Una UCI de un hospital tinerfeño durante la pandemia de la COVID. FRAN PALLERO
Una UCI de un hospital tinerfeño durante la pandemia de la COVID. FRAN PALLERO

La noticia de que una embarazada de tan solo 28 años fallecía a finales de agosto en el Hospital Insular de Gran Canaria desconcertó a gran parte de la población canaria. Sucedió en pleno repunte de contagios en el Archipiélago, cuando las citas para la inoculación contra la COVID-19 se entremezclaban con el incremento de nuevos casos y, por ende, la presión hospitalaria.

Ahora, su pareja Nauzet pide a las futuras madres que se vacunen porque, en su caso, no hubo marcha atrás. “Si pudiera cambiar algo sería que se hubiese vacunado”, cuenta el joven grancanario a COPE Canarias, quien explica que Melanie había solicitado su cita para inmunizarse, pero finalmente no pudo asistir por contagiarse. “Ni siquiera sabemos dónde o cómo se contagió. Lo supimos cuando gente con la que habíamos estado en contacto empezó a experimentar síntomas”, declara.

Su novia comenzó con un “catarro normal, después tuvo mal cuerpo y falta de olfato y gusto”, pero finalmente “falta de aire”. En un primer momento, acudieron al Hospitalario Universitario Insular-Materno Infantil, pero les comentaron que sería llevadero, “como un gripe”. No obstante, el 12 de agosto ingresó por complicaciones provocadas por el virus.

Tres días después, los médicos decidieron someter a la joven a una cesárea para salvar al pequeño que, afortunadamente, se encuentra en buen estado, aunque aún ingresado. Su nombre es Lewis. “Soy padre primerizo, me ayudará la hermana de mi novia a cuidar al niño porque no sé cómo hacerlo”, reconoce Nauzet.