Para los científicos la historia de la vida en la Tierra acaba de cambiar. Un equipo internacional de científicos ha descubierto en una pequeña cantera de la provincia de Yunnan, en el suroeste de China, más de 700 fósiles de animales complejos que tienen entre 554 y 539 millones de años, una época en la que, según todo lo que sabíamos, esas criaturas no deberían haber existido aún. Entre los hallazgos se encuentran los ancestros más antiguos conocidos de los vertebrados, el grupo al que pertenecen los peces, los reptiles, las aves y los seres humanos.
El estudio, publicado en la revista Science el pasado 3 de abril de 2026, obliga a retrasar al menos cuatro millones de años el momento en que la vida animal compleja comenzó a diversificarse en el planeta, sacudiendo uno de los pilares de la biología evolutiva: la llamada explosión cámbrica.
Hasta ahora, los científicos situaban el gran estallido de diversificación animal en el inicio del periodo Cámbrico, hace unos 535 millones de años. Durante ese evento, conocido como el «big bang» de la evolución, aparecieron de forma aparentemente súbita la mayoría de los grandes grupos de animales que existen hoy: artrópodos, moluscos, cordados y muchos otros. La vida había tardado más de 3.000 millones de años en pasar de ser una simple capa de limo a producir organismos complejos, y de repente todo ocurrió muy rápido.
Antes del Cámbrico se encuentra el periodo Ediacárico (entre 635 y 542 millones de años atrás), una era dominada por organismos extraños y simples que vivían aplastados contra el fondo marino en dos dimensiones, sin moverse arriba ni abajo. Se suponía que los animales complejos no existían todavía en ese momento. Los nuevos fósiles demuestran que eso era un error para los científicos.
«Nuestro descubrimiento cierra una laguna importante en las primeras fases de la diversificación animal. Por primera vez, demostramos que muchos animales complejos, que normalmente solo se encuentran en el Cámbrico, ya estaban presentes en el Ediacárico» — Gaorong Li, Universidad de Oxford científicos.
Lo que escondía un terreno del tamaño de doce camas
El yacimiento, bautizado como biota de Jiangchuan, ocupa apenas 50 metros cuadrados, aproximadamente la superficie de doce camas de matrimonio. En ese espacio minúsculo, investigadores de la Universidad de Yunnan y la Universidad de Oxford extrajeron más de 700 fósiles durante varias campañas de excavación realizadas entre 2022 y 2025. Unos 200 de esos especímenes corresponden a animales, muchos de ellos de menos de 2,5 centímetros de longitud.
Lo que hace único a este yacimiento es su modo de conservación. A diferencia de la mayoría de los sitios del Ediacárico, donde los organismos se conservan como simples impresiones en arenisca, los fósiles de Jiangchuan están preservados como películas carbonosas, un tipo de conservación más propio de yacimientos cámbricos famosos como el Burgess Shale de Canadá. Esto permite ver detalles anatómicos que nunca antes se habían observado en fósiles de esta antigüedad: estructuras de alimentación, sistemas digestivos e incluso órganos relacionados con el movimiento bajo las profundidades.
Los ancestros de las estrellas de mar y los humanos
Entre los hallazgos más sorprendentes de los científicos se encuentran fósiles que los investigadores interpretan como los parientes más antiguos conocidos de los deuteróstomos, el gran grupo animal que incluye a los vertebrados (y por tanto a los humanos), las estrellas de mar y los erizos de mar. Estas criaturas ancestrales tenían un cuerpo en forma de U, estaban ancladas al fondo marino mediante un tallo y poseían un par de tentáculos en la cabeza que probablemente usaban para capturar alimento.
La doctora Frankie Dunn, del Museo de Historia Natural de Oxford, destacó la importancia de este hallazgo: si los ancestros de las estrellas de mar ya existían en el Ediacárico, entonces los cordados, los animales con columna vertebral, también debían existir en esa época, aunque aún no se hayan encontrado sus fósiles directos.

«El descubrimiento de los científicos de fósiles de ambulacrarios en la biota de Jiangchuan significa que los cordados, los animales con columna vertebral, también debían existir en ese momento» — Frankie Dunn, Museo de Historia Natural de Oxford.
Criaturas que parecen sacadas de una película de ciencia ficción
Los fósiles de Jiangchuan incluyen para los científicos una galería de criaturas que desafían la imaginación. Hay medusas en forma de copa con diminutos brazos, gusanos con forma de salchicha que conservan un tubo digestivo visible a pesar de tener más de 540 millones de años, y organismos vermiformes con discos de fijación al fondo marino. Live Science comparó algunos de ellos con los gusanos de arena de la saga Dune.
Muchos de estos especímenes presentan combinaciones de rasgos anatómicos que no coinciden con ninguna especie conocida, ni del Ediacárico ni del Cámbrico: tentáculos, tallos, estructuras de alimentación que podían invertirse y simetría bilateral, la característica de tener lados derecho e izquierdo simétricos que poseen casi todos los animales modernos, incluidos los seres humanos.
¿Por qué no se habían encontrado antes?
Si estos animales complejos ya existían en el Ediacárico segñun los científicos, ¿por qué la ciencia no los había detectado hasta ahora? El profesor Ross Anderson, de la Universidad de Oxford, ofrece una respuesta que cambia la perspectiva: el problema no era que estos animales no existieran, sino que no se habían conservado en otros yacimientos.

Las condiciones especiales de preservación de Jiangchuan, con sus películas carbonosas, son extremadamente raras en rocas de esa antigüedad. En la mayoría de los yacimientos ediacáricos, la conservación en arenisca simplemente no captura organismos blandos y pequeños. Esto significa que comunidades similares a la de Jiangchuan podrían haber existido en muchos otros lugares del planeta, pero sus fósiles se perdieron para siempre.
Durante años, la paleontología vivió un conflicto interno conocido como el debate de «rocas contra relojes». Los análisis genéticos (los «relojes moleculares») sugerían que los grandes grupos de animales se habían separado ya en el Ediacárico, mucho antes del Cámbrico. Pero los fósiles (las «rocas») no lo confirmaban. Los nuevos hallazgos de Jiangchuan inclinan la balanza: las rocas y los relojes están más de acuerdo de lo que se pensaba.
Como resumió la paleontóloga Emily Mitchell, de la Universidad de Cambridge, ajena al estudio: el descubrimiento de los científicos «tiene todo el sentido, porque sabíamos que en el Ediacárico había animales. Tenía que haber una fase de transición entre ellos y la fauna del Cámbrico. Pero hasta ahora no teníamos pruebas reales de ello».
La vida en la Tierra para los científicos tardó 3.000 millones de años en pasar de ser una mancha de limo a producir criaturas complejas. Cuando finalmente lo hizo, no esperó al Cámbrico. Lo hizo antes, en silencio, en un pequeño rincón del fondo marino que hoy se encuentra bajo una modesta cantera de la provincia de Yunnan donde se ecuentra el equipo de científicos.