Saltar al contenido
miércoles, 21 de octubre de 2026 · 11:45 · Canarias
SOCIEDAD

Alejandro G. Roemmers recibe el Premio ‘Madrid, Capital de Iberoamérica’: «El amor es el hilo conductor de todo lo que hago»

Entrevista a Alejandro G. Roemmers

El escritor, empresario y filántropo argentino Alejandro G. Roemmers (Buenos Aires, 1958) ha sido distinguido con el Premio «Madrid, Capital de Iberoamérica» en la categoría de Iniciativa Cultural, en reconocimiento a su trayectoria y compromiso con la promoción de la cultura y el desarrollo humano. La distinción, entregada el 15 de octubre en los Jardines de Cecilio Rodríguez, en el marco de la Semana de la Hispanidad, se suma a su reconocimiento con el Premio San Francisco de Asís.

En esta entrevista, Roemmers reflexiona sobre el amor como motor de su obra literaria y sus proyectos filantrópicos, así como sobre los desafíos que plantea la hiperconexión digital, especialmente entre los más jóvenes.

  1. Este año ha recibido el Premio San Francisco de Asís y ha participado en la conmemoración del VIII centenario de la muerte del santo. ¿Qué encuentra vigente en su pensamiento ocho siglos después?Creo que lo más vigente de San Francisco es su manera de entender la fraternidad. Ocho siglos después seguimos necesitando recordar que, por encima de nuestras diferencias, compartimos una misma humanidad. Él fue capaz de mirar al otro sin preguntarse primero de dónde venía, qué tenía o qué pensaba. También entendió algo que hoy resulta especialmente actual: que el ser humano no está separado de la naturaleza, sino que forma parte de ella.

    Poder celebrar su legado precisamente en Asís, frente a la Basílica de Santa María de los Ángeles, fue especialmente emocionante. Allí quisimos unir música, espiritualidad y fraternidad a través de Cántico de las Criaturas y Todos Hermanos, las piezas que compuse junto a Nazareno Andorno. Creo que ese mensaje franciscano de paz, sencillez y encuentro sigue teniendo una enorme capacidad para interpelarnos ocho siglos después.

  2. De esa reflexión nace también Un abrazo por la humanidad. En una sociedad tan polarizada, ¿puede un gesto simbólico tener un efecto real o existe el riesgo de que se quede únicamente en una buena intención?Un abrazo no va a solucionar una guerra ni va a acabar por sí solo con la polarización, y sería ingenuo pretenderlo. Pero los símbolos tienen la capacidad de recordarnos aquello que a veces olvidamos.

    En Asís pudimos comprobarlo de una manera muy especial. Mientras sonaba la orquesta, invitamos a las personas que estaban allí a participar en un abrazo fraterno, independientemente de su nacionalidad, sus creencias o su cultura. Durante unos instantes todas esas diferencias quedaron en un segundo plano.

    Eso es lo que pretende Un abrazo por la humanidad. El gesto es solamente el comienzo. Lo verdaderamente importante es qué hacemos después: si somos capaces de escuchar más, de juzgar menos y de reconocer al otro incluso cuando piensa de manera completamente diferente a nosotros.

  3. Ha desarrollado numerosos proyectos filantrópicos a lo largo de su trayectoria. ¿Qué papel cree que deben asumir quienes disponen de capacidad económica y visibilidad pública ante los grandes problemas sociales?Creo que cualquier privilegio lleva aparejada una responsabilidad. Quien dispone de recursos, capacidad de influencia o una voz que puede llegar a muchas personas tiene también la posibilidad de ponerlos al servicio de los demás.

    No entiendo la filantropía únicamente como una aportación económica. A veces consiste en financiar un proyecto, pero otras veces significa dar visibilidad a una causa, reunir a personas capaces de generar un cambio o utilizar la propia voz para abrir una conversación que consideramos necesaria.

    Al final, cada uno debe preguntarse qué puede aportar desde el lugar que ocupa. No todos tenemos las mismas posibilidades, pero todos podemos hacer algo por mejorar la realidad que tenemos alrededor.

  4. Poeta, escritor, empresario y filántropo: son etiquetas que han acompañado su trayectoria durante años. ¿Con cuál se siente hoy más identificado Alejandro Roemmers?Me cuesta elegir una porque nunca he entendido esas facetas como compartimentos separados. Si tuviera que buscar algo que las une, sin duda sería el amor, que es el hilo conductor de todo lo que hago. El amor entendido en su sentido más amplio: hacia las personas, hacia la vida y hacia todo aquello que nos rodea.

    A los 14 años escribí un poema titulado Eternamente enamorado, que todavía hoy siento que me define. En él hablaba de amar sin distinciones, de entregar amor generosamente, sin esperar nada a cambio. Creo que esa idea me ha acompañado toda mi trayectoria.

    La literatura permite expresar ese amor a través de las palabras; la música, mediante las emociones; y la filantropía, a través de acciones concretas que buscan mejorar la vida de los demás.

    Al final, más allá de cualquier etiqueta, me gustaría identificarme como alguien que intenta dar lo mejor de sí mismo y contribuir, desde sus posibilidades, a mejorar el entorno que lo rodea. Porque creo que el amor, cuando es verdadero, necesariamente tiene que traducirse en acciones.

  5. Ha defendido que vivimos una época en la que estamos permanentemente conectados y, paradójicamente, podemos sentirnos cada vez más solos. ¿Qué cree que está fallando en nuestra forma de comunicarnos?Hemos multiplicado las posibilidades de comunicarnos, pero eso no significa necesariamente que hayamos mejorado nuestra capacidad de encontrarnos. Podemos hablar en segundos con una persona que está al otro lado del mundo y, al mismo tiempo, ser incapaces de prestar atención a quien tenemos sentado enfrente.

    Creo que estamos confundiendo conexión con comunicación. La comunicación humana necesita escucha, presencia, gestos, silencios y tiempo. Cuando miramos constantemente una pantalla, nuestra atención está siempre dividida.

    La tecnología es una herramienta extraordinaria. El problema aparece cuando deja de complementar nuestras relaciones y comienza a sustituirlas.

  6. Adictos a la pantalla pone el foco en un fenómeno que afecta especialmente a niños y jóvenes. ¿Qué descubrió durante la elaboración del documental? ¿Qué fue lo que más le preocupó?Lo que más me preocupó fue comprobar hasta qué punto determinados hábitos se han integrado en nuestra vida cotidiana sin que nos detengamos a pensar en sus consecuencias. Especialmente cuando hablamos de niños y adolescentes, que están construyendo su personalidad, su autoestima y su manera de relacionarse con el mundo.

    Pero hay algo que me parece todavía más importante: no podemos medir el problema únicamente en horas de pantalla. También debemos preguntarnos qué experiencias están siendo desplazadas durante esas horas. Conversar, jugar, leer, imaginar, aburrirse, observar lo que sucede alrededor o simplemente estar con otras personas.

    El tiempo que entregamos a una pantalla siempre es también tiempo que dejamos de dedicar a otra cosa.

  7. ¿Considera que como sociedad hemos normalizado comportamientos relacionados con el móvil y las redes sociales que dentro de unos años veremos como claramente perjudiciales?Creo que sí veremos algunos de nuestros hábitos actuales con bastante sorpresa. Hemos incorporado el teléfono a prácticamente todos los momentos del día: es lo primero que muchas personas miran al despertarse y lo último antes de dormir. Interrumpimos conversaciones para consultar una notificación e incluso sentimos cierta inquietud cuando no tenemos el móvil cerca.

    La tecnología ha avanzado mucho más rápido que nuestra capacidad para comprender todas sus consecuencias. Eso no significa que debamos demonizarla. Significa que tenemos que aprender a establecer límites y, sobre todo, recuperar el control sobre nuestra atención y nuestro tiempo.

  8. ¿Cree que debería establecerse una edad mínima más estricta para acceder a determinadas redes sociales o incluso limitar legalmente el uso de smartphones entre menores?Creo que es un debate que debemos afrontar con seriedad. Cuando hablamos de menores, la libertad debe ir necesariamente acompañada de protección. Puede haber límites que sean razonables y necesarios, especialmente en determinadas edades, pero tampoco podemos pensar que una prohibición resolverá por sí sola el problema.

    Necesitamos educación digital. Un adolescente debería comprender cómo funcionan las plataformas que utiliza, por qué determinados contenidos captan su atención, qué consecuencias puede tener aquello que comparte y cómo proteger su privacidad y su autoestima.

    La regulación puede establecer un marco de protección, pero después necesitamos familias, escuelas, administraciones y empresas tecnológicas que asuman cada una su parte de responsabilidad.

  9. Una de las grandes preocupaciones actuales es la pérdida del hábito lector entre los jóvenes. ¿Compite hoy un libro en desigualdad de condiciones contra TikTok, Instagram o YouTube?Sí, porque en cierto modo todos están compitiendo por el mismo recurso: nuestra atención. Una red social puede ofrecernos decenas de estímulos en pocos minutos. Un libro nos propone exactamente lo contrario: detenernos, concentrarnos e imaginar.

    Pero precisamente ahí reside su valor. Cuando leemos no recibimos todo construido. Tenemos que imaginar una voz, un rostro, un paisaje; entrar en la mente de un personaje y permanecer con él. La lectura nos devuelve una profundidad y una capacidad de concentración que resultan especialmente valiosas en un mundo dominado por la inmediatez.

    El reto no es obligar a los jóvenes a leer, sino conseguir que encuentren ese libro que les haga descubrir por qué merece la pena hacerlo.

  10. Usted ha escrito dos libros, El regreso del joven príncipe y El Joven príncipe señala el camino, en los que, a través de la literatura, transmite valores a los más jóvenes. ¿Cómo se consigue que un joven acostumbrado a estímulos constantes encuentre atractivo detenerse ante un libro?Creo que el primer error sería acercarnos a un joven diciéndole que tiene que leer porque es bueno para él. La lectura tiene que descubrirse como placer, como curiosidad y como emoción.

    Estos libros nacieron precisamente con la intención de acercarse a cuestiones universales —la amistad, el amor, los sueños, la generosidad o el sentido de la vida— a través de una historia sencilla y accesible. Los jóvenes de hoy viven en un contexto muy diferente, pero siguen haciéndose las mismas grandes preguntas que se han hecho todas las generaciones.

    Si una historia consigue que se reconozcan en alguna de esas preguntas, la pantalla deja de ser el centro durante un rato. Porque ningún estímulo tecnológico sustituye completamente la experiencia de emocionarnos con una historia que sentimos también como nuestra.

  11. ¿Qué responsabilidad tenemos los adultos cuando pedimos a los jóvenes que reduzcan el tiempo frente a las pantallas mientras nosotros vivimos pendientes del teléfono?Toda. Sería incoherente responsabilizar únicamente a los jóvenes de un comportamiento que han aprendido observándonos.

    No podemos pedir a un niño que deje el teléfono durante la cena mientras los adultos lo tenemos encima de la mesa y respondemos cada mensaje que llega. Los jóvenes aprenden mucho más de lo que hacemos que de lo que les decimos.

    Por eso creo que antes de hablar de prohibiciones también debemos revisar nuestros propios hábitos. Recuperar comidas sin teléfonos, conversaciones sin interrupciones, momentos de lectura o simplemente tiempo compartido puede ser mucho más eficaz que repetir constantemente que utilizan demasiado las pantallas.

  12. Si tuviera que señalar una preocupación y una esperanza respecto a la generación que hoy está creciendo rodeada de pantallas, ¿cuáles serían?Mi preocupación es que la hiperestimulación termine arrebatándoles experiencias que son fundamentales para crecer: el silencio, el aburrimiento, la conversación profunda, la capacidad de concentrarse durante mucho tiempo en algo o simplemente estar a solas con sus pensamientos.

    Mi esperanza es ellos mismos. Veo una generación con una enorme sensibilidad hacia cuestiones sociales, medioambientales y humanas, y además dispone de herramientas que ninguna generación anterior tuvo a su alcance.

    La tecnología puede aislarnos, pero también puede servir para aprender, crear, movilizarnos y conectar a personas de cualquier lugar del mundo. El reto consiste en enseñarles que la tecnología debe ser una herramienta en sus manos, no convertirlos a ellos en una herramienta de la tecnología.

Boletines exclusivos

Elige los que quieras recibir. Sin spam, baja en un clic.

Canarias

Canarias

Diario Sólo para suscriptores

Lo esencial del archipiélago cada día. Sucesos, política regional, sociedad y cultura canaria.

Opinión

Opinión

Semanal Sólo para suscriptores

Las firmas más relevantes del periódico, en tu correo cada semana.

Mundo

Mundo

Semanal Sólo para suscriptores

Las claves de la actualidad nacional e internacional, contadas desde Canarias.

Viajes

Viajes

Mensual Sólo para suscriptores

Reportajes de viaje, rincones secretos del archipiélago y escapadas premium.

Espacio

Espacio

Mensual Sólo para suscriptores

Ciencia, exploración espacial y los descubrimientos del IAC contados con rigor.