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lunes, 7 de septiembre de 2026 · 09:06 · Canarias
Geografía

Hay islas hundidas al norte de Canarias que todavía conservan sus playas

Abuelas, madres e hijas: así llaman los científicos a los volcanes que crearon Canarias

El árbol genealógico volcánico de Canarias
Islas de Canarias · Agencias

Los geólogos que estudian el fondo marino del archipiélago de Canarias han acabado usando un vocabulario doméstico para ordenar lo que encuentran. Bajo las aguas de Canarias no hay volcanes sueltos, sino una familia con tres generaciones perfectamente distinguibles. Están las abuelas, las madres y las hijas, y cada grupo cuenta una parte distinta de cómo se formó el archipiélago que hoy sobresale del agua.

La nomenclatura no es una ocurrencia divulgativa: la emplean los propios investigadores del Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC) que llevan años recorriendo estos fondos a bordo del buque oceanográfico Sarmiento de Gamboa. Y es en la generación intermedia, la de las madres, donde apareció uno de los hallazgos más llamativos de los últimos años en Canarias: el monte submarino Los Atlantes, un edificio volcánico formado por tres volcanes situado al este de Lanzarote, en el límite con el margen continental africano.

El árbol genealógico volcánico de Canarias

Las abuelas están al sur. Son montes submarinos que se consideran los ancestros del archipiélago actual y entre ellos figura el conocido monte Tropic, estudiado por el mismo equipo en campañas anteriores. Las madres se sitúan al norte y son las que dieron origen a las islas tal y como las conocemos. Ahí es donde se localizó Los Atlantes. Y las hijas son los volcanes recientes, los que han estado activos en tiempo histórico y en algunos casos delante de nuestros ojos: el volcán submarino que emergió frente a El Hierro en 2011 y 2012, o los deltas de lava que el Tajogaite dejó en el mar de La Palma.

Volcán subamrino en Canarias - IGN
Volcán subamrino en Canarias – IGN

La parte fascinante está en las madres. Se cree que algunos de esos volcanes fueron islas durante el Eoceno, hace entre 56 y 34 millones de años, es decir, antes de que existiera nada de lo que hoy llamamos Canarias. Después se hundieron. Y siguen haciéndolo. El geólogo Luis Somoza, coordinador del proyecto, resume que fueron islas en el pasado y se han hundido, aún se están hundiendo, y añade el detalle que convierte esto en algo más que un dato técnico: en algunas han podido constatar que todavía mantienen sus playas.

De ahí el nombre. El monte se bautizó como Los Atlantes por el proyecto Atlantis que lo localizó, pero la resonancia con el mito de la Atlántida, la isla que según Platón se hundió en el océano, no es casual.

Por qué importa saber lo que hay bajo Canarias

Más allá del relato, la investigación tiene un objetivo muy concreto: detectar señales de actividad magmática e hidrotermal submarina que puedan suponer un riesgo futuro para la población. Dos de los tres volcanes de Los Atlantes resultaron ser bastante más modernos de lo esperado, y su origen podría guardar relación con las erupciones de Timanfaya. Ese matiz es el que da valor operativo al trabajo: si el sistema volcánico submarino sigue teniendo actividad, conviene saber dónde y cómo.

La utilidad práctica se entiende mirando lo ocurrido en la última década. Una erupción submarina como la de El Hierro entre 2011 y 2012, o la entrada de coladas de lava en el mar como la de La Palma, plantean problemas de gestión que exigen conocer previamente la topografía del fondo. Los datos recogidos en estas campañas están pensados exactamente para eso, para que la próxima vez que algo se mueva bajo el mar de Canarias no haya que empezar a mapear desde cero.

La exploración se hizo entre los 100 y los 2.500 metros de profundidad con el ROV Luso, un submarino no tripulado capaz de descender hasta los 6.000 metros, equipado con cámaras de ultra alta resolución, brazos robóticos para tomar muestras de roca y sedimento y sensores de dióxido de carbono y metano en el agua. A eso se sumó el equipamiento de mapeo del Sarmiento de Gamboa. La campaña se prolongó durante cuarenta días y reunió a especialistas de las universidades Complutense de Madrid, Las Palmas de Gran Canaria, Évora y Lisboa, junto al Instituto Volcanológico de Canarias, el Instituto Hidrográfico de la Marina y el organismo portugués EMEPC.

Hay además una derivada económica que suele pasar desapercibida. En estos entornos extremos, ciertos microorganismos promueven la biomineralización de metales como el manganeso, el cobalto, los fosfatos o las tierras raras, materias primas consideradas críticas. Saber qué hay en el fondo marino de Canarias no es solo una cuestión de prevención volcánica ni de curiosidad geológica: también dibuja un mapa de recursos cuya gestión futura tendrá que decidirse en algún momento. Por ahora, lo que hay ahí abajo son tres generaciones de volcanes y unas cuantas playas que llevan cincuenta millones de años sin ver el sol.

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