Los dos terremotos de Venezuela, explicados: una zona de máxima peligrosidad entre dos placas
Involcan analiza el doblete sísmico de magnitudes 7,2 y 7,5 ocurrido el 24 de junio en Yaracuy: el límite entre la placa del Caribe y la Sudamericana acumula tensión durante décadas hasta liberarla de forma catastrófica.
Dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 sacudieron Venezuela el 24 de junio de 2026 con apenas 39 segundos de diferencia, dejando un reguero de destrucción en el norte del país. El Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan) ha atribuido el doblete sísmico a una zona de alta peligrosidad ubicada en el límite entre la placa del Caribe y la placa Sudamericana, una de las fronteras tectónicas más activas del continente americano.
Los dos terremotos tuvieron su epicentro en el estado de Yaracuy, cerca de la ciudad de San Felipe, en el noroeste venezolano. El primero se originó a las 18:04 hora local, a unos 23 kilómetros de San Felipe y a una profundidad de 20,3 kilómetros. El segundo llegó 39 segundos después, a 28 kilómetros al sureste de Yumare, con un foco situado a tan solo 10 kilómetros de profundidad. Esa escasa profundidad del segundo sismo explica, en gran medida, la intensidad de los daños registrados en superficie.
El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) catalogó la secuencia como un doblete sísmico, una tipología infrecuente en la que dos terremotos de gran magnitud se producen de forma casi simultánea en la misma zona, sin que ninguno pueda considerarse réplica del otro. Los científicos aún debaten si se trató de dos eventos independientes o de un único proceso de ruptura con dos pulsos diferenciados a lo largo del sistema de fallas.
Por qué los terremotos golpean con tanta fuerza el norte de Venezuela
La explicación geológica apunta directamente al contacto entre la placa del Caribe y la placa Sudamericana. Ambas se rozan y se desplazan en el norte de Venezuela generando una fricción constante que acumula tensión en el subsuelo durante décadas. Cuando la corteza ya no resiste esa presión, la energía almacenada se libera de forma súbita en forma de terremoto, con las consecuencias devastadoras que el país ha vivido esta semana.
En esa zona de contacto, la placa del Caribe se desplaza hacia el este respecto a la placa Sudamericana a una velocidad de aproximadamente 20 milímetros por año. Ese movimiento se canaliza principalmente a través de un sistema de fallas de deslizamiento horizontal que atraviesa el norte del país. La falla de Boconó, una fractura de unos 500 kilómetros que recorre los Andes venezolanos, constituye el principal límite superficial entre ambas placas y ha sido responsable de algunos de los terremotos más destructivos registrados en Venezuela.
La ubicación del segundo terremoto, su reducida profundidad y el mecanismo de deslizamiento horizontal son, según los análisis técnicos, coherentes con una ruptura a lo largo de este sistema de límites de placas. Además de Boconó, el norte venezolano cuenta con otras fallas activas como San Sebastián, en la costa norte, y El Pilar, en el oriente del país, así como los sistemas de Oca-Ancón, Valera, La Victoria y Urica, todos ellos con capacidad para generar sismos de envergadura.
El norte de Venezuela tiene un historial documentado de grandes terremotos destructivos. En las inmediaciones de la zona afectada por el doblete del 24 de junio, solo se habían registrado siete sismos de magnitud 6 o superior en el último siglo, lo que convierte esta secuencia en un evento extraordinario dentro de la sismicidad regional. Los especialistas consideran que estos terremotos podrían situarse entre los más fuertes registrados en la región en aproximadamente 100 años.
Involcan y la vigilancia sísmica en Canarias, en alerta permanente
El análisis difundido por el Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan) sobre los terremotos de Venezuela llega en un momento de especial atención científica a la sismicidad en el archipiélago. En las semanas previas, el entorno del Teide ha registrado una actividad inusualmente elevada. Entre el 21 y el 22 de junio de 2026, el Instituto Geográfico Nacional (IGN) contabilizó 222 eventos sísmicos en 48 horas bajo el complejo volcánico, con epicentros concentrados al oeste de Las Cañadas, en los municipios de Guía de Isora, Vilaflor de Fasnia y Santiago del Teide.
La intensidad de esa secuencia llevó al IGN a emitir un aviso formal al Servicio de Protección Civil del Gobierno de Canarias a las 3:07 horas del lunes 22 de junio. Pese al volumen de terremotos registrados, todas las magnitudes se mantuvieron por debajo de 2,0 mbLg, lo que impidió que ninguno fuera percibido por la población. El organismo descartó que el episodio incrementara el riesgo de erupción volcánica a corto o medio plazo.
Según Involcan, la actividad sísmica recurrente en Tenerife se enmarca dentro de una serie de pulsos que el archipiélago registra desde junio de 2017, es decir, desde hace nueve años. Su origen se asocia a un proceso de presurización del sistema volcánico-hidrotermal de la isla, provocado por la inyección de fluidos magmáticos. La secuencia más reciente llega después de que en febrero de 2026 se produjeran tres enjambres sísmicos consecutivos en siete días, con más de 2.500 eventos en el más extenso de ellos, prolongado durante más de 36 horas.
El IGN mantiene en Tenerife más de 100 estaciones de vigilancia sísmica y volcánica repartidas por toda la isla, una infraestructura que permite monitorizar en tiempo real cualquier alteración en la sismicidad, las deformaciones del terreno o la geoquímica de los gases volcánicos. Gracias a esa red, cualquier anomalía que indicase una evolución real del peligro volcánico sería detectada y comunicada de inmediato a las autoridades y a la población.
El contraste entre los terremotos de Venezuela y la actividad sísmica del Teide ilustra con claridad la diferencia entre dos contextos geológicos radicalmente distintos: mientras el norte venezolano sufre las consecuencias de una frontera tectónica entre dos grandes placas con capacidad para generar sismos destructivos de magnitud superior a 7, los terremotos que sacuden el subsuelo de Tenerife responden a la dinámica interna de un sistema volcánico activo, con magnitudes muy bajas y sin implicaciones para la seguridad de los residentes.
Involcan y el IGN mantienen abiertas sus redes de vigilancia y seguirán publicando actualizaciones sobre la evolución de la actividad sísmica tanto en Canarias como en el seguimiento de grandes terremotos en el entorno atlántico y caribeño. Los ciudadanos pueden consultar los registros sísmicos actualizados a través de la web oficial del IGN.