Lo que hay en esta cueva de una cumbre de Canarias no era lo que parecía
Un estudio obliga a revisar todas las cuevas funerarias del archipiélago de Canarias
Los huesos no cuentan lo que pasó en una cueva de Canarias antes de que llegaran los muertos. Los insectos, sí. Un equipo internacional de investigadores ha analizado más de 8.000 restos de artrópodos conservados en la cueva de Cruz de la Esquina, en la zona de Acusa Seca, en la cumbre de Gran Canaria, y ha llegado a una conclusión que obliga a reescribir lo que se sabía del yacimiento: antes de ser un espacio funerario, aquello fue un granero.
El trabajo acaba de publicarse en la revista científica Antiquity y lo lidera Pedro Henríquez-Valido, de la Universidad de Alcalá, junto a Jean Bernard Huchet, de la Universidad de Burdeos, y Jacob Morales y Amelia Rodríguez, de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. La cueva fue utilizada por la población indígena de la isla entre los siglos VII y IX de nuestra era.
Por qué los insectos hablan en estas cuevas de Canarias
La clave está en que cada tipo de insecto solo aparece donde encuentra lo que necesita. Una parte significativa de los restos identificados corresponde a gorgojos y a otras especies directamente asociadas al almacenamiento de cereales, esas plagas que se desarrollan en el grano guardado y que no tienen nada que hacer en un enterramiento. Su abundancia es el dato decisivo: indica que en la cueva se almacenaron cantidades importantes de grano, muy superiores a las que cabría esperar de simples ofrendas depositadas junto a los difuntos.

A partir de ahí la secuencia se reconstruye sola. Cruz de la Esquina tuvo primero una función económica vinculada al almacenamiento de alimentos y después fue reutilizada y resignificada como espacio funerario. No es que los aborígenes de Canarias dejaran algo de comida junto a sus muertos: es que enterraron a sus muertos en un sitio que llevaba tiempo funcionando como almacén.
La conservación del yacimiento es excepcional. Además de los insectos permitió recuperar restos óseos humanos, madera, fibras vegetales, cuero y cuerda, materiales que en la mayoría de los contextos arqueológicos desaparecen sin dejar rastro.
Lo que esto obliga a revisar en Canarias
El hallazgo tiene dos consecuencias de largo alcance. La primera es que modifica parcialmente la interpretación de la evolución tipológica de los graneros excavados en cueva de Gran Canaria, un tipo de infraestructura característico de la isla que agrupa numerosos silos horadados en la toba volcánica y situados en lugares escarpados, de difícil acceso y fácil defensa.
La segunda es más incómoda para la disciplina: abre la posibilidad de revisar otros yacimientos del archipiélago que hasta ahora se han interpretado exclusivamente como cuevas funerarias en Canarias. El equipo prevé aplicar esta misma metodología a otras cavidades de Gran Canaria para determinar si Cruz de la Esquina es un caso aislado o forma parte de un patrón más amplio de reutilización de antiguos espacios de almacenamiento. Si lo segundo es cierto, buena parte del mapa arqueológico insular se queda a medio explicar.
Conviene recordar por qué esto importa tanto. Antes de la conquista castellana del siglo XV, Canarias estaba habitada por poblaciones indígenas de las que, tras la destrucción colonial, se conserva muy poca información, especialmente sobre sus prácticas funerarias. Cada pieza de evidencia nueva pesa en un archivo históricamente escaso.
Y queda la lección metodológica en Canarias, que es la que convierte este trabajo en algo más que una nota arqueológica local. La arqueoentomología, el estudio de los restos de insectos en yacimientos, permite recuperar actividades y procesos que difícilmente pueden identificarse por otras vías. En los graneros aborígenes de Canarias ya se había documentado, en trabajos previos de este mismo equipo, la presencia del gorgojo del grano y de otras plagas, e incluso el uso de insecticidas naturales como el laurel y el lentisco para combatirlas. Ocho mil bichos muertos han contado lo que ni la piedra ni los huesos podían.