Una radiografía de los pulmones con un enfermo de tuberculosis detrás. EFE
Una radiografía de los pulmones con un enfermo de tuberculosis detrás. EFE

La pandemia de covid-19 no es la única batalla sanitaria que está librando el ser humano actualmente. Otras enfermedades llevan con nosotros mucho más tiempo y, a día de hoy, la lucha continúa. Por ejemplo, la tuberculosis, que al contrario de lo que la gente cree, no está en absoluto erradicada. Se mantiene activa y mata silenciosamente mientras ahora todos los radares apuntan hacia otro lado.

Esta enfermedad es provocada por la bacteria Mycobacterium tuberculosis, considerada la más mortal de la historia de la humanidad. Se estima que ha causado más de mil millones de muertes. Además, mata anualmente una media de 1,4 millones. Durante el año 2020 el SARS-CoV-2 acabó con la vida de 1,8 millones de personas en todo el mundo.

El modo de transmisión de la tuberculosis es por vía aérea. Se contagia mediante microgotas cargadas con bacilos que expulsan las personas infectadas al toser o estornudar y que son inhaladas por una persona sana. Así llegan a su sistema respiratorio y, eventualmente, producen lesiones pulmonares.

Inconvenientes

Para diagnosticar a un paciente de tuberculosis se suele emplear el esputo como muestra biológica estándar de análisis. Es una prueba que busca bacterias y otros gérmenes que pueden causar una infección en los pulmones o vías respiratorias.

Normalmente, una persona infectada de tuberculosis activa presentará bacilos en el esputo (mucosidad espesa que se produce en los pulmones). Es una muestra fácil de conseguir y no es traumática para el paciente.

En estudios de epidemiología genómica se hace uso de ella para obtener la secuencia completa del genoma de la bacteria que ha provocado la infección. También se identifica su posible relación en la transmisión y producción de brotes epidémicos. Sin embargo, de esta manera se pierde la información de lo que estaba sucediendo realmente dentro de la lesión pulmonar.

  • Infección mixta: se produce transmisión de un paciente infectado con dos cepas diferentes a otro que resulta infectado con ambas cepas.
  • Reinfección: un paciente infectado que se cura, pero sin llegar a eliminar por completo la primera cepa, vuelve a infectarse con otra cepa diferente. A la larga, se detectará la presencia de dos cepas o poblaciones diferentes.
  • Superinfección: Un paciente con infección previa se vuelve a infectar pero con una cepa diferente, que coexistirá con la primera o la reemplazará.

Este tipo de infecciones policlonales son muy relevantes ya que pueden complicar tanto el diagnóstico como el tratamiento. Aún más cuando las diferentes cepas muestran un perfil de resistencia diferente a los posibles tratamientos antibióticos.

El problema es que existe una gran dificultad para identificarlas, especialmente en países con una alta prevalencia de tuberculosis multirresistente, es decir, aquella que presenta resistencia a más de un antibiótico.

Por otro lado, las infecciones policlonales también afectan al potencial protector de las vacunas. Es decir, si se da una segunda infección por la misma cepa es muy posible que se pueda estar más protegido, mientras que en caso de reinfección por una cepa diferente esa protección podría no ser suficiente.

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