Lo que han descubierto en la sangre de los lobos Chernóbil asombra a los científicos: «esto no es posible»
Les pusieron collares con dosímetro a los lobos de Chernóbil y la sangre les salió como la de un paciente con cáncer
En 2014, un equipo de la Universidad de Princeton entró en la Zona de Exclusión de Chernóbil con un objetivo poco habitual: ponerle collar a los lobos. No collares cualquiera. Llevaban GPS y dosímetros de radiación, de modo que los investigadores sabían en tiempo real dónde estaba cada animal y exactamente cuánta radiación estaba recibiendo.
Después les sacaron sangre. Y ahí empezó lo interesante. El análisis mostró que esos lobos tienen el sistema inmunitario alterado de una forma muy concreta: se parece al de un paciente humano con cáncer sometido a tratamiento con radioterapia. Pero los lobos no tenían cáncer.
Lo que encontraron en los lobos de Chernóbil
«Sabíamos que los lobos en Chernóbil han estado allí durante unas siete u ocho generaciones, por lo que han estado expuestos durante toda su vida a los efectos radiactivos del lugar», explica Shane Campbell-Staton, responsable del laboratorio que dirige la investigación. «Sorprendentemente no desarrollaron cáncer; en cambio, la sangre de los lobos mostraba patrones que se esperarían de una persona con cáncer».
El trabajo lo lidera la bióloga evolutiva y ecotoxicóloga Cara Love, y el estudio más reciente se publicó en la revista Cancer Research. Comparó muestras de sangre de los lobos de la Zona de Exclusión con poblaciones de referencia de Bielorrusia y de Yellowstone, en Estados Unidos.

El resultado es el dato que da sentido a todo: más de 3.000 genes «fuera de lo normal» en la población de Chernóbil y que afecta a los perros de Chernóbil. Y varios de ellos, al cruzarlos con bases de datos humanas, aparecen asociados a un mejor pronóstico en determinados tipos de cáncer.
La hipótesis es de manual darwinista: los individuos más vulnerables a la radiación murieron jóvenes, de modo que solo llegaron a reproducirse los portadores de mutaciones que protegían frente al daño celular. Selección natural acelerada, con la radiación como filtro.
Lo que no dice el estudio de Chernóbil
Aquí conviene frenar, porque esta historia circula muy inflada. Los propios investigadores aclaran que estos lobos no son inmunes al cáncer. Lo que tienen es menos probabilidad de sufrir la enfermedad, o más opciones de sobrevivir a ella. No es lo mismo.
Tampoco existe todavía una aplicación médica. El objetivo del equipo es aislar las mutaciones exactas que reducen la formación de tumores, comparando el ADN de los lobos de Chernóbil con el de ejemplares de otras regiones de Europa y Norteamérica. Eso es trabajo de identificación básica, muy lejos de cualquier tratamiento.
Y hay un obstáculo que no es científico. El equipo no ha podido volver a la Zona de Exclusión: primero por la pandemia de covid y después por la guerra entre Rusia y Ucrania. Una investigación de campo que depende de capturar animales y recoger muestras lleva años interrumpida por motivos que no tienen nada que ver con la biología.
Hay un hallazgo paralelo que refuerza la línea de trabajo. Un estudio de la Universidad de California en Davis identificó un gen concreto relacionado con mayor resistencia al cáncer en perros: una variante específica del gen ERBB4/HER4. Y los perros son los parientes más cercanos de los lobos, lo que convierte a ambas especies en un terreno común para esta investigación.
Queda por último el detalle que mejor resume la paradoja de Chernóbil: la densidad de lobos dentro de la Zona de Exclusión es mayor que en reservas naturales cercanas. El lugar que la radiación volvió inhabitable para las personas en 1986 funciona desde entonces como un refugio para la fauna silvestre, precisamente porque los humanos se fueron.
Ese es el experimento natural que ningún laboratorio podría montar: miles de kilómetros cuadrados, cuatro décadas, varias generaciones de grandes mamíferos y una presión selectiva constante. La ciencia no eligió ese escenario. Lo heredó de un accidente.