Es una de las preguntas recurrentes en los mercados y supermercados del archipiélago: si el plátano se cultiva aquí, ¿por qué es tan caro comprarlo en Canarias? La aparente contradicción de que un producto local tenga un precio elevado en su lugar de origen no es una percepción errónea, sino la consecuencia de un complejo entramado logístico, económico y comercial que expertos y sector agrícola llevan años desgranando.
El consumidor canario se enfrenta a la paradoja de ver cómo el Plátano de Canarias, con su distintivo sello de calidad y Denominación de Origen Protegida, puede alcanzar en las góndolas de las islas precios que, en ocasiones, duplican los que se encuentran en establecimientos de la Península. La razón, lejos de ser única, es multicausal.
La «maldición» de la doble insularidad de Canarias y la logística inversa
El primer y más determinante factor es puramente geográfico y logístico. «Producimos aquí, pero el circuito comercial no es directo», explica agricultores de Canarias. «La mayoría de la producción se centraliza, se clasifica en grandes empaquetados, y desde allí se redistribuye a los puntos de venta de cada isla. Eso implica un coste extra de transporte marítimo interinsular que ningún otro territorio español tiene».
Este fenómeno, conocido como «doble insularidad» —ser islas dentro de un archipiélago—, encarece significativamente cualquier producto de consumo interno. El plátano que se vende en La Palma o Lanzarote ha necesitado, muy probablemente, pasar por una plataforma logística en Tenerife o Gran Canaria, sumando fletes y manipulación.
La competencia desleal de la banana «de bandera»
En el lineal, el plátano de Canarias no está solo. Compite directamente con la banana de importación, principalmente de países latinoamericanos como Ecuador, Colombia o Costa Rica. Este producto llega por millares de toneladas en contenedores refrigerados, con unos costes de producción (mano de obra, tierra, agua) muy inferiores. Para hacer frente a esta competencia, el plátano local se ve obligado a una estrategia de diferenciación por calidad, que también tiene su coste.
«El nuestro madura en la planta, tiene más sabor y textura, pero eso reduce su vida útil y exige una cadena logística más rápida y cuidadosa». «El de importación se corta verde y madura artificialmente en cámaras, lo que le da semanas de ventaja».
Uno de los datos que más sorprende a los canarios es descubrir que, en ciudades como Madrid o Barcelona, el precio del Plátano de Canarias puede ser igual o incluso inferior al de las islas. ¿Cómo es posible? Los economistas lo atribuyen a las estrategias de «pérdida líder» de las grandes cadenas de distribución en mercados muy competitivos.
Los productores canarios cargan además con unos costes de producción estructuralmente altos: terrenos en pendiente que impiden la mecanización total, agua de riego cara, y una normativa medioambiental y laboral europea mucho más exigente que la de sus competidores extracomunitarios.
Mientras, el consumidor canario se debate cada semana entre la lealtad a un producto local, de calidad superior y que sustenta la economía de las islas, y el presupuesto familiar. La paradoja del plátano caro en su tierra es, en definitiva, el reflejo de las singularidades y los desafíos de la economía canaria en un mercado globalizado.