El verano ha comenzado con un duro revés para el plátano de Canarias. La fruta estrella del Archipiélago, símbolo agrícola y motor económico para miles de familias isleñas, se enfrenta a una situación crítica. El desplome de los precios en origen —por debajo de los 0,50 euros el kilo en algunas zonas— ha encendido todas las alarmas en el sector, que denuncia una “tormenta perfecta” agravada por el exceso de oferta, la bajada de la demanda y el hundimiento de los precios peninsulares.
La Organización de Productores de Plátano de Canarias (ASPROCAN) ha reconocido que el mercado está saturado. En junio se produjo una entrada masiva de fruta en los puntos de venta, coincidiendo con el final del curso escolar, el inicio de las vacaciones y la reducción del consumo en hogares. “Se han llegado a perder entre 8 y 10 millones de euros en solo dos semanas”, reconocen fuentes del sector. A esto se suma que buena parte del plátano recolectado no cumple con los requisitos de comercialización exigidos para exportación, lo que obliga a derivarlo a retirada o a precios de saldo.
La batalla del plátano de Canarias en la Península: la palabra clave «plátano» en el centro del conflicto
La competencia en el mercado peninsular ha sido feroz. Mientras el plátano canario intenta defender su espacio en los lineales, el precio del plátano de importación ha caído en picado. Supermercados de grandes cadenas están optando por vender banana de terceros países —como Colombia o Costa Rica— a precios muy inferiores, erosionando aún más la rentabilidad del producto canario. Esta situación ha desatado las críticas de los productores, que denuncian prácticas comerciales desleales, dumping y falta de compromiso de la gran distribución con el producto local.
“El consumidor no siempre distingue entre plátano y banana, y al final elige por precio”, lamentan desde las cooperativas agrícolas. El resultado es que toneladas de plátano canario se quedan sin vender o se liquidan a precios ruinosos, muy por debajo de los costes de producción. A esto se suma que, con la llegada del calor, el plátano madura más rápido, lo que obliga a acelerar la cadena de comercialización o aceptar mayores pérdidas por mermas.
Desde la Consejería de Agricultura del Gobierno de Canarias se ha reconocido la gravedad del momento y se están estudiando medidas urgentes para contener la sangría. Entre ellas, se baraja un incremento del presupuesto para la retirada de fruta del mercado y campañas de promoción intensiva en la Península para incentivar el consumo del producto canario.
La situación en Canarias también tiene implicaciones sociales de gran calado. En islas de Canarias como La Palma, Tenerife o La Gomera, el cultivo del plátano de Canarias es el sustento directo o indirecto de miles de familias. La caída de los ingresos no solo afecta a los agricultores, sino también a empaquetadoras, transportistas, comercializadoras y otros eslabones de la cadena. La posibilidad de que muchos pequeños productores abandonen la actividad está cada vez más cerca.
Desde algunas organizaciones agrarias ya se habla abiertamente de la necesidad de reformar a fondo el modelo de comercialización. Se plantea crear una marca única que aglutine toda la producción bajo una estrategia común, como forma de frenar la dispersión y la falta de fuerza negociadora frente a las grandes cadenas. También se reclama mayor protección en frontera para limitar la entrada de bananas a bajo coste que arrasan con el mercado.