50 kilos de aguacates para alimentar al ganado y los cerdos. Otro productor, Ian Tolson, se vio obligado a convertir mucha fruta de gama baja en aceite y a transformar cientos de toneladas de aguacates en abono.

Frente a estas adversidades, muchos pequeños agricultores culpan a las corporaciones internacionales de apoderarse del mercado con sus productos y aseguran que, si la situación no cambia pronto, se irán a la quiebra. «Es simplemente Capitalismo 101», aseguró Trevor Bendotti, un productor de aguacate de segunda generación de Australia Occidental.

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