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lunes, 14 de septiembre de 2026 · 02:28 · Canarias
Sismicidad

Lo que hay bajo el oeste de Tenerife es un 79% de material fundido tras siete años de terremotos

Así se acumula el magma en la base de la corteza de Tenerife: el proceso se llama underplating

El Teide en Tenerife magma
El Teide en Canarias · Agencias

Hay una cifra dentro del último estudio sobre el interior de Tenerife que no ha llegado a los titulares y que, sin embargo, es la más llamativa de todas: 79%. Es la fracción local de material fundido que estima el modelo en los puntos donde las ondas sísmicas viajan más despacio, bajo el sector occidental de la isla. Expresado en peso, significa que en esos volúmenes concretos de roca la mayor parte del material no estaría en estado sólido.

El trabajo lo lidera Víctor Ortega-Ramos, investigador del Instituto Volcanológico de Canarias y doctorando de la Universidad Complutense de Madrid, y acaba de publicarse en Scientific Reports, la revista del grupo Nature. Su aportación principal es haber reconstruido por primera vez en tres dimensiones la estructura profunda de Tenerife hasta unos 50 kilómetros, combinando los datos sísmicos con información petrológica y modelos termodinámicos que permiten traducir una velocidad de onda en una estimación de cuánto material fundido hay ahí abajo.

Qué significa realmente el 79% bajo Tenerife

Conviene desactivar la lectura fácil antes de que aparezca. Ese porcentaje no describe una cámara magmática gigantesca bajo el Teide ni un lago de lava esperando su turno. Es una fracción local, calculada por modelo, en las zonas puntuales donde las velocidades sísmicas caen más. El propio estudio identifica cuatro grandes anomalías de baja velocidad distribuidas en diferentes sectores, no una sola estructura continua, y plantea que algunas de ellas pueden corresponder a acumulaciones de magma.

La imagen que devuelve el modelo tiene dos pisos bien diferenciados. Arriba, una capa de corteza oceánica de unos 10 kilómetros de espesor, con velocidades sísmicas relativamente elevadas, es decir, material rígido y frío. Por debajo, entre los 10 y los 30 kilómetros aproximadamente, todo se vuelve heterogéneo: ahí es donde aparecen las anomalías, que pueden responder tanto a temperaturas altas como a cambios en la composición y las propiedades físicas de las rocas. La más pronunciada de todas queda bajo el oeste de Tenerife.

El estudio no establece que la isla vaya a registrar una erupción. Su aportación es cartografiar la estructura profunda y aportar información útil para la monitorización del sistema volcánico.

El mecanismo que lo explica: underplating magmático

La interpretación de los autores es que esa zona especialmente rica en fundido está en el manto superior y responde a un proceso llamado underplating magmático, también descrito como acreción magmática en la base de la corteza. El magma que asciende desde niveles profundos no llega directamente a la superficie: se frena al encontrar la corteza oceánica y se va acumulando progresivamente contra su base, como un sedimento invertido que se deposita desde abajo.

Ese mecanismo no es un episodio puntual, sino un proceso sostenido a lo largo de la evolución geológica de Tenerife. Repetido durante millones de años, habría ido modificando las características físicas y químicas de las zonas más profundas de la isla. Los resultados del modelo, según señalan los propios investigadores, respaldan la idea de que ese underplating sigue activo y aportan nuevas restricciones sobre cómo se alimenta el sistema magmático insular.

La técnica empleada para llegar hasta ahí merece una mención, porque es contraintuitiva. Los científicos no han provocado nada ni han perforado nada: han aprovechado terremotos ocurridos en puntos remotos del planeta. Más de 785 telesismos registrados por la Red Sísmica Canaria entre 2017 y 2024 sirvieron de fuente de iluminación. Al atravesar el interior terrestre, esas ondas cambian de velocidad según los materiales que encuentran, y el método de las funciones receptoras permite leer esas variaciones y deducir qué hay debajo. Siete años de datos para una sola radiografía.

Hasta ahora, distintas investigaciones habían descrito piezas sueltas del sistema magmático de Tenerife, pero ninguna permitía observar a la vez la estructura de la corteza y la del manto superior. Los autores advierten de que el siguiente paso es precisar la geometría, la extensión y la conexión entre esas zonas profundas, algo que exigirá cruzar los datos sísmicos con técnicas geofísicas, petrológicas y geoquímicas. Y subrayan lo que la cifra del 79% no dice: que en Tenerife vaya a pasar nada.

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