Viajar por Canarias sobre ruedas tiene algo que engancha desde el primer kilómetro. La posibilidad de desayunar frente al Atlántico, subir por la tarde a más de dos mil metros de altitud y acabar el día en un pueblo colonial junto al mar es un lujo que pocos destinos ofrecen en tan poco espacio. Tenerife y La Palma, vecinas pero muy distintas entre sí, se han convertido en dos de los destinos favoritos para quienes quieren recorrer el archipiélago en autocaravana o camper. La primera deslumbra por su variedad y su enorme oferta de rincones; la segunda, conocida como «la Isla Bonita», conquista por su pureza, su silencio y esos cielos que figuran entre los mejores del mundo para mirar estrellas.
A continuación repasamos los enclaves más interesantes para recorrer ambas islas con calma, aparcar cerca con tu autocaravana o cámper y disfrutar del paisaje sin prisa.
Tenerife: del Teide a los acantilados del oeste
Tenerife es la isla más grande de Canarias y, seguramente, la más versátil. En pocas horas se pasa de playas de arena negra a bosques de laurisilva, de pueblos coloniales a pistas volcánicas que parecen de otro planeta.
Si viajas en autocaravana o cámper, Tenerife tiene una ventaja nada menor, la isla cuenta con varios puntos de vaciado y llenado de aguas (sobre todo en gasolineras DISA/BP), numerosos aparcamientos donde es tolerada la pernocta respetuosa y un clima suave durante todo el año. Por eso muchos viajeros optan por recoger su vehículo directamente al llegar al aeropuerto o al puerto. Puedes iniciar tu ruta con un alquiler de autocaravana en Tenerife con Bookingvans; permite aprovechar desde el primer día sin depender de coches de enlace ni traslados largos.
El Parque Nacional del Teide es la parada obligada. La carretera TF-21 atraviesa Las Cañadas y deja paisajes lunares, miradores como el de La Ruleta y la posibilidad de subir en teleférico hasta casi la cima del pico más alto de España. Conviene saber que dentro del parque no está permitido pernoctar, así que la mayoría de viajeros deja el vehículo en la Zona de Acampada de Chío (con reserva previa) o duerme en Santiago del Teide, desde donde sale la ruta más directa al altiplano. La recompensa, si se madruga, es ver amanecer entre pinos canarios y conos volcánicos con la isla entera a los pies.
El norte de la isla tiene un encanto totalmente distinto. Garachico, fundado en el siglo XV y arrasado por la lava en 1706, es hoy uno de los pueblos más bonitos del archipiélago. Su casco histórico se recorre a pie en un rato y sus piscinas naturales de El Caletón, gratuitas y talladas por la lava, son una joya para refrescarse. Muy cerca, Icod de los Vinos guarda el famoso Drago Milenario, y La Orotava exhibe una arquitectura canaria que merece perderse por sus calles empedradas.
Quien busque naturaleza en estado puro encontrará en el Parque Rural de Anaga uno de los rincones más mágicos de Tenerife. Se trata de un macizo cubierto de laurisilva, con senderos como el de Afur a Taganana o el que baja hasta las playas de Benijo y Almáciga, dos arenales salvajes de arena negra donde muchos viajeros se acercan a disfrutar del atardecer (aunque los fines de semana se llenan rápido). Las vistas desde la zona son espectaculares y justifican por sí solas el viaje a la isla.
En la costa sur y suroeste, el paisaje cambia de registro. El Médano, con su inconfundible Montaña Roja y la Playa de La Tejita, es la meca del viento y de los deportes acuáticos; Los Cristianos ofrece servicios completos y ambiente relajado. Más al oeste, los Acantilados de Los Gigantes caen a pico sobre el Atlántico desde más de 500 metros y, un poco tierra adentro, aparece Masca, un caserío enclavado entre montañas al que se llega por una carretera llena de curvas que es casi una atracción en sí misma.
Un viaje por Tenerife tampoco estaría completo sin pasear por La Laguna, Patrimonio de la Humanidad, ni por Candelaria, con su basílica frente al mar y sus playas de arena negra, ni, por supuesto, por Santa Cruz, donde el Auditorio de Calatrava y el Parque Marítimo César Manrique componen una de las postales más reconocibles de la capital.
La Palma: naturaleza, volcanes y cielos infinitos
Cruzar a La Palma (bien en ferry, bien en avión) supone cambiar de ritmo. La “Isla Bonita” es mucho más pequeña, más verde, menos urbana y con una identidad propia que se aprecia desde el primer pueblo. Declarada Reserva de la Biosfera y Destino Starlight, es un paraíso para quienes buscan naturaleza, senderismo y noches estrelladas.
La isla cuenta con áreas autorizadas para pernoctar como el camping de San Antonio del Monte (Garafía), el Refugio de El Pilaro la zona de La Laguna de Barlovento, y en general ofrece un ambiente muy amigable con el turismo itinerante. Para recorrerla con calma, lo más cómodo es disponer del vehículo en la propia isla, sin depender de traslados en ferry desde Tenerife. De hecho, contar con una base local de alquiler de autocaravanas, (como la que ofrece Bookingvans en La Palma) ahorra horas y permite organizar rutas que aprovechen cada día al máximo.
La gran joya es la Caldera de Taburiente, un enorme circo volcánico rodeado de pinos canarios que se contempla desde miradores como La Cumbrecita (con acceso regulado, reserva previa recomendada) o desde el espectacular Roque de los Muchachos, a 2.426 metros. Allí arriba, entre los telescopios del observatorio más importante del hemisferio norte, el cielo nocturno se convierte en una de las experiencias más impresionantes que puede ofrecer Canarias. Muchos viajeros suben al atardecer, observan las estrellas y bajan a dormir a zonas más bajas, ya que pernoctar en el propio mirador no está permitido.
En el norte, el Bosque de Los Tilos es un rincón de selva subtropical con helechos gigantes y una cascada al fondo; su senda es uno de los paseos más famosos de la isla. Muy cerca, la Laguna de Barloventoofrece un área recreativa con posibilidad de pernocta autorizada y un entorno perfecto para desconectar. También en el norte están el Charco Azul, unas piscinas naturales excavadas en lava, y los miradores de San Bartolo y La Tosca, con sus dragos centenarios recortados contra el océano.
El oeste es el corazón agrícola y costero de La Palma. Tazacortepresume de ser uno de los lugares más soleados de España; su puerto, sus plataneras y su playa nueva invitan a tomarse todo con calma. Puerto Naos, reabierto progresivamente tras la erupción del Cumbre Vieja de 2021, vuelve a ofrecer un paseo marítimo tranquilo y uno de los atardeceres más bonitos de la isla. Desde allí es fácil acercarse a Los Llanos de Aridane y a El Paso, dos pueblos con mucho ambiente local y mercados estupendos para reponer despensa.
El sur es pura épica volcánica. La llamada Ruta de los Volcanes, una de las travesías de senderismo más famosas de Canarias, recorre la dorsal de Cumbre Vieja entre paisajes lunares. En coche o camper se puede bajar hasta el Faro y las Salinas de Fuencaliente, con sus piscinas de agua marina rosada y una luz que al atardecer es casi irreal. Muy cerca, los volcanes San Antonio y Teneguía permiten asomarse a cráteres aún jóvenes, y la Playa de Echentive, surgida por una erupción, es otro de esos lugares que parecen sacados de un documental.
Por último, no hay que perderse Santa Cruz de La Palma, una de las capitales más bonitas del archipiélago, con sus casas de balcones de madera frente al mar y un casco histórico que se recorre en un par de horas.
Combinar ambas islas: el plan ideal
Tenerife y La Palma funcionan muy bien como pareja de viaje. Una semana en cada una es suficiente para no salir corriendo, pero incluso con diez días repartidos la experiencia merece la pena. El ferry une ambas islas en unas horas y existen vuelos diarios cortos para quienes prefieren ahorrar tiempo.
La clave, como siempre que se viaja sobre ruedas, es ir despacio, respetar los espacios naturales (en Canarias la acampada libre está prohibida, aunque la pernocta en vehículo es tolerada en muchos aparcamientos) y dejar los sitios tal y como se encuentran. Con esa filosofía, Tenerife y La Palma regalan algo difícil de explicar: la sensación de estar recorriendo dos mundos distintos en un mismo viaje.