Los delfines que usan herramientas tienen un código genético único: así lo demuestran
Investigadores descubren que los delfines que practican el uso de esponjas como herramientas presentan cambios epigenéticos que no alteran el ADN pero transforman cómo funcionan sus genes.
Los delfines que practican la técnica del esponjamiento, una estrategia de caza aprendida que consiste en usar esponjas marinas como herramientas, llevan grabada esa habilidad no solo en su comportamiento sino también en su código biológico. Investigadores han descubierto que estos delfines presentan diferencias medibles en su epigenoma, la capa de instrucciones químicas que controla cómo se expresan los genes sin alterar el ADN mismo.
Este hallazgo según un estudio representa un puente fascinante entre la cultura aprendida y la biología heredada. La comparación de estos dos grupos reveló lo extraordinario: a pesar de vivir en el mismo lugar y estar relacionados por sangre, solo algunos delfines aprendían la técnica, mientras que otros nunca la adoptaban.
La metilación funciona como un regulador de intensidad más que como un interruptor de encendido y apagado. Mediante la adición de diminutas etiquetas químicas llamadas grupos metilo al ADN, las células pueden aumentar o disminuir la actividad génica sin cambiar el código genético en sí. Esta flexibilidad biológica es precisamente lo que permite que el comportamiento aprendido deje su huella en el nivel molecular.
Cómo los delfines aprenden a usar esponjas como herramientas
La técnica del esponjamiento es un arte que requiere años de aprendizaje. Los delfines rompen una esponja marina del fondo del océano y la colocan sobre su rostro cerrado (el hocico) para sondear el sustrato marino en busca de peces escondidos. El comportamiento se transmite casi exclusivamente de madre a cría a través de un proceso de aprendizaje observacional.
Lo que hace extraordinario este proceso es que implica una dificultad cognitiva considerable. El uso de la esponja interfiere significativamente con el sistema de ecolocalización del delfín, la capacidad sonar que estos mamíferos marinos utilizan para detectar presas. A pesar de este obstáculo sensorial, la técnica se ha perpetuado durante generaciones porque resulta lo suficientemente útil.
La transmisión del esponjamiento es casi exclusivamente vertical, es decir, de madres a crías, particularmente a crías hembras. A pesar del contacto frecuente con delfines no esponjadores, ningún delfín fuera de esas líneas matriarcales ha adoptado la práctica, subrayando cómo las restricciones biológicas y sociales moldean el aprendizaje cultural en la naturaleza.
La marca genética de una habilidad aprendida en los delfines
El descubrimiento de cambios epigenéticos asociados con el esponjamiento abre una ventana sin precedentes al mecanismo biológico mediante el cual una habilidad aprendida se integra en la fisiología del animal. Aunque la metilación del ADN no altera la secuencia genética fundamental, sí cambia cómo esa secuencia se expresa, cuáles genes se activan o se desactivan en diferentes circunstancias. Este sistema de regulación es reversible y flexible, lo que lo hace ideal para adaptar el cuerpo a nuevas conductas y estilos de vida.
Los delfines que practican el esponjamiento viven un estilo de vida diferente al de sus congéneres no esponjadores. Su presupuesto de actividades, sus patrones de movimiento, sus asociaciones sociales y sus hábitats preferidos difieren de los delfines que no utilizan herramientas. Estos cambios en el comportamiento y la ecología pueden, con el tiempo, dejar su marca en el epigenoma, creando una firma molecular que refleja la historia de aprendizaje cultural del animal.
Este hallazgo es singular en el mundo marino. Aunque se conocen otros casos de transmisión cultural en animales, como en los primates, el esponjamiento de los delfines de la Bahía de Shark representa uno de los ejemplos más claros de cómo una habilidad socialmente aprendida puede tener consecuencias medibles a nivel molecular. Los investigadores subrayan que la población de delfines de Shark Bay constituye un «experimento natural» único para estudiar la relación entre comportamiento cultural y cambios biológicos, una oportunidad que raramente ofrece la naturaleza.
El estudio también destaca la sofisticación cognitiva de estos mamíferos marinos. Los delfines no son simples aprendices que replican comportamientos; son innovadores que seleccionan activamente qué herramientas usar, cómo usarlas y con quién asociarse. Esta capacidad de innovación, combinada con su habilidad para transmitir conocimiento entre generaciones, coloca a los delfines entre los pocos animales no humanos capaces de generar y mantener culturas genuinas.

