Cariñanos, el otorrino de Isabel Pantoja, asesinado por ETA, al que atribuyen la paternidad de Kiko Rivera

«Se ha llegado a cuestionar que mi padre no era Paquirri, sino el doctor Muñoz Cariñanos, me hubiera gustado que mi madre saliera en mi defensa», fueron las palabras exactas que empleó el pasado viernes Kiko Rivera (36 años) en el programa especial Cantora: la herencia envenenada. El hijo de Isabel Pantoja (64) avivó sin pretenderlo uno de los rumores que, durante años, ha sobrevolado la prensa del corazón. No es la primera vez, como recuerda el cantante, que se pone en tela de juicio la identidad de su progenitor.

Antonio Muñoz Cariñanos fue coronel y un médico otorrinolaringólogo prestigioso. Antes de que ETA lo asesinara en su propia consulta descerrajándole varios tiros a bocajarro, se codeó con grandes personalidades del mundo de la música y la farándula. Entre sus pacientes hubo nombres de tan relumbrón como Rocío Jurado o la propia Pantoja

Isabel Pantoja junto a su hijo Kiko Rivera en una imagen de archivo (Gtres).

Artistas, políticos, periodistas y toreros, además, visitaban la consulta del otorrino Muñoz Cariñanos y formaban parte de su círculo de amistades. «Ha curado la voz a media España. Los que cantan mal es porque no han ido a su consulta«, aseguró su sobrino tras la muerte. Pantoja fue una paciente más, y una amiga. De hecho, tras la muerte de Cariñanos aquel aciago 16 de octubre de 2000 Isabel Pantoja apareció destrozada ante los medios de comunicación.

Con la voz casi rota, aseguró entonces que la unía al médico una estrecha relación de más de 20 años. La banda terrorista había matado a su amigo, al que visitaba por cuestiones de salud, sí, pero también de amistad, forjada en años. Con lo que no contaban los protagonistas era con la leyenda que se comenzó a tejer a su alrededor: esa que apuntaba a que Kiko Rivera es hijo de Cariñanos, y no de Paquirri. 

El parecido físico entre ambos es innegable, incontestable, pero nada más. Solo parecido; nunca nadie probó nada, ni se confirmó ni desmintió. Un simple rumor que creció y creció desde aquel 1984 en el que nació Kiko Rivera, el pequeño Francisco. Los protagonistas del bulo han vivido con él, con estoicismo y sentido del humor.Hoy, 36 años después, el nombre de Antonio Muñoz Cariñanos vuelve al presente tras las palabras de Kiko Rivera en Telecinco. Y el resurgir de su nombre también ha recordado su vida, su trágica muerte y un escándalo: la de su hijo biológico, Francisco Javier Moreno Estévez, que reclama su herencia.

Una comparativa entre Cariñanos y Kiko que Telecinco ofreció hace años.

Nació en Madrid, estudió Medicina en Madrid acabando la carrera con apenas 21 años y se especializó en Otorrinolaringología en la Universidad Complutense de Madrid. Hacía frecuentes viajes a México para dar conferencias y cursos a profesionales de su especialización. Era miembro del ‘Club de Leones’, que estaba dedicado a obras filantrópicas, y pertenecía a la Hermandad de El Cachorro.

En el plano familiar, Muñoz Cariñanos estaba separado de su primera esposa, Mercedes De La Sotilla. Tenía 4 hijos: Macarena Muñoz-Cariñanos de la Sotilla, Antonio Muñoz-Cariñanos Burgos, Pablo Muñoz-Cariñanos de la Sotilla, que ha continuado con la labor profesional de su padre, y Francisco Muñoz Estévez. 

Cariñanos era un hombre querido y respetado. Por famosos y por anónimos. El cuerpo sin vida fue descubierto por la enfermera del médico, que también trabajaba en la clínica. Sus asesinos, Jon Igor Solana Matarranz y Harriet Iragi Gurrutxaga, fueron encontrados y en medio de un tiroteo se les consiguió dar caza. Fueron condenados, casi dos años después, a 53 años de cárcel por varios cargos además del asesinato del médico militar.

El hijo ilegítimo del doctor Muñoz Cariñanos, Francisco Javier Muñoz, ante la tumba de su padre (Fernando Ruso).

La lucha de su hijo Francisco 

A lo largo de estos años desde aquel trágico 2000, su hijo Francisco Muñoz Estevez está luchando. Nacido de una relación extramatrimonial, supo la identidad de su padre tras su muerte. En 2018, EL ESPAÑOL recogió su testimonio. El día en que la familia dio sepultura a los restos del coronel, Pablo, el hijo mayor del médico y continuador del oficio de su padre, agarró a Francisco en mitad del cementerio y le dijo:«Currito, tenemos que hablar».

La conversación se quedó en el aire cuando Silvia, la hermana de Francisco, les interrumpió: «Él todavía no lo sabe«. No era su padrino, como le habían dicho, sino su padre. En las semanas posteriores al asesinato, Francisco acudió varias veces al cementerio de Gines, donde está enterrado el médico natural de Madrid. 

Uno de esos días, de regreso del camposanto, su madre Carmen lo sentó en el sofá. «Francisco, te quiero contar una cosa», le dijo. Le contó que conoció a su padrino, el doctor Muñoz Cariñanos, en mitad de una crisis en la relación con su marido. «Y me enamoré de tu padrino, y de ahí naciste tú, Francisco», confesó Carmen. Se le vino el mundo encima, contó Francisco a este medio. Muñoz Cariñanos conoció a Carmen en mitad de una crisis matrimonial. Ella era paciente de un compañero del doctor, pero él se ofreció a atenderla.

Del affaire nació Francisco. El coronel decidió que sería su padrino y Macarena, su hija, la madrina. «Fue un pacto para tenerme cerca, una excusa para verme y mantener el contacto”, apunta el joven. El doctor también contrató a Carmen como asistenta para trabajar en la clínica. Así disiparía los rumores. Francisco inició el proceso judicial para obtener el apellido Muñoz en el año 2001. En los últimos años reclama su parte de la herencia. Pide 180.000 euros de indemnización como víctima del terrorismo y parte de la herencia a sus hermanos. Además, llegó a sospechar que era hermano de Kiko Rivera, PaquirrínSe hizo una prueba de ADN tras robarle una colilla.