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miércoles, 12 de agosto de 2026 · 15:58 · Canarias
Historia

La historia real de los guanches que no se enseña en las escuelas de Canarias: diez datos que la arqueología ha confirmado

De dónde vinieron realmente los guanches y cómo eran de verdad: la verdad científica sobre los aborígenes de Canarias

Guanches en Canarias
Guanches en Canarias · Agencias

Durante décadas en Canarias, la imagen que se enseñó en las escuelas canarias sobre los guanches combinó datos históricos reales con una buena dosis de mitos románticos: aborígenes rubios, gigantes de dos metros, culturas primitivas apenas conectadas con el mundo exterior. Los estudios arqueológicos, genéticos y arqueobotánicos realizados en las últimas décadas, especialmente en la Universidad de La Laguna (ULL) y en centros como el Museo de Naturaleza y Arqueología (MUNA) de Tenerife o El Museo Canario de Gran Canaria, han transformado por completo esa imagen.

Los guanches reales fueron mucho más complejos, más conectados y más interesantes que la caricatura que llegó a las escuelas. Estos son diez datos que la ciencia ha confirmado sobre ellos y que casi nadie enseñó en las clases de historia de Canarias.

Eran bereberes norteafricanos, no europeos

Los estudios de ADN antiguo realizados en las últimas décadas, especialmente por equipos de la ULL y del CSIC, han confirmado sin ninguna duda que los guanches procedían del norte de África. Comparten linaje genético con los pueblos bereberes o amazigh del actual Marruecos, Argelia y Túnez. Su ADN se corresponde con los grupos que habitaban el Magreb hace unos 2.500 años, cuando llegaron al archipiélago probablemente en oleadas sucesivas y por vía marítima. Ni proceden de la Atlántida, ni son un enigma étnico irresoluble, ni tienen origen europeo. Son bereberes canarios, y esa es su identidad confirmada por la ciencia.

Los estudios en Canarias de datación por radiocarbono aplicados a restos arqueológicos de todas las islas sitúan la llegada de los primeros pobladores canarios entre el siglo V a.C. y el siglo I d.C., es decir, en torno a hace 2.500-2.000 años. Se cree que llegaron en distintas oleadas, con probable participación fenicia o cartaginesa en los primeros viajes, dado que estas civilizaciones dominaban el comercio atlántico en aquella época. Cada isla desarrolló luego su propia cultura de manera parcialmente independiente durante los siguientes siglos.

No eran todos iguales: cada isla tenía su propia cultura de Canarias

Uno de los grandes errores populares es hablar de «los guanches» como un pueblo homogéneo de Canarias. En realidad, cada isla desarrolló su propia cultura, idioma local y organización política. Los «guanches» en sentido estricto eran solo los aborígenes de Tenerife. En Gran Canaria se llamaban canarios. En La Palma, benahoaritas. En El Hierro, bimbaches. En La Gomera, gomeros. En Lanzarote, majos o mahos. Y en Fuerteventura, majoreros. Aunque compartían un origen bereber común, sus lenguas, sus costumbres y su organización política eran distintos entre islas.

Los estudios genéticos confirman que el ADN de los antiguos habitantes bereberes de Canarias sigue presente hoy en aproximadamente el cincuenta por ciento del acervo genético de la población canaria actual.

Uno de los rasgos más impresionantes de la cultura guanche era su práctica de la momificación, especialmente desarrollada en Tenerife. Utilizaban un proceso complejo que combinaba deshidratación, embalsamado con resinas vegetales y minerales, envoltura en pieles y depósito en cuevas funerarias inaccesibles. Muchas de esas momias se conservan hoy en museos y son estudiadas por la ciencia moderna con las técnicas más avanzadas. La momificación guanche es una de las tradiciones funerarias más sofisticadas del Atlántico antiguo.

Ni rubios, ni gigantes, ni con ojos azules

El estudio biométrico y genético de restos guanches ha desmentido de manera concluyente varios mitos populares en Canarias. La altura media de un guanche adulto rondaba los 1,70 metros en hombres y 1,55-1,60 metros en mujeres, similar a la de otros pueblos mediterráneos de la época. Sus rasgos faciales eran los propios de un pueblo bereber norteafricano: piel morena o mate, pelo oscuro, ojos castaños. La imagen popular de «gigantes rubios de ojos azules» nunca tuvo base científica y forma parte del imaginario romántico decimonónico, no de la realidad arqueológica.

Contra el tópico del «pueblo primitivo», los aborígenes canarios practicaban agricultura y ganadería desarrolladas. Cultivaban cebada, trigo, habas, higueras y otras plantas. Criaban cabras, ovejas y cerdos, animales que ellos mismos trajeron desde el continente africano durante las oleadas migratorias iniciales. Elaboraban queso, mantequilla y leche fermentada. Fabricaban gofio (harina tostada de cebada), tradición que se mantiene hoy como uno de los alimentos identitarios de Canarias.

Hablaban lenguas emparentadas con el tamazight

Las lenguas guanches pertenecían al grupo afroasiático, específicamente a la familia bereber (tamazight). Aunque se extinguieron como lenguas habladas tras la conquista castellana (siglo XV), han sobrevivido decenas de topónimos, antropónimos y términos comunes en el vocabulario canario actual (guagua, gofio, tabaiba, tajinaste, tenique, guanche o goro, entre muchos otros). Investigadores del Instituto de Estudios Canarios (IEC) siguen reconstruyendo estas lenguas mediante el análisis comparativo con las variantes del tamazight actual.

Su religión era compleja y politeísta

Los guanches en Canarias practicaban una religión propia con múltiples dioses, cultos solares, ritos funerarios elaborados y santuarios en lugares elevados o volcánicos. En Tenerife adoraban a Achamán como divinidad suprema, en Gran Canaria a Alcorac. Existía una casta sacerdotal específica y se realizaban peregrinaciones a lugares sagrados como el Teide, considerado morada de Guayota, el espíritu del mal.

Su ADN pervive hoy en la población de Canarias

Uno de los datos más impactantes que ha confirmado la genética moderna es que el acervo genético guanche sigue muy presente en la población canaria actual. Estudios de ADN mitocondrial realizados por la ULL confirman que aproximadamente el 50% del ADN de los canarios actuales procede de las poblaciones bereberes prehispánicas. Es decir, cualquier canario de origen tradicional lleva en sus genes una parte muy significativa de sus antepasados guanches. La conquista castellana no borró el linaje aborigen; simplemente lo mezcló con los nuevos pobladores procedentes de la Península Ibérica y otras regiones europeas.

La conquista castellana del archipiélago de Canarias se prolongó durante casi todo el siglo XV (1402-1496) y encontró una resistencia notable en varias islas, especialmente en Gran Canaria (rendida en 1483) y Tenerife (última isla conquistada, en 1496). Los aborígenes canarios opusieron resistencia militar considerable, especialmente en la batalla de Acentejo, donde infligieron una de las mayores derrotas de un ejército europeo en el Atlántico premoderno. Tras la conquista, buena parte de la población guanche fue esclavizada, otra fue asimilada y una parte pequeña continuó viviendo en zonas remotas manteniendo su cultura hasta bien entrado el siglo XVI.

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