Para los investigadores el Evangelio de Tomás ha sido objeto de debates constantes entre teólogos, historiadores y investigadores desde que se descubrió en Nag Hammadi, Egipto, en 1945. Este texto, compuesto por 114 dichos atribuidos a Jesús, presenta enseñanzas diferentes a las que se encuentran en los evangelios canónicos. Para los investigadores, su exclusión de la Biblia responde a criterios históricos, teológicos y canónicos que la iglesia primitiva aplicó al seleccionar qué libros debían formar parte de las Escrituras.
Los investigadores señalan que la primera razón para su rechazo es que no cumple con el requisito de atribución directa a un testigo ocular apostólico. Aunque el texto se presenta bajo el nombre de Tomás, las pruebas sugieren que fue escrito a mediados del siglo II, mucho después de la muerte de los apóstoles. Esto significa que el apóstol Tomás no pudo haberlo escrito ni transmitido de primera mano.
Investigadores y el análisis del Evangelio de Tomás
Otra diferencia clave que destacan los investigadores es el enfoque doctrinal. Mientras los evangelios canónicos centran su mensaje en la vida, muerte y resurrección de Jesús, el Evangelio de Tomás se concentra en la voz del maestro y en la idea de que la salvación se alcanza mediante el conocimiento personal. Este rasgo lo acerca al pensamiento gnóstico, donde el problema del ser humano no es tanto el pecado como la ignorancia.
Los investigadores resaltan frases del texto que muestran esta perspectiva. Una de ellas cita a Jesús diciendo: «Reconoce lo que está frente a ti, y lo que está oculto se revelará. Pues nada hay escondido que no llegue a manifestarse».
Otro pasaje lo presenta como un sabio pescador que elige un pez grande entre muchos pequeños, símbolo de la capacidad de discernir lo esencial frente a lo trivial.
Para los investigadores, estas enseñanzas difieren radicalmente del mensaje central de los evangelios canónicos, donde la muerte y resurrección de Jesús son la base de la fe. En cambio, el Evangelio de Tomás propone que el reino de Dios está “dentro y fuera de ti”, una visión más introspectiva y menos dependiente de rituales o acontecimientos históricos.
Investigadores frente a la exclusión canónica
Los investigadores señalan tres criterios que la iglesia primitiva utilizó para definir el canon: autenticidad apostólica, coherencia doctrinal y aceptación general entre las comunidades cristianas. El Evangelio de Tomás fallaba en los tres. No era apostólico, no coincidía con las enseñanzas aceptadas y, además, la iglesia ya había fijado cuatro evangelios como suficientes para transmitir la vida y obra de Jesús.
Algunos investigadores y parte de la Iglesia opinan que este rechazo también respondió a la necesidad de la iglesia de unificar su doctrina y frenar la proliferación de textos gnósticos que podían dividir a las comunidades. Otros creen que la exclusión se debió simplemente a que no era lo suficientemente popular en las primeras comunidades cristianas.
A pesar de su exclusión, los investigadores actuales reconocen el valor histórico del Evangelio de Tomás. Bart Ehrman, especialista en cristianismo primitivo, sostiene que algunos dichos del texto podrían ser incluso anteriores a los evangelios canónicos y remontarse al mismo Jesús. Esta posibilidad ha abierto un debate entre investigadores sobre si parte del documento conserva tradiciones auténticas que no llegaron al canon.
El hallazgo de este evangelio ha permitido a los investigadores explorar la diversidad del cristianismo primitivo. Lejos de ser un movimiento homogéneo, las primeras comunidades tenían distintas visiones sobre la salvación, la fe y la figura de Jesús. El Evangelio de Tomás refleja una de esas corrientes, donde la iluminación personal y la búsqueda de la verdad interior eran esenciales.
Los investigadores coinciden en que el Evangelio de Tomás nunca se incluyó en la Biblia porque no cumplía con los requisitos de autenticidad y coherencia doctrinal establecidos por la iglesia. Sin embargo, su existencia amplía la comprensión del cristianismo primitivo y ofrece una mirada distinta sobre las enseñanzas atribuidas a Jesús. Para los investigadores, más que un texto prohibido, es un testimonio invaluable de la diversidad de creencias que coexistían en los primeros siglos de la era cristiana.