Lo que ocurre ahora bajo el Teide en Canarias ya no son enjambres, y el IGN explica por qué
El Teide en Canarias ya hacía esto en 1980: las fechas con las que el IGN compara lo de ahora
Cada vez que el subsuelo de El Teide de Tenerife se mueve, la conversación pública arranca de cero como si nunca hubiera ocurrido nada parecido. Los informes del Instituto Geográfico Nacional cuentan otra historia. Cuando el organismo analiza un episodio bajo Las Cañadas del Teide, lo compara con una lista concreta de precedentes, y el primero de ellos es de noviembre de 1980.
La relación completa que maneja el IGN incluye episodios de características similares en aquel noviembre de 1980, en octubre de 2016, en junio de 2019, en junio y julio de 2022, en agosto y noviembre de 2024 y en varias fechas de febrero de 2026. Y todos comparten algo más que el parecido: se localizan en la misma zona, el sector oeste de Las Cañadas del Teide, y a la misma profundidad, entre siete y ocho kilómetros. No es un fenómeno que vaya cambiando de sitio, sino uno que vuelve una y otra vez al mismo punto.
Qué está registrando ahora el IGN en El Teide
Hay además un matiz técnico reciente que apenas se ha contado y que modifica la forma correcta de nombrar lo que ocurre. Según la información de vigilancia volcánica del propio IGN, la actividad sismovolcánica inusual bajo El Teide que comenzó en febrero de 2026 continúa, pero a un nivel más débil, y consiste en eventos de baja frecuencia en forma de pulsos, con decenas de eventos híbridos intercalados. El organismo precisa que, pese a ese volumen, no se han observado enjambres de eventos repetitivos, porque las señales no presentan periodicidad temporal ni comparten suficientes características comunes para clasificarse como tales.
Dicho de otro modo: lo que está registrando la red de vigilancia en Tenerife ya no encaja en la categoría de enjambre sísmico que se ha usado durante todo el año. Son pulsos aislados, sin ritmo, más débiles y sin la firma repetitiva que caracteriza a un enjambre. Los episodios más reseñables de un fin de semana reciente consistieron en dos tandas de eventos de baja frecuencia en la zona de Las Cañadas, con 59 terremotos localizados de los 84 detectados por el sistema automático.
El IGN y PEVOLCA insiste en cada informe en que este tipo de episodios de eventos sísmicos híbridos no aumenta el peligro de erupción a corto plazo en la isla de Tenerife.
Por qué el punto es siempre el mismo
La hipótesis que manejan los organismos de vigilancia explica esa insistencia geográfica. Involcan la vincula a la inyección de volátiles hidrotermales de origen magmático en el sistema hidrotermal de la isla, un proceso que se observa de forma recurrente desde 2016 y que está respaldado por evidencias independientes: el incremento de la emisión difusa de dióxido de carbono en el cráter del Teide y una ligera deformación del terreno detectada en el sector noreste del edificio volcánico.
Si el mecanismo es siempre el mismo y la estructura por la que circulan esos fluidos también, tiene sentido que la señal aparezca una y otra vez en la misma vertical. Lo que cambia entre 1980 y 2026 no es el volcán: es la capacidad de detectarlo. La red desplegada hoy en Tenerife supera las cien estaciones, equipos y puntos de muestreo fijos, lo que permite un seguimiento en tiempo real de sismicidad, deformación y geoquímica. En 1980 aquel episodio se registró; hoy se cuenta evento por evento.
Los parámetros que determinan el semáforo volcánico en El Teide se mantienen dentro de márgenes que no lo alteran, y para que la comunidad científica considerase un cambio en el riesgo de erupción tendrían que darse señales de mucha mayor intensidad. El patrón, además, incluye otro rasgo tranquilizador: estos episodios suelen remitir espontáneamente en cuestión de horas, como ocurrió con los de febrero.
Nada de esto significa que el asunto carezca de interés bajo El Teide. La concentración de episodios registrada en 2026 no tiene comparación en la serie reciente y merece ser vigilada. Pero situar lo que ocurre en una secuencia que arranca hace más de cuarenta años, siempre en el mismo punto y a la misma profundidad, ayuda a leerlo por lo que es: un sistema volcánico activo en reposo haciendo algo que ya hacía cuando en Tenerife nadie tenía instrumentos para escucharlo.