La escritura rongorongo de la Isla de Pascua ha vuelto a colocarse en el centro del debate sobre los orígenes de la escritura humana. Un estudio publicado en la revista Scientific Reports y coordinado por la arqueóloga y filóloga Silvia Ferrara, de la Universidad de Bolonia, ha datado por radiocarbono cuatro tablillas con glifos del enigmático sistema y ha situado una de ellas entre los años 1493 y 1509, más de dos siglos antes del primer contacto europeo con la isla.
El hallazgo apunta a que los rapanui, habitantes nativos de uno de los lugares más aislados del planeta, podrían haber inventado su propia escritura sin influencia externa. Una hazaña extremadamente rara en la historia de la humanidad y que, hasta ahora, solo se atribuía con seguridad a Mesopotamia, Egipto, China y Mesoamérica.
Una isla en el confín del Pacífico
Rapa Nui, oficialmente conocida como Isla de Pascua, se encuentra a 3.790 kilómetros de la costa de Chile, país que se la anexionó en 1888. Sus habitantes nativos llegaron a las costas de la isla entre los años 1150 y 1280 d. C., según las dataciones arqueológicas más aceptadas, y vivieron en absoluto aislamiento hasta la llegada del navegante neerlandés Jacob Roggeveen en 1722.
Mientras los exploradores europeos se quedaron deslumbrados por las gigantescas estatuas moai que jalonan el paisaje insular, también dieron con algo más sutil y mucho más enigmático: tablillas de madera grabadas con un sistema de signos pictóricos hoy conocido como rongorongo. Esa escritura no fue descrita formalmente hasta 1864 por misioneros católicos.
«Si el rongorongo es anterior a la llegada de viajeros externos, podría representar otra invención de la escritura, y la más reciente, en la historia de la humanidad», recoge el artículo publicado en Scientific Reports.
El análisis por radiocarbono que reabre el debate
El equipo de la Universidad de Bolonia, en colaboración con la Universidad de Heidelberg y el ETH de Zúrich, sometió cuatro tablillas conservadas en Roma a un análisis de radiocarbono. Estas habían sido trasladadas desde Rapa Nui por misioneros católicos en 1869 y permanecían bajo custodia del Vaticano.

Tres de las cuatro piezas dieron una datación posterior al contacto europeo, ya esperada por los investigadores. Pero la cuarta, conocida en los catálogos como tablilla Aruku Kurenga, ofreció un resultado sorprendente: la madera fue talada entre 1493 y 1509, más de doscientos años antes de la llegada de Roggeveen.
Una madera ajena a la flora local
El detalle más intrigante del hallazgo es que esa tablilla del siglo XV procede de una especie arbórea que no es nativa de Rapa Nui. El equipo de Ferrara plantea como hipótesis más probable que se tratara de un trozo de madera de deriva llegado a la isla por las corrientes oceánicas. La conclusión abre un nuevo frente de discusión sobre el pasado ecológico del territorio insular y la conexión de los rapanui con materiales transportados por el océano.
Glifos sin parecido con el alfabeto europeo
Más allá del dato cronológico, el equipo subraya un argumento estructural: el rongorongo funciona de manera radicalmente distinta a las lenguas europeas. Sus glifos representan figuras humanas, partes del cuerpo, herramientas, plantas, animales y cuerpos celestes, y se han catalogado más de 400 signos diferentes entre los aproximadamente 15.000 caracteres preservados en los 27 objetos de madera supervivientes.
«Si tomas prestado un sistema de escritura, lo conservas lo más cercano posible al original», ha explicado Ferrara en declaraciones al medio especializado Live Science. La distancia formal entre el rongorongo y cualquier escritura europea conocida refuerza la hipótesis de la invención autóctona.
Pese al avance metodológico, el rongorongo sigue siendo una de las escrituras no descifradas más fascinantes del planeta. Generaciones de filólogos, lingüistas y arqueólogos han intentado descodificar sus signos sin éxito. La pequeña cantidad de tablillas conservadas, dispersas hoy entre museos de Europa, Estados Unidos y Sudamérica, dificulta el trabajo comparativo.
Los autores reconocen las limitaciones de su descubrimiento. La datación por radiocarbono indica cuándo se taló el árbol, no cuándo fue grabada la madera. Ferrara, sin embargo, sostiene que un trozo de madera de siglos de antigüedad no habría sido un soporte adecuado para tallar glifos, lo que apunta a una inscripción cercana en el tiempo a la fecha del corte.
El siguiente paso será examinar el resto de las tablillas supervivientes, dispersas por instituciones de todo el mundo. Si nuevas dataciones confirmaran la antigüedad preeuropea de otras piezas, el rongorongo podría consolidarse como la quinta invención independiente de la escritura documentada en la historia humana, y la más reciente.