Arqueólogos descubren unos misteriosos fósiles que podrían confirmar una famosa historia bíblica.
Un grupo de arqueólogos ha realizado un descubrimiento bastante controvertido, una serie de árboles fosilizados que se mantienen erguidos atravesando enormes capas de roca en distintos puntos de Estados Unidos ha reavivado un debate que se mantenía latente desde hace décadas: ¿pueden estas formaciones ser una huella del Gran Diluvio descrito en el Génesis bíblico?
El debate ha vuelto a estallar en redes sociales tras varias publicaciones del colectivo estadounidense Noah’s Ark Scans, un grupo dedicado a buscar evidencias del arca de Noé y del relato bíblico del diluvio universal, que ha vuelto a poner el foco en estas formaciones geológicas tan llamativas como discutidas para los arqueólogos.
Lo que llama tanto la atención es el aspecto físico de los fósiles. Son troncos completos de árboles antiguos que aparecen verticalmente clavados en la roca, atravesando varias capas sedimentarias que, según la geología convencional, se habrían formado con miles o incluso millones de años de diferencia entre unas y otras. Visualmente, el efecto es impactante: parece como si un árbol hubiera quedado petrificado en el tiempo mientras la tierra crecía a su alrededor para los arqueólogos.
Qué son los fósiles poliestratificados
Los geólogos y arqueólogos llaman a estas formaciones «fósiles poliestratificados» (del griego polys, muchos, y del latín stratum, capa). Se trata, en términos científicos, de fósiles que se extienden verticalmente a través de varias capas o «estratos» de roca sedimentaria. Algunos ejemplos más espectaculares se han descubierto en lugares tan reconocibles como:
- El Parque Nacional de Yellowstone, en Wyoming.
- El Parque Nacional Theodore Roosevelt, en Dakota del Norte.
- El Parque Estatal del Bosque Petrificado de Ginkgo, en Washington.
- Las cuencas carboníferas orientales, que se extienden por Tennessee, Kentucky y Pensilvania.
- El Monumento Nacional de los Lechos Fósiles de Florissant, en Colorado.
- Los Joggins Fossil Cliffs, en Canadá, declarados Patrimonio Mundial por la UNESCO en 2008 por su excepcional registro fósil.
El argumento para los arqueólogos que esgrimen los partidarios de la teoría del diluvio bíblico es directo. Según defiende el colectivo Noah’s Ark Scans en sus publicaciones recientes en redes sociales, «un árbol muerto no se mantiene erguido durante millones de años esperando a que el sedimento se acumule lentamente a su alrededor». Su argumento es que la madera se pudriría y el tronco se derrumbaría mucho antes de que las capas sedimentarias completasen su acumulación según la cronología geológica tradicional.
De ahí su conclusión: los árboles tuvieron que ser sepultados rápidamente por un enorme flujo de sedimentos antes de que les diera tiempo a descomponerse. Y, en la lectura creacionista del fenómeno, eso encajaría con un evento global catastrófico capaz de enterrar bosques enteros bajo enormes masas de agua y materia, similar al diluvio universal descrito en el Libro del Génesis, que según el texto bíblico cubrió incluso las montañas más altas durante 40 días y 40 noches.

«Estos árboles parecen haber sido sepultados rápidamente por enormes flujos de sedimentos antes de que pudieran descomponerse», argumentan los investigadores de Noah’s Ark Scans en sus publicaciones recientes.
Lo que dice la geología convencional para los arqueólogos
La interpretación mayoritaria entre geólogos, arqueólogos y paleontólogos académicos es muy distinta. Para la comunidad científica, los fósiles poliestratificados no son evidencia de un diluvio universal, sino el resultado de eventos catastróficos locales que se han repetido a lo largo de la historia geológica de la Tierra. Algunos ejemplos clásicos serían:
- Erupciones volcánicas explosivas que generan flujos piroclásticos capaces de enterrar bosques enteros en pocos minutos.
- Avenidas fluviales catastróficas tras lluvias torrenciales o roturas de presas naturales.
- Lahares, los flujos de barro volcánico que combinan agua, ceniza y rocas a gran velocidad.
- Deslizamientos masivos de sedimento en entornos pantanosos o costeros.
El caso más citado por la geología contemporánea es la erupción del Monte Santa Helena de 1980, en el estado de Washington. La explosión arrasó miles de hectáreas de bosque y, en pocas horas, sepultó miles de árboles en posición vertical bajo enormes depósitos de ceniza y barro volcánico. La escena, dicen los geólogos, mostró en tiempo real cómo se forma un fósil poliestratificado sin necesidad de invocar un diluvio mundial.
El caso Derek Ager: una cita que circula desde los años 80
En el debate para los arqueólogos aparece a menudo el nombre del geólogo británico Derek Ager, profesor emérito de la Universidad de Swansea durante el siglo XX. Ager defendió en sus trabajos que los procesos sedimentarios incluyen episodios muy rápidos además de los procesos lentos tradicionales: lo que se conoce como «neocatastrofismo». Calculó, por ejemplo, que si la sedimentación se hubiera producido a un ritmo constante y lento, habrían hecho falta aproximadamente 328.000 años para enterrar un árbol de 10 metros de altura, una cifra que él mismo describió como «ridícula».
Conviene precisar para los arqueólogos, eso sí, que el propio Ager no era creacionista ni apoyaba la teoría del diluvio bíblico: defendía la cronología geológica tradicional de la Tierra (miles de millones de años), pero matizada con la idea de que dentro de esa cronología hay momentos de sedimentación muy rápida. Su trabajo es citado tanto por geólogos convencionales como por defensores del relato bíblico, pero su posición personal estaba claramente alineada con la ciencia académica.
Más allá de los argumentos técnicos para los arqueólogos, lo que sí ha conseguido la reciente reaparición de la discusión es volver a hacer viral un fenómeno geológico tan llamativo como visualmente espectacular. En la comunidad académica el consenso sobre la edad de la Tierra (aproximadamente 4.500 millones de años) y sobre las explicaciones convencionales de los fósiles poliestratificados es muy amplio.
En las redes sociales, en cambio, el debate sigue tan vivo como en los años setenta, cuando empezó la divulgación moderna del llamado «diseño inteligente» y de las teorías creacionistas asociadas. Mientras tanto, los árboles fosilizados que se mantienen erguidos en pleno corazón de Yellowstone o de Joggins seguirán siendo, sin duda, una de las imágenes geológicas más fascinantes del planeta.