El freno de mano del magma en Canarias: el hallazgo del CSIC que cambia el riesgo volcánico
Una erupción que no llegó a salir explica cómo funcionan los volcanes de Canarias
Todo el mundo sabe qué es una erupción y más en Canarias. Mucha menos gente sabe que existen erupciones que ocurren casi por completo bajo tierra y que nunca llegan a asomar. El magma sube, recorre kilómetros, se aproxima a la superficie y, en el último tramo, se detiene. A veces a pocos metros. Un equipo internacional coliderado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas acaba de describir el mecanismo que explica ese frenazo, y el hallazgo interesa directamente a un archipiélago volcánico como Canarias.
El trabajo, publicado en la revista Nature Communications, parte del análisis de una erupción fallida ocurrida en la isla de São Jorge, en las Azores. Allí se registró una intensa crisis sísmica compatible con el ascenso de magma que finalmente no desembocó en erupción. Ese tipo de episodios se conocían y se documentaban, pero faltaba entender por qué unos terminan en colada y otros se quedan a medio camino. La respuesta que propone el estudio tiene que ver con las grandes fallas de la corteza terrestre.
Autopistas que también son frenos
Hasta ahora, la interpretación dominante atribuía a esas fracturas un papel facilitador: eran las vías por las que el magma encontraba menos resistencia para ascender, una especie de autopista subterránea. La investigación demuestra que esa función existe, pero es solo la mitad del cuadro. Las mismas estructuras que canalizan el ascenso pueden actuar como mecanismo de frenado, deteniendo el avance del magma antes de que alcance la superficie. Dicho de otro modo, la falla puede abrir la puerta o cerrarla, según cómo esté configurada.
El segundo elemento del hallazgo en Canarias es igual de relevante para la vigilancia. El estudio constata que el magma puede desplazarse de forma extremadamente rápida y silenciosa, es decir, sin generar necesariamente la señal sísmica intensa y prolongada que suele asociarse a una intrusión. Un movimiento así deja menos huella en los instrumentos y comprime el tiempo disponible para interpretar lo que está ocurriendo, que es precisamente el bien más escaso durante una crisis volcánica.
El resultado no reduce ni aumenta el riesgo de Canarias. Lo que hace es describir con más precisión un sistema que hasta ahora se leía de forma más simple, y esa precisión es la materia prima de cualquier protocolo de vigilancia.
Por qué importa en Canarias
La utilidad práctica se entiende bien desde la experiencia reciente del archipiélago. En Canarias se han vivido en los últimos quince años dos episodios eruptivos, el submarino de El Hierro y el del Tajogaite en La Palma, y numerosos enjambres sísmicos que no derivaron en nada. Distinguir entre lo uno y lo otro en tiempo real es el problema central de la vulcanología aplicada. Un modelo que explique por qué algunas intrusiones se detienen aporta criterio para leer esas señales.
El equipo lo integran investigadores de Tenerife y de Londres, en una colaboración internacional coliderada por el CSIC. El planteamiento encaja además con lo que otras líneas de trabajo están describiendo en Canarias: sistemas magmáticos que almacenan material en profundidad durante largos periodos, con estructuras que condicionan por dónde y hasta dónde puede moverse. La imagen del volcán como un conducto simple que conecta una cámara con un cráter lleva tiempo desmontándose, y este trabajo añade una pieza más.
Queda la lectura menos científica y quizá la más interesante para quien vive en Canarias: es perfectamente posible que bajo las islas hayan ocurrido erupciones fallidas de las que nunca se supo nada, porque no dejaron rastro visible en superficie. Las que conocemos y las que aparecen en las crónicas son las que salieron. Cuántas se quedaron a pocos metros de conseguirlo es una pregunta que la geología apenas empieza a poder responder.