Las ranas de Chernóbil se han vuelto negras: los científicos han descubierto el «oscuro» motivo
Las ranas de Chernóbil son negras y el color no tiene nada que ver con la radiación de ahora
Chernóbil está en el punto de mira científico. La ranita de San Antonio oriental es verde. Verde brillante, como casi cualquier rana arborícola europea. Pero en 2016, dos investigadores españoles que trabajaban cerca del reactor accidentado de Chernóbil se encontraron con varios ejemplares de una coloración inusual: negros.
Lo que vino después fue un trabajo de años que terminó publicado en la revista Evolutionary Applications y que firma un equipo formado por Germán Orizaola, de la Universidad de Oviedo, y Pablo Burraco, de la Estación Biológica de Doñana. La conclusión es más interesante que el titular evidente.
Lo que encontraron esas ranas en Chernóbil
El estudio examinó la coloración de 189 machos reproductores de Hyla orientalis en doce localidades, tanto dentro como fuera de la Zona de Exclusión. El resultado fue nítido: las ranas de dentro son mucho más oscuras, en algunos casos completamente negras, mientras que las de fuera mantienen su verde habitual.
La explicación está en la melanina, el mismo compuesto que oscurece la piel humana. Ya se sabía que reduce los efectos negativos de la radiación ultravioleta y que protege a los hongos frente a la radiación ionizante. Lo que faltaba era comprobarlo en un vertebrado, en libertad y a gran escala.
«Los resultados sugerían que la melanina los había protegido de la radiación ionizante, la que se libera en un accidente nuclear, de una forma similar a como nos protege de la radiación ultravioleta», explica Germán Orizaola.
La coloración oscura disipa parte de la radiación y puede reducir la acción de los radicales libres en el organismo, protegiendo el ADN del daño. Las ranas con más melanina experimentaron menor daño celular y, con el tiempo, aumentaron su frecuencia en la zona.
El detalle de Chernóbil que cambia toda la lectura
Aquí está lo que casi ningún refrito cuenta. Los investigadores midieron la radiación que soporta actualmente cada individuo, y el resultado fue que los niveles de melanina no se relacionan con la radiación actual. Se relacionan con la que la especie sufrió en el pasado.
Dicho de otro modo: esas ranas no se están volviendo negras ahora. Son descendientes de las que ya eran oscuras en 1986, cuando los niveles de radiación eran muchísimo más altos. En aquel momento, los ejemplares de coloración oscura representaban una minoría dentro de sus poblaciones. Sobrevivieron mejor, se reprodujeron más y, cuarenta años después, su descendencia domina las charcas próximas al reactor.
No es una mutación como los lobos en Chernóbil provocada por la radiación, que es como suele contarse. Es selección natural operando sobre una variación que ya existía. Y es uno de los primeros indicios de respuestas adaptativas frente a la radiación documentados en vertebrados.
Esa distinción importa porque convierte Chernóbil en algo que la biología evolutiva rara vez tiene a mano: un experimento con fecha de inicio exacta, abril de 1986, un gradiente de presión selectiva medible y varias generaciones ya transcurridas. Evolución observada en tiempo real, sobre un área de unos 2.200 kilómetros cuadrados.
Los anfibios resultaron además ser un modelo especialmente útil. «Están expuestos tanto a ambientes acuáticos como terrestres y se desplazan poco, por lo que su exposición a la radiación suele ser más estable», aclara Pablo Burraco.
Un trabajo paralelo del mismo equipo en Chernóbil, publicado en Scientific Reports, aportó otro dato revelador sobre la exposición actual. Las dosis absorbidas por estas ranas son muy variables pero, en general, se sitúan por debajo de los umbrales considerados dañinos para la salud animal. Y el 81% de esa dosis procede de exposición interna, no ambiental: del estroncio-90 acumulado en el organismo, que aporta por sí solo el 78% del total.
Las aplicaciones que abre todo esto van bastante más lejos de una charca ucraniana. Entender el papel protector de la melanina frente a la radiación interesa a la gestión de residuos radiactivos y, sobre todo, a la exploración espacial, donde la radiación cósmica es uno de los obstáculos sin resolver para los viajes de larga duración.
Cuarenta años después del accidente, las ranas de Chernóbil siguen siendo ranas. Lo único que cambió fue cuáles de ellas llegaron a tener descendencia.