El Sol está en su fase más violenta en una década y así nos afectará aquí abajo
El Sol lleva dos años más revuelto de lo que nadie había previsto, y todavía no ha terminado
El Sol lleva un par de años comportándose peor de lo que los modelos habían anticipado. El ciclo que atraviesa ahora, conocido como ciclo solar 25 según la NOAA, ha resultado más intenso de lo esperado, y aunque la fase más violenta ya ha quedado atrás, los científicos advierten de que todavía quedan años de llamaradas potentes y tormentas geomagnéticas.
El dato que mejor lo ilustra es de enero de este año. Una erupción solar extrema lanzó hacia la Tierra una eyección de masa coronal que desencadenó una tormenta de radiación solar de categoría S4, calificada de muy severa. Fue la más fuerte registrada desde 2003, hace veintidós años convirtiendose en una anomalía sin resolver.
Qué es un ciclo del Sol y por qué importa
Aunque desde aquí lo veamos siempre igual, nuestra estrella alterna fases de calma y de turbulencia en periodos de aproximadamente once años. El ciclo 25 arrancó en diciembre de 2019 y no terminaría hasta alrededor de 2030, cuando empezaría el 26.
En las fases de máxima actividad, la superficie del Sol muestra un mayor número de manchas y de regiones activas complejas. Esas regiones producen dos fenómenos: las llamaradas, explosiones de radiación que llegan a la Tierra en minutos, y las eyecciones de masa coronal, nubes de plasma y campos magnéticos que tardan días en recorrer la distancia y que pueden superar los mil millones de toneladas de material.
Cuando esas nubes apuntan hacia la Tierra, interactúan con la magnetosfera, el escudo magnético que nos protege de la radiación cósmica. De ese choque salen tanto las auroras como los problemas técnicos.
La escala de las llamaradas va por letras, y la clase X es la más potente. En este ciclo se han registrado varias, incluida una X1.9 que impactó directamente contra la Tierra. Aquella semana de enero se dio además una combinación poco habitual: tormentas geomagnéticas severas, tormenta de radiación muy severa y el mayor descenso en el flujo de rayos cósmicos galácticos de todo el ciclo, lo que los físicos llaman decremento Forbush.
Cómo nos afecta aquí abajo lo que hace el Sol
Conviene empezar por lo que no pasa: a nivel de superficie, las tormentas solares no suponen un riesgo para la salud de las personas. La atmósfera y el campo magnético hacen su trabajo. Los efectos se concentran en la tecnología.
- Satélites. Quedan expuestos a flujos intensos de partículas energéticas que pueden dañar paneles solares, interferir en los sistemas electrónicos y alterar sus trayectorias orbitales por el aumento de densidad de la atmósfera superior.
- Comunicaciones y GPS. Las señales de radio de alta frecuencia pueden degradarse o cortarse durante horas, y la precisión de los sistemas de navegación se resiente.
- Redes eléctricas. Las corrientes inducidas en los tendidos de alta tensión pueden provocar fallos en los sistemas de control y protección, e incluso cortes de suministro.
- Aviación. Las rutas polares son las más expuestas y en episodios severos se desvían.
- Auroras. El efecto bonito. En las tormentas más intensas se han llegado a ver en latitudes muy inusuales, incluido el sur de Europa.
Hay una pregunta que surge siempre y conviene responderla con precisión: el Sol no calienta el clima terrestre de forma apreciable por estar en máximo. La variación de energía total que emite entre el máximo y el mínimo de un ciclo es muy pequeña, en torno al 0,1%, y no explica el calentamiento observado en las últimas décadas. Lo que sí cambia de forma notable es el clima espacial, que es otra cosa: el entorno de radiación y partículas en el que operan nuestros satélites.
El seguimiento lo hace el Centro de Predicción del Clima Espacial de la NOAA, que emite alertas cuando una eyección va camino de la Tierra. Y la recomendación de los expertos es la misma de siempre: los efectos potenciales se limitan principalmente a lanzamientos espaciales, aviación y operaciones satelitales. Para el resto, lo único que cabe esperar del Sol en los próximos años es algún apagón de radio puntual y, con suerte, una aurora donde no toca.