Dico, el perro que se perdió en Granada y fue encontrado casi siete años después

José cuenta estos días que su padre José, entre risas, le decía:»Este perro tiene que ser famoso«. Porque cuando José padre iba por las calles de Albolote (Granada) con Dico -un perro pastor alemán de pelo largo- desde que era un cachorro tenía que pararse cada poco. Era tan bonito que la gente interrumpía su camino para admirarlo. José, orgullosísimo de su perro, lo hacía encantado.

Cuando Dico tenía un año y medio se extravió. Y José, su dueño, falleció justamente un mes después, en 2015, con la pena de no haber podido encontrarlo. Hasta este lunes.

Dico, tal y como pronosticó su dueño, se ha hecho famoso años después. Ha sido gracias a un lector de chip, una chica defensora de los animales y a una serie de coincidencias que no sólo le han salvado como perro, sino que le han devuelto a una familia un trocito de ser querido, que se marchó con la pena de no encontrarlo.

Hay un lapso de seis años, casi siete, en el que no se sabe nada de Dico. Aunque que le falten 15 kilos de peso y que tenga numerosas heridas en la piel indican que en estos seis años no ha sido ni feliz ni lo han tratado bien.

La historia de Dico, el perro de José, comienza de nuevo este lunes, cuando Pepa Tenorio y Antonio Hervás cogen su coche para ir a almorzar a la Comarca de los Montes, en Granada. Iban circulando por la carretera de montaña que une los pueblos de Iznalloz con Deifontes. Al filo de la una de la tarde, Pepa vio que se le cruzaba un perro, a la suficiente distancia como para frenar la marcha sin peligro.

Si Pepa hubiera sido otra persona, probablemente habría aminorado y habría continuado el trayecto hacia su destino. Pero el destino de Pepa no podía ser marcharse a comer. Ha trabajado varios años en el Santuario Animal Corazón Verde, en Navarra. Es una conocida activista en Granada, ha llegado a convivir en su casa de campo con 20 canes y promueve de manera entusiasta su adopción. 

Por eso Pepa aminoró la marcha, paró su coche y se acercó al perro. 

El lector de microchip

El animal no mostró miedo, pero sí cautela. «Se retiró prudente». Para vencer su resistencia, Pepa cuenta a EL ESPAÑOL que siempre lleva latas de comida para perros en su coche. «Y un lector de microchip«.

De las veces que Pepa ha parado su coche en situaciones parecidas, «a lo largo de 15 años», solo en dos o tres ocasiones los perros llevaban el microchip identificativo en la oreja. Mientras aquel perro devoraba con ansia la lata de comida, el lector cantóun número.

Pepa y su pareja, Antonio, en la carretera tras encontrar a Dico.
Pepa y su pareja, Antonio, en la carretera tras encontrar a Dico.E.E.

Inmediatamente llamó a Verónica, la veterinaria, y le dio los dígitos. Por protección de datos, solo los veterinarios tienen acceso a la base de datos del Programa RAIA, el Registro Andaluz de Identificación Animal, en el que aparece el teléfono del propietario. La veterinaria telefoneó inmediatamente a la familia dueña del perro, que a su vez llamó a la pareja que había encontrado a su mascota.

Cuenta Pepa, quien seguía al pie de la carretera, que había pasado «un minuto y medio escaso» desde que contactó con la veterinaria. Su teléfono sonó y al otro lado de la línea estaba José hijo. «Mi perro, mi perro. Mi padre, mi padre», le dijo emocionadísmo. Luego Pepa se grabó en vídeo, entre lágrimas, mientras llevaba a Dico a casa.

«Mi padre el pobre falleció sin poderlo encontrar. Así que donde esté, tiene que estar muy contento y lo sentimos muy cerca de nosotros ahora mismo» ha contado José en Canal Sur Televisión. Porque Dico «era como un hijo para mi padre» y era y es «un miembro más de la familia». La familia, natural de Jaén, aunque vive en Albolote (Granada) se encuentra sobrepasada por los acontencimientos y la repercusión mediática que ha tenido el caso.

El momento del encuentro entre el perro y la familia no pudo ser más emotivo. «Estaba agotado y han pasado casi siete años. La familia lo llamaba y claro, seis años sin escuchar su nombre. Hasta que levanta la cabeza», cuenta Pepa.

El animal no se despega de José. «Ayer tuvo que salir de viaje y se lo ha tenido que llevar, porque es imposible separarlos. Va suelto, sin correa, pero pegado a su pierna. Y si se separa un poco, José le llama y enseguida se vuelve a poner a su lado».

La víspera llevó al perro al veterinario. Contra todo pronóstico, los análisis «son perfectos» y ha dado negativo en todos los test de enfermedades infecciosas, como la leshmaniasis. Se encuentra bien de los riñones y del hígado, que son los órganos que más se pueden afectar cuando el animal no recibe cuidados.

«No solo eso. Es casi preferible que un perro esté abandonado y no tenga dueño a que tenga un dueño que no lo trate bien», como parece ser ha sido el caso de Dico, que, eso sí, está desnutrido, está prácticamente en los huesos «aunque a primera vista no se le note por el pelo», y necesita recuperar peso. También tiene heridas y laceraciones por todo el cuerpo. «Pero esas heridas», valora Pepa, «se curan con Betadine. Las que tiene que curarse ahora son las del alma».