Un hallazgo extraordinario por un grupo de arqueólogos en la antigua capital egipcia de Tanis ha sacudido a la comunidad científica: un conjunto de 225 figurillas funerarias cuidadosamente dispuestas en el interior de una tumba real ha salido a la luz tras décadas de excavaciones. El descubrimiento, realizado por una misión francesa, no solo aporta nuevas piezas al complejo puzle del Egipto faraónico, sino que, según los propios arqueólogos, supone un paso clave para resolver un “misterio arqueológico” que llevaba casi un siglo abierto.
Situada en el delta del Nilo, Tanis fue fundada alrededor del año 1050 a. C. como capital del reino durante la dinastía XXI. En aquel momento, el Valle de los Reyes ya había sido saqueado en repetidas ocasiones y la necrópolis real se trasladó a esta ciudad del norte. Desde entonces, el yacimiento se ha convertido en un laboratorio privilegiado para los arqueólogos, que tratan de reconstruir cómo se organizaban las tumbas de los faraones en esta nueva etapa de la historia egipcia.
El último gran hallazgo en Egipto se produjo el pasado 9 de octubre, cuando el equipo dirigido por el egiptólogo francés Frédéric Payraudeau excavaba una tumba estrecha ocupada por un imponente sarcófago de granito sin nombre. Tras trabajar en tres de las esquinas del recinto, los arqueólogos comenzaron a retirar sedimentos de la cuarta esquina y hallaron las primeras figuras verdes. “Cuando vimos tres o cuatro figuras juntas, supimos de inmediato que iba a ser increíble”, relató Payraudeau durante la presentación del descubrimiento en París.

La escena que siguió fue casi cinematográfica. El hallazgo se produjo justo antes del fin de semana, a pocas horas de que la jornada de excavación concluyera. El equipo corrió a avisar a las autoridades, instaló focos y continuó trabajando durante la noche para asegurar la tumba. Durante diez días, los arqueólogos extrajeron con extremo cuidado las 225 figurillas, todas ellas ushabtis, pequeñas estatuillas funerarias destinadas a servir como “sirvientes” del difunto en el más allá.
Los arqueólogos desentierran un tesoro único y reabren el debate sobre la antigua necrópolis de Tanis
Las figuras estaban dispuestas en forma de estrella alrededor de los lados de un pozo trapezoidal y en filas horizontales en el fondo, un patrón de colocación que no se había documentado antes en Tanis con tal claridad. Más de la mitad de las piezas representan mujeres, un dato que Payraudeau calificó como “bastante excepcional” y que abre nuevas preguntas sobre el simbolismo funerario de la época. Para los arqueólogos, este detalle sugiere una concepción del séquito del más allá mucho más diversa de lo que se pensaba.
El hallazgo, sin embargo, no solo destaca por la cantidad y el estado de conservación de las piezas, sino por el enigma que ayuda a resolver. Los símbolos reales grabados en varias figurillas han permitido identificar la tumba como perteneciente al faraón Shoshenq III, que reinó entre los años 830 y 791 a. C. Hasta ahora, se pensaba que su lugar de descanso final era otra tumba del mismo yacimiento, de mayor tamaño, donde aparece su nombre y se conserva el sarcófago más grande del conjunto. Esa aparente contradicción desconcertaba a los arqueólogos desde hace décadas.
Los arqueólogos ilusionados en Egipto
“La gran pregunta siempre fue: si esta tumba monumental lleva su nombre, ¿por qué no estaba allí enterrado?”, explicó Payraudeau. El nuevo hallazgo sugiere que el proyecto funerario previsto para Shoshenq III pudo no completarse como estaba planeado, quizá debido a la convulsa situación política del momento. Su largo reinado estuvo marcado por una guerra civil sangrienta entre el Alto y el Bajo Egipto, con varios pretendientes enfrentados por el poder. Para muchos arqueólogos, este contexto de inestabilidad pudo forzar un entierro de emergencia en otro espacio más discreto.
Otra hipótesis barajada por los arqueólogos es que los restos del faraón fueran trasladados posteriormente, para protegerlos de los saqueos. No obstante, resulta difícil imaginar que un sarcófago de granito de 3,5 por 1,5 metros pudiera haberse reubicado en un espacio tan reducido sin dejar huellas evidentes. Sea cual sea la respuesta definitiva, el nuevo conjunto de ushabtis proporciona una pieza fundamental del rompecabezas y orienta la investigación en una dirección más concreta, tal y como subrayan los arqueólogos que trabajan sobre el terreno.
El Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto ha definido el hallazgo como “un paso decisivo” en la resolución de un antiguo enigma. En un comunicado, las autoridades destacaron que los trabajos de la misión francesa han sacado a la luz también nuevos patrones decorativos en la cámara funeraria, lo que ayuda a comprender mejor las técnicas y rituales de enterramiento de aquella época. Los arqueólogos subrayan, además, que Tanis aún guarda “muchos secretos por descubrir”.
Una vez que se complete el estudio detallado de las piezas —incluyendo análisis de materiales, dataciones y comparaciones con otros conjuntos funerarios—, las figurillas serán trasladadas a un museo egipcio para su exhibición pública. Los arqueólogos confían en que esta nueva colección se convierta en un imán para visitantes y en una oportunidad para explicar, con ejemplos tangibles, cómo se preparaba el viaje al más allá en el Egipto tardío, reforzando el papel del yacimiento en el mapa mundial de la arqueología.
El descubrimiento llega, además, en un momento simbólico para el país, apenas unas semanas después de la inauguración oficial del Gran Museo Egipcio, uno de los mayores del mundo dedicados a una única civilización. Para los arqueólogos, que llevan años trabajando en condiciones muchas veces extremas, el hallazgo de Tanis es también un reconocimiento a la constancia silenciosa del trabajo de campo. “No se trata solo de encontrar tesoros”, concluye Payraudeau, “sino de reconstruir historias olvidadas y devolverles voz a quienes vivieron y murieron hace casi 3.000 años”.