Según un estudio, estar sentado todo el día puede que no sea tan peligroso como se ha dicho durante los últimos años, siempre y cuando se compense con una cosa: caminar más. Un estudio masivo de la Universidad de Sídney (Australia) que ha seguido a más de 72.000 personas acaba de demostrar que simplemente aumentar el número de pasos diarios reduce de forma significativa el riesgo de muerte por cualquier causa y de enfermedad cardiovascular, independientemente del tiempo que se pase sentado.
El hallazgo, publicado el 18 de abril de 2026 y recogido por ScienceDaily, desafía la narrativa dominante de los últimos años que presentaba el sedentarismo como un peligro mortal equiparable al tabaquismo. Los datos sugieren que la clave no está tanto en cuántas horas pasas sentado, sino en cuánto te mueves cuando te levantas.
Un estudio de la Universidad de Sídney con más de 72.000 participantes demuestra que aumentar los pasos diarios hasta los 10.000 se asocia con un 39% menos de riesgo de muerte, incluso en personas con altos niveles de sedentarismo.
Qué encontraron los investigadores en el estudio
El estudio es uno de los más grandes realizados hasta la fecha sobre la relación entre actividad física, sedentarismo y mortalidad. Los investigadores siguieron a más de 72.000 personas durante años, utilizando acelerómetros (dispositivos que miden el movimiento real del cuerpo, no encuestas) para registrar tanto el tiempo que pasaban sentados como el número de pasos que daban cada día.
Los resultados fueron claros: las personas que caminaban más tenían un riesgo significativamente menor de morir por cualquier causa y de desarrollar enfermedades cardiovasculares. Y lo más importante: este beneficio se mantenía incluso en las personas que pasaban muchas horas sentadas al día. Es decir, caminar más compensaba en gran medida el efecto negativo del sedentarismo.
Aumentar los pasos diarios hasta los 10.000 se asoció con una reducción del 39% en el riesgo de muerte. Pero los beneficios comenzaban mucho antes: incluso pequeños incrementos en los pasos diarios, a partir de los 4.000-5.000, ya mostraban mejoras medibles.
El estudio de Sídney se suma a una tendencia creciente en la investigación que cuestiona el mito de los 10.000 pasos diarios. Este número, que se ha convertido en el objetivo por defecto de pulseras y relojes de actividad, tiene un origen comercial: fue creado en los años 60 por una empresa japonesa de podómetros y no tenía base científica.
Investigaciones recientes, incluido un metaanálisis publicado en The Lancet Public Health por el mismo equipo de la Universidad de Sídney, han demostrado que los mayores beneficios para la salud se obtienen al pasar de una vida muy sedentaria (2.000-3.000 pasos al día) a un nivel de actividad moderado (7.000 pasos). A partir de esa cifra, los beneficios adicionales existen pero son más modestos.
El mensaje para la población general es esperanzador: no necesitas correr maratones ni ir al gimnasio. Simplemente caminar más, incorporando pasos en la rutina diaria (subir escaleras, caminar al trabajo, pasear después de comer) tiene un impacto medible en la supervivencia y la salud cardiovascular.
¿Estar sentado ya no es «el nuevo tabaco»?
Durante la última década, numerosas publicaciones popularizaron la idea de que «sentarse es el nuevo tabaco». Algunos estudios asociaban pasar muchas horas sentado con un mayor riesgo de muerte, enfermedad cardiovascular, diabetes y cáncer, lo que generó una alarma considerable en una sociedad donde millones de personas trabajan sentadas frente a un ordenador.
Los resultados de este estudio no eliminan el riesgo del sedentarismo, pero lo relativizan de forma importante. Lo que sugieren los datos es que el problema no es estar sentado en sí mismo, sino estar sentado y no compensarlo con movimiento. Una persona que pasa 8 horas sentada pero camina 7.000-10.000 pasos al día tiene un perfil de riesgo significativamente mejor que una persona que pasa las mismas horas sentada pero apenas camina.
Para los millones de personas con trabajos de oficina, teletrabajadores y profesionales que pasan largas horas frente a una pantalla, el mensaje es claro y liberador: el tiempo sentado no es una condena. Lo que importa es qué haces con el resto del día. Y caminar, el ejercicio más sencillo, más barato y más accesible que existe, puede ser suficiente para marcar la diferencia entre la salud y la enfermedad.