Una de las peores pesadillas de un niño pequeño en España es que le pongan para comer cualquier tipo de pescado, un plato de lentejas o unas espinacas. Ya no sirve contar aquello de que las espinacas ayudan a ponerse fuerte porque las últimas generaciones en España poco han oído hablar sobre Popeye. De todas formas, aprendemos a apreciar estos sabores y, sobre todo, sus beneficios según vamos creciendo.

De hecho, las espinacas han pasado de ser repudiadas a ser todo un clásico a la hora de hacer ensaladas. No es para menos, las hojas de la espinaca son mucho más nutritivas que cualquier lechuga: son más energéticas y ricas en proteínas, destacan también por su contenido de fibra. Según la Fundación Española de Nutrición (FEN), las espinacas poseen un 6,3% de fibra frente al 1,5% que tienen las lechugas.

En este sentido, las ensaladas son una forma sencilla de incorporar estas hojas verdes en nuestra dieta cotidiana. Los alimentos con una alta proporción de fibra, como las espinacas, no sólo contribuyen a mejorar la salud intestinal, sino que, además, reducen el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares y diabetes. Esto sucede porque la fibra de los vegetales evita la absorción de algunos azúcares y grasas por parte del organismo.

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