Por qué tiembla: el volcán que nadie ve en Canarias y que provoca los mayores terremotos
La falla submarina que hace temblar a las dos islas capitalinas de Canarias a la vez
Cada cierto tiempo, el mar que separa Tenerife y Gran Canaria se mueve y las dos islas más pobladas de Canarias lo notan a la vez. Ocurrió el pasado 26 de febrero, cuando un terremoto de magnitud 4,1 se registró a las 12:26 hora canaria en esa zona marítima y se dejó sentir en al menos quince localidades tinerfeñas y cinco grancanarias. Y cada vez que sucede, la pregunta que corre por las redes es siempre la misma: si aquello tiene algo que ver con el Teide.
La respuesta de los organismos de vigilancia es tan constante como la pregunta: no. El Instituto Geográfico Nacional y el Instituto Volcanológico (IGN) de Canarias descartaron de forma expresa cualquier relación entre aquel seísmo y los enjambres sísmicos que por entonces se registraban en el entorno de Las Cañadas del Teide, donde en apenas tres semanas se habían contabilizado más de 6.000 temblores de magnitud muy baja. Son dos fenómenos distintos que ocurren en el mismo archipiélago y que la coincidencia temporal hace parecer conectados sin estarlo.
No es el Teide, es la tectónica
La explicación de fondo la aportó un trabajo publicado en la revista Remote Sensing a partir del análisis de series temporales de datos GNSS del archipiélago. Ese estudio identificó la principal falla sismogénica submarina del canal que separa Tenerife y Gran Canaria y llegó a una conclusión bastante clara: las zonas sísmicas situadas entre islas, y muy especialmente las que quedan frente a esas dos, parecen estar gobernadas principalmente por el estrés tectónico regional, y no por la actividad volcánica local.
Es una distinción esencial y explica por qué los organismos separan siempre los dos escenarios. La sismicidad volcánica se produce cuando el magma o los fluidos asociados se mueven, fracturan roca o presurizan un sistema hidrotermal, y suele manifestarse en enjambres de magnitudes bajísimas, con frecuencia imperceptibles para la población. La sismicidad tectónica responde a la acumulación y liberación de tensiones en fallas, genera episodios aislados y de magnitud sensiblemente mayor, y no anticipa ninguna erupción. Lo que ocurre entre las dos capitales de Canarias pertenece al segundo grupo.
Un enjambre de seis mil microterremotos bajo el Teide no se parece en nada a un único seísmo de magnitud 4 en el canal. El primero se registra con sensores, el segundo se siente en el salón de casa.
El volcán de Enmedio, el vecino que nadie ve
En esa franja marítima hay además una estructura concreta que aparece de forma recurrente cuando se analizan estos episodios: el llamado volcán de Enmedio, un edificio submarino situado a medio camino entre ambas islas. A él se atribuyó el origen del temblor de febrero, y también el que en 2019 alcanzó una magnitud de 4,2 y que durante años ha figurado como el mayor terremoto reciente registrado en Canarias. Es un vecino permanente del que casi nadie ha oído hablar y que, sin embargo, ha provocado los sustos sísmicos más recordados de las dos islas capitalinas.
El registro reciente incluye episodios de mayor entidad todavía. El 22 de mayo de 2026 se produjo un terremoto de magnitud 4,8 mbLg, equivalente a 4,6 en magnitud momento, con epicentro en el mar a unos 60 kilómetros al norte de Gran Canaria y a 30 kilómetros de profundidad. Fue sentido en numerosas poblaciones del archipiélago. Ese tipo de eventos, alejados de la costa y a bastante profundidad, encaja igualmente en el patrón tectónico regional que describen los estudios.
Queda por explicar por qué se sienten tanto en Canarias. La clave suele estar en la profundidad del foco. El seísmo de febrero se localizó a apenas diez kilómetros bajo la superficie, una cota somera que permite que la energía llegue con poca atenuación hasta el litoral. A eso se suma que las dos orillas de ese canal concentran la mayor densidad de población de Canarias, de modo que un movimiento de intensidad moderada, entre III y IV en la escala macrosísmica, se traduce en cientos de miles de personas notándolo al mismo tiempo y contándolo de inmediato.
La vigilancia de toda esta actividad corre a cargo del IGN en Canarias, con más de un centenar de estaciones desplegadas en el archipiélago, y de la Red Sísmica Canaria de Involcan. Ninguno de los dos organismos ha vinculado los episodios del canal con un aumento del riesgo eruptivo, y el trabajo reciente de Involcan sobre la estructura profunda de Canarias apunta en la misma dirección: entender qué hay debajo sirve precisamente para saber cuándo un temblor significa algo y cuándo es la corteza haciendo lo que lleva millones de años haciendo.