Wolfgang Kiessling, presidente del Loro Parque, aventura su jubilación

Wolfgang Kiessling tiene 83 años y trabaja siete horas al día. Fundó el Loro Parque en 1972 con 150 aves y, en la actualidad, preside un grupo empresarial ejemplar que sostiene a cuarenta mil animales y emplea a cerca de 400 personas. Confiesa que todas las mañanas al levantarse piensa en la jubilación, pero sabe que no es el mejor momento. «Ahora, en medio de la pandemia, no le puedo ceder el testigo a mi hijo Christoph», dice firme y apacible. Eso sí, pone fecha de caducidad: «Le acompañaré hasta que salgamos de esta». Entonces, tendrá el merecido descanso y un deseo que le ronda la cabeza: un viaje alrededor del Mundo junto a su mujer, Brigitte. Mientras tanto, toca capear la peor crisis que ha vivido.

Llevan cerrados desde el 15 de marzo. ¿Cuáles son las previsiones de apertura para Loro Parque, Siam Park, Hotel Botánico y Poema del Mar?

«No tengo ni idea. Eso sí, en principio y si todo sale como prevemos, el 15 de diciembre abriremos algunas habitaciones del Botánico».

Esta situación de gastos sin ingresos no se podrá mantener por mucho tiempo…

«El dinero que teníamos previsto destinar al parque acuático de Gran Canaria, en San Bartolomé de Tirajana, lo estamos empleando en mantener a flote las empresas del Grupo. Por otra parte, también ayudan los ingresos que generan los molinos de viento que tenemos en Gran Canaria. Además, aparte del personal que tenemos en ERTE, los directivos se han bajado voluntariamente sus sueldos. Nuestros animales consumen una tonelada de pescado al día y ocho toneladas de verdura al mes, que obtenemos de nuestras fincas».

¿Podría indicarme el gasto diario que genera mantener a sus animales?

«Entre 35 000 y 40 000 euros. Nací antes de la Segunda Guerra Mundial y vi la devastación que Hitler dejó en Alemania. Desde que empecé con el Loro Parque sabía que las cosas no siempre iban a ir bien. Por eso estábamos preparados para atender con solvencia cualquier imprevisto».

El restaurante Brunelli’s ya ha abierto…

«Sí. Estoy muy contento».

Y la Fundación continúa con su actividad…

«Así es. Todos los proyectos están a pleno rendimiento, como la recuperación del guacamayo de Lear en la selva brasileña de Caatinga, que está en grave peligro de extinción. El Gobierno de Brasil nos dejó en custodia cuatro ejemplares y tras criar en nuestras instalaciones hemos sacado 35. Ya se han devuelto a Brasil 17 ejemplares, de los que seis están ya en libertad. En breve enviaremos dos hembras».

¿El cambio climático es tan fiero como lo pintan?

«Sí. Y temo que va a más. Solo hay que ver como los glaciares están desapareciendo. Cuando yo nací existían dos mil millones de personas sobre la Tierra y ahora hay cerca de ocho mil. Millones de automóviles, aviones, barcos… contaminan diariamente el aire, se siguen talando bosques, la sobrepesca esquilma los fondos marinos… Nuestro planeta está reaccionado a los ataques».

Los movimientos animalistas dicen que los animales están mejor en libertad. ¿Qué aportan los zoológicos?

«A causa de la expoliación que el ser humano ejerce sobre el territorio, los zoológicos son las únicas embajadas para los animales exóticos. En este tiempo en que la naturaleza sufre, los zoológicos se han erigido en los mejores defensores del medioambiente».

¿Y se justifican los delfinarios?

«En los años sesenta del siglo XX los delfines entraron en todos los hogares del Mundo gracias a Flipper. Luego nacieron los delfinarios y, en la actualidad, reciben más de 750 millones de visitantes al año. La simpatía hacia estos animales ha crecido y ya, por ejemplo, no se consume su carne. En los delfinarios modernos viven muy bien y están cómodos. Son felices. Y ocurre lo mismo con las orcas. En Bahamas, los delfines y orcas viven sueltos y regresan para los shows. En Loro Parque cuidamos al máximo la alimentación y en los entrenamientos saltan, nadan rápido, lento, suben, bajan… Se les nota felices y disfrutan hasta del aplauso».

¿Es esta la peor crisis que ha vivido?

«Sí. Por lógica tenía que venir. Dios ha hecho la Tierra con montañas y baches. Llevábamos 75 años de cierta tranquilidad y ahora nos toca luchar contra un enemigo invisible».

¿Cree que Canarias podrá aguantar mucho más tiempo sin turistas?

«Tenemos que ser prudentes. La segunda oleada de la Covid-19 ha traído nuevos confinamientos. Estimo que es mejor quedarse como estamos hasta que no haya una vacuna. Las personas que cogen vacaciones no son precavidas y pese a los test pueden traer muchos problemas».

¿Todavía le quedan ganas de construir un parque acuático en el sur de Gran Canaria?

«En un futuro, sí. Por el momento, lógicamente, no».

¿Qué consejo suele darle a su hijo Christoph?

«El tío sabe. Es más listo y está más preparado que yo

¿Cómo es el Wolfgang Kiessling familiar?

«Muy normal. Hago crucigramas, juego al sudoku, leo sobre arte… De vez en cuando paseo por el Loro Parque con mis perros Jambo y Henry…».

Wolfgang Kiessling recibió en su 83 cumpleaños, este pasado 7 de septiembre, un regalo que no esperaba. La plantilla que trabaja en su grupo de empresas le obsequió con una escultura de la cabeza de un león tallada en madera por Alberto González. La placa que la acompaña resume el sentir de la familia del Loro Parque: «En agradecimiento a nuestro presidente que nos guía través de estos tiempos difíciles con fuerza, sabiduría y previsión».

EL CURIOSO IMPERTINENTE

¿Se considera un cabeza cuadrada?

«En cierta forma, sí».

¿Dicen que es un jefe difícil de llevar?

«Pago puntualmente y quiero un trabajo puntual».

¿Su animal favorito?

«Mis dos perros: Jambo y Henry».

¿Qué parte del Mundo le falta por conocer?

«Mucho».

¿Ha pensado en montar un refugio para perros abandonados?

«He cofinanciado el Refugio de Tierra Blanca en Fasnia. También aporté cincuenta mil euros al refugio de El Sauzal y ayudo a los de Punta Brava, en Puerto de la Cruz, y al de Los Realejos. De mí reciben lo que necesitan. Además, en la hucha para refugios que tenemos en Loro Parque recaudábamos, antes del cierre, una media de cuatro mil euros al mes».

¿Su plato de comida favorita?

«Merluza, cherne, pollo asado y un buen steak».

¿El peor momento de la historia?

«La muerte de nuestro entrenador Alexis por la orca Teko».

¿Tolerancia cero con…?

«El maltrato de mujeres y animales».

¿A qué le tiene miedo?

«No tengo miedo».

¿Monárquico o republicano?

«Más republicano».

¿Ángela Merkel, Donald Trump o Pedro Sánchez?

«Ninguno de los tres».

¿Su lujo imprescindible?

«Mantener durante este tiempo de pandemia a mi personal y animales».

¿Duerme la siesta?

«Quince minutos».

¿A qué persona le hace más caso?

«A mi hijo, Christoph; a mis asesores José Carlos Francisco y Jaime Rodríguez Cíe; a mi secretaria, Susanne Leitinger, y a mi querida mujer, Brigitte».

¿Qué virtudes sobresalen en su personalidad?

«Muy pocas».

¿Al enemigo?

«Lo olvido».

¿Entierro, incineración o donación a la ciencia?

«Entierro, pero no en un cementerio español. No me gustan».

¿Qué le aburre especialmente?

«Una persona que se cree muy lista».

¿Cuánto dinero suele llevar en la cartera?

«Hoy tengo mucho… Normalmente tengo la mitad. Ja, ja, ja…».

¿Se imagina sin Tenerife?

«No. Llevo cincuenta años en Tenerife. Es mi casa. Me siento más canario que alemán».


Texto: J. L. Zurita
Fotografía: Jesús Bilbao