La NASA y la ESA entrenan a sus astronautas en esta isla de Canarias: volcanes que hacen de Luna y de Marte
Por qué un tubo volcánico de Lanzarote es el mejor ensayo posible para buscar vida en Marte desde Canarias
Hay un lugar en Canarias donde la gente que aspira a pisar la Luna practica antes de hacerlo, y no está en un simulador ni en un hangar. Está al aire libre, en Lanzarote. Desde hace más de una década, la Agencia Espacial Europea lleva a sus astronautas a caminar entre las coladas del Parque Nacional de Timanfaya, y la NASA utiliza el mismo escenario para poner a prueba los vehículos diseñados para rodar por Marte desde Canarias.
La razón no es el paisaje ni la fotogenia. Es que la geología de la isla reproduce, con una fidelidad poco común en el planeta, condiciones que de otro modo solo se encuentran fuera de la Tierra. Y eso convierte a Lanzarote en lo que en la jerga científica se llama un análogo planetario.
Qué es el programa Pangaea y qué hacen los astronautas en Lanzarote en Canarias
El programa se llama Pangaea, por el antiguo supercontinente, y es una iniciativa de la ESA destinada a dotar a astronautas, ingenieros espaciales y geólogos de las competencias necesarias para expediciones a otros cuerpos del sistema solar. Alrededor de una docena de astronautas lo han cursado en Lanzarote en Canarias a lo largo de la última década, y el Cabildo insular mantiene un acuerdo de colaboración con la agencia para el entrenamiento en geología y astrobiología en análogos planetarios.
Lo que aprenden no es a caminar con traje. Aprenden a identificar y recoger muestras de roca, a realizar análisis de ADN de microorganismos sobre el terreno y a comunicar sus hallazgos al centro de control con precisión suficiente para que resulten útiles. El detalle clave del método es que los científicos que los han preparado los acompañan durante las travesías, pero no les ayudan: se trata de replicar el aislamiento real de una expedición lunar, donde cada decisión geológica recae sobre quien está allí.
Las travesías se realizan en el entorno del Parque Nacional de Timanfaya, en el volcán Tinguatón y en el tubo de La Corona, con recorridos progresivamente más complejos y con problemas científicos que resolver en cada uno. Los participantes visten trajes que imitan a los que llevarían en una misión real y deben decidir qué materiales se llevarían de vuelta, que es exactamente la disyuntiva a la que se enfrentaron los astronautas del programa Apolo desde Canarias.

La lista de quienes han pasado por la isla incluye nombres reconocibles. El español Pedro Duque, el italiano Luca Parmitano, el alemán Matthias Maurer, el danés Andreas Mogensen y el alemán Alexander Gerst, además de las astronautas de la NASA Kathleen Rubins y Stephanie Wilson. Varios de ellos figuran entre los candidatos a las misiones Artemis, el programa que pretende devolver seres humanos a la superficie lunar desde Canarias.
La última tecnología de exploración lunar probada en condiciones reales se quedó en 1972, con la misión Apolo XVII. Todo lo que se ha desarrollado desde entonces necesita un terreno donde ensayarse, y ese terreno está en Lanzarote en Canarias.
Por qué Lanzarote y no otro sitio del planeta
El interés de las agencias se concentra en tres rasgos concretos, y ninguno es casual. El primero son las lavas. Según ha explicado el astronauta Alexander Gerst, las coladas de la isla son muy similares a las que se encuentran en la Luna, hasta el punto de calificar el lugar como un campo de entrenamiento único.
El segundo son los tubos volcánicos en Canarias, y aquí está la parte más fascinante del asunto. Se han detectado numerosas estructuras de este tipo tanto en la Luna como en Marte, y su interés es doble: excavadas bajo tierra, funcionan como refugios naturales contra la radiación, y podrían albergar agua en el subsuelo, lo que las convierte en el escenario más prometedor para buscar vida microbiana extraterrestre. El tubo de La Corona, en Lanzarote, alberga una microbiología completamente distinta a la de la superficie, condicionada por la ausencia de luz, los sulfatos y los minerales presentes. Es, en la práctica, un ensayo general.
El tercer factor es la escala temporal. La isla combina volcanes de hace apenas tres siglos con formaciones de millones de años, lo que permite estudiar procesos geológicos en distintas fases de evolución. La erupción que definió el paisaje actual comenzó en 1730 y se prolongó durante seis años, arrasando más de 200 kilómetros cuadrados, en torno a una cuarta parte del territorio insular. Está considerada uno de los mayores cataclismos volcánicos de la historia registrada.
A eso se suma un elemento que los propios responsables del programa han subrayado: la escasa urbanización de las zonas empleadas, que permite trabajar sin interferencias en un entorno protegido. El área elegida para el entrenamiento de campo es el Geoparque Mundial Unesco de Lanzarote y Archipiélago Chinijo en Canarias.
El respaldo científico es igualmente sólido. Investigadores del Instituto de Geociencias, centro mixto de la Universidad Complutense de Madrid y el CSIC, llevan años estudiando las similitudes de la isla con la geología marciana, y el geólogo Jesús Martínez Frías ha participado como instructor del programa. La ESA sitúa además esta iniciativa en la línea directa de la formación que dirigió el astrogeólogo Eugene Shoemaker para preparar a los astronautas del Apolo.
El reconocimiento ha llegado incluso desde el espacio. La propia NASA publicó una imagen del Parque Natural de Los Volcanes en Canarias captada por su satélite Terra, acompañada de una descripción explícita: el lugar sirve como campo de entrenamiento para las próximas misiones a la Luna y a Marte, y tanto la NASA como la ESA lo emplean para formar astronautas y probar vehículos marcianos.
Quien recorra hoy Timanfaya está pisando, literalmente, el terreno donde se prepara la próxima vez que un ser humano camine sobre la Luna. Y esa es probablemente la credencial menos conocida de Lanzarote.