El Ministerio de Agricultura ha confirmado siete casos más de jabalíes contagiados por el virus de la peste porcina africana, que se suman a los dos primeros anunciados el pasado viernes. En total, son ya nueve los animales hallados muertos dentro del radio de la zona de infección, en la sierra de Collserola, en el municipio barcelonés de Cerdanyola del Vallès. Un escenario que, aunque estaba en todos los manuales de riesgo, el sector prefería seguir viendo solo en las noticias de otros países.
Los últimos positivos han sido confirmados por el Laboratorio Central de Veterinaria de Algete, en Madrid, y afectan a jabalíes silvestres encontrados “muy cerca” de los dos primeros cuerpos. El Ministerio ha comunicado estos nuevos casos de peste porcina africana a la Comisión Europea y a la Organización Mundial de la Salud, mientras un equipo veterinario de emergencias desplazado desde Bruselas se ha incorporado ya a las tareas de control del foco.
Aunque el titular asuste, las autoridades insisten en un mensaje clave y a ter en cuenta con los animales: las analíticas realizadas en las explotaciones porcinas situadas en el radio de 20 kilómetros de vigilancia alrededor de Collserola han dado negativo. No se ha detectado sintomatología ni lesiones compatibles con la peste porcina africana entre los cerdos de granja. De momento, el problema está en la fauna silvestre, pero nadie se engaña: mantener esa línea roja será cuestión de disciplina, recursos y algo de suerte.
El hallazgo de nuevos jabalíes muertos por peste porcina africana en la sierra de Collserola dispara las alarmas
Para evitar que el virus salte de los jabalíes a otras zonas, en toda el área bajo vigilancia se ha prohibido la caza, con el fin de limitar el movimiento de animales. Se han movilizado 227 profesionales entre los Agentes Rurales de la Generalitat y la Unidad Militar de Emergencias (UME). La prioridad es contener el foco en un radio de seis kilómetros en la sierra de Collserola, un espacio natural muy concurrido por senderistas, ciclistas y deportistas. De ahí que las autoridades pidan a la ciudadanía que, por mucha naturaleza que apetezca, no se acerque a la zona para no entorpecer los trabajos.
Los equipos de campo buscan más cadáveres de jabalíes, colocan trampas y refuerzan la vigilancia con cámaras y drones con infrarrojos para detectar animales enfermos. Además, se han desplegado unidades de descontaminación, sistemas de gestión de capturas y traslado a biolaboratorios y centros de incineración. Todo este despliegue tiene un objetivo muy claro: que la peste porcina africana no dé ni un paso más.
Catalunya no es solo una comunidad con muchas granjas: es, literalmente, la gran fábrica de cerdos de Europa. Más de 8 millones de animales y cerca de 3.200 millones de euros en exportaciones anuales de carne, que representan el 52% de las ventas internacionales españolas. En este contexto, la palabra peste porcina africana no es solo un problema sanitario: es una auténtica bomba económica.
La reacción internacional no se ha hecho esperar. Hasta 40 países han suspendido las importaciones de carne de cerdo procedente de España por el brote de peste porcina africana detectado en Catalunya, aunque China, principal cliente, ha limitado de momento el veto a los productos originarios de la provincia de Barcelona. El mercado, sin embargo, ya ha dado su veredicto: este lunes los precios de los cerdos sufrieron el mayor descenso de los últimos 30 años. Como resumía un ganadero en privado, “un virus microscópico ha tirado al suelo todo lo que el sector llevaba años construyendo”.
La gran pregunta ahora es si el brote podrá controlarse en la fauna silvestre sin saltar a las explotaciones intensivas. Cada nuevo positivo en jabalíes recuerda que la peste porcina africana es un virus muy resistente, capaz de sobrevivir en carne, restos biológicos e incluso en ropa o calzado contaminados. Por eso el foco no solo está en las granjas, sino también en el comportamiento humano: paseantes, turistas, transportistas o cazadores pueden convertirse, sin saberlo, en vectores de riesgo.
¿Puede la peste porcina africana afectar a Canarias?
Con un brote tan mediático en Catalunya es inevitable que muchos se pregunten si la peste porcina africana podría llegar también a Canarias. La buena noticia es que hablamos de un archipiélago separado por cientos de kilómetros de mar, lo que actúa como una barrera natural importante frente a enfermedades animales que se transmiten sobre todo por movimientos de fauna silvestre y de mercancías.
En términos sanitarios, conviene recordar varias ideas clave. Primero, la peste porcina africana no se transmite a los seres humanos; es decir, no es un problema de salud pública directa para las personas. Su impacto es económico y ganadero. Segundo, el principal riesgo para las Islas no es que lleguen jabalíes enfermos —algo altamente improbable—, sino que el virus viaje “a bordo” de animales domésticos, productos cárnicos, piensos o materiales contaminados.
Por eso, las medidas de bioseguridad, los controles veterinarios en origen y en destino y el estricto cumplimiento de las normas de transporte de animales y mercancías son el mejor escudo para el sector porcino canario. Si estas normas se respetan, el riesgo de introducción de peste porcina africana en Canarias se considera bajo. Otra cosa es el posible impacto económico indirecto: si las restricciones comerciales y la caída de precios en la Península se prolongan, el mercado de la carne también puede verse alterado en el Archipiélago.
En resumen, el brote de peste porcina africana en la sierra de Collserola es, de momento, un problema acotado a la fauna silvestre en Catalunya, pero con consecuencias que ya se notan en los bolsillos de los ganaderos y en las exportaciones. Canarias observa desde la distancia, con un ojo puesto en los puertos y aeropuertos y otro en la evolución del foco. El virus no entiende de fronteras, pero las normas, la vigilancia y el sentido común pueden marcar la diferencia entre un susto controlado y una crisis de largo recorrido.