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lunes, 7 de septiembre de 2026 · 00:59 · Canarias
Salud

Canarias fabrica su agua del mar y pierde la mitad por las tuberías

El 45% se va antes de llegar al grifo: la paradoja hídrica de Canarias

Desalinizadora agua Canarias
Aguas en Canarias · Agencias

Hay una contradicción difícil de explicar en el modelo hídrico de Canarias. El archipiélago ha resuelto con tecnología un problema que la geografía le negaba: fabrica agua potable a partir del mar en cantidades industriales y lleva haciéndolo más de sesenta años. Y sin embargo, buena parte de ese esfuerzo se pierde literalmente por el camino, filtrándose bajo el asfalto antes de llegar a ningún grifo.

La dependencia es prácticamente total en las islas orientales. En Lanzarote y Fuerteventura casi la totalidad del agua que se consume procede de plantas desaladoras. Gran Canaria supera el centenar de instalaciones. El Hierro obtiene por esta vía más del 40% de su suministro. Tenerife y La Gomera parten de una situación pluviométrica más favorable, pero también han ido incorporando desalación de forma creciente. En conjunto, la tecnología está presente en seis de las siete islas, con la única excepción de La Palma.

Canarias inventó la desalación en Europa

El dato histórico suele sorprender fuera del archipiélago: la primera planta desaladora de toda Europa no se construyó en la península ni en el Mediterráneo, sino en Lanzarote, en 1964, y funcionaba mediante evaporación. A partir de ahí el modelo se extendió al resto de Canarias y la tecnología fue evolucionando hasta la ósmosis inversa que domina hoy. El parque actual ronda las 300 unidades entre plantas de agua de mar y de aguas salobres, una cifra difícil de igualar en cualquier territorio comparable.

Las razones de esa apuesta son bien conocidas. Canarias tiene recursos hídricos naturales escasos, un acuífero sobreexplotado durante décadas, un déficit de precipitaciones que se agrava con las anomalías térmicas cálidas y una demanda que no deja de crecer por tres frentes simultáneos: la población residente, el turismo y la agricultura. Ese desequilibrio entre oferta y demanda es lo que ha llevado a varias corporaciones insulares a declarar la emergencia hídrica y a algunos municipios a aplicar restricciones.

Baltasar Peñate, jefe del departamento de Aguas del Instituto Tecnológico de Canarias, advierte de que para las emergencias la desalación no sirve, porque una instalación exige planificación y su ejecución lleva uno o dos años.

El agujero de Canarias está en las tuberías

La otra mitad del problema no está en producir, sino en distribuir. Lanzarote prorrogó el pasado agosto su emergencia hídrica hasta febrero de 2027, y los datos manejados por el Consejo Insular sitúan las pérdidas en torno al 45% en algunos tramos de la red, una cifra que duplica la media nacional. Fuerteventura arrastra pérdidas superiores al 30%. Es decir, se gasta energía en separar la sal del agua del mar para después dejar escapar una parte considerable del resultado por tuberías envejecidas.

El caso lanzaroteño añade un factor de vulnerabilidad que conviene entender. Una isla que depende casi por completo de la desalación tiene, en la práctica, un punto único de fallo: una avería seria en la planta principal podría comprometer el suministro de más de 160.000 personas en cuestión de horas. No es un escenario hipotético lejano, es la razón por la que la emergencia se declaró y se ha ido prorrogando. El Gobierno de Canarias ha destinado en los dos últimos ejercicios más de 25 millones de euros a mejoras hidráulicas en el conjunto del archipiélago.

La advertencia del ITC es la que mejor resume el fondo del asunto. La desalación funciona como estrategia estructural, no como respuesta rápida. Cuando una isla se queda sin margen, ya es tarde para construir una planta. Ese desfase temporal entre la necesidad y la solución explica por qué en Canarias se han recurrido a fórmulas intermedias, como las diez desaladoras móviles de ósmosis inversa diseñadas por el propio Instituto Tecnológico de Canarias para riego agrícola, con una capacidad conjunta de 22.600 metros cúbicos diarios y un consumo energético optimizado.

Queda por resolver la parte menos vistosa y más cara: renovar el ciclo integral del agua. Producir agua del mar es un logro tecnológico que Canarias exporta como referencia internacional, con instituciones y empresas del archipiélago asesorando a otros territorios con problemas de escasez. Perder casi la mitad de esa agua bajo el pavimento es, en cambio, un problema de obra pública sin épica ninguna, que no se inaugura con foto y que exige negociar financiación durante años. Las dos cosas conviven en el mismo archipiélago y la segunda condiciona por completo a la primera.

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