En el mundo de las momias, un equipo internacional de investigadores liderado por la arqueogenetista Nada Salem, del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva (Alemania), ha logrado secuenciar por primera vez el genoma completo de dos momias de 7.000 años halladas en el corazón del desierto del Sáhara. Los resultados, publicados en la prestigiosa revista Nature en abril de 2025, revelan que estas mujeres pertenecían a un linaje humano completamente desconocido hasta ahora.
Se trata del primer genoma antiguo completo jamás recuperado en un entorno tan cálido y árido, un hito técnico que abre la puerta a futuras investigaciones en regiones donde el ADN se degrada con rapidez.
Los restos fueron descubiertos entre 2003 y 2006 en el refugio rocoso de Takarkori, ubicado en las montañas de Tadrart Acacus, en el suroeste de Libia. De los 15 esqueletos recuperados en el yacimiento, solo dos estaban momificados de forma natural gracias a las condiciones extremas de desecación del terreno.
Ambas momias corresponden a mujeres de unos 40 años que vivieron aproximadamente en el 5.000 a.C., durante el denominado Sáhara verde, una era en la que la región estaba cubierta de sabanas, lagos y ríos que sustentaban comunidades humanas, hipopótamos y elefantes junto a las momias.
«Nuestra investigación desafía las suposiciones previas sobre la historia poblacional del norte de África y destaca la existencia de un linaje genético profundamente arraigado y aislado durante largo tiempo» — Nada Salem, Instituto Max Planck.
Momias del Sáhara con un ADN que desafía todo lo conocido
El análisis genómico comparó el ADN de las momias del Sáhara con el de unas 800 personas actuales de África, Oriente Próximo y el sur de Europa, además de 117 genomas antiguos de las mismas regiones. Los resultados fueron sorprendentes publicados en un comunicado oficial.
Las mujeres de Takarkori no compartían marcadores genéticos con poblaciones subsaharianas, mediterráneas ni de Oriente Medio. Su linaje se había separado del resto de los humanos modernos hace aproximadamente 50.000 años, en el mismo periodo en que otras ramas del Homo sapiens comenzaban a dispersarse fuera de África.

Los científicos las describen como una «población fantasma», un término que designa grupos humanos cuya existencia solo se había inferido mediante modelos matemáticos a partir de rastros genéticos en personas actuales, pero cuyos restos físicos nunca se habían encontrado en estas momias.
Mínima huella neandertal
Otro dato llamativo es la cantidad ínfima de ADN neandertal detectada en sus genomas: apenas un 0,15 %, unas diez veces menos que la que presentan las personas que viven fuera de África en la actualidad. Sin embargo, esa cifra es superior a la de los africanos subsaharianos contemporáneos, lo que sugiere contactos esporádicos con grupos vinculados a Oriente Próximo.
El Sáhara verde no fue un corredor migratorio
Hasta ahora se asumía que el periodo húmedo africano, que se extendió entre hace 14.500 y 5.000 años, había funcionado como un gran corredor de migración entre el norte y el sur del continente. Este estudio desmiente esa hipótesis.
A pesar de que el Sáhara verde ofrecía condiciones favorables para la vida, los lagos, humedales, bosques y cadenas montañosas actuaron como barreras naturales que mantuvieron a las poblaciones separadas genéticamente durante milenios.
No obstante, sí hubo intercambio cultural. Las evidencias arqueológicas encontradas en Takarkori muestran restos de ganado domesticado, cerámica avanzada, herramientas de hueso y cestería, lo que indica que la comunidad adoptó prácticas pastoriles sin necesidad de mezclarse genéticamente con otros grupos.
«Sabemos ahora que estaban aislados genéticamente, pero no en términos culturales» — Savino di Lernia, Universidad Sapienza de Roma.
La difusión cultural frente a la migración masiva
Este hallazgo de estas momias refuerza un modelo alternativo de expansión del pastoreo en África: la difusión cultural. Es decir, las innovaciones tecnológicas y ganaderas se transmitieron de comunidad en comunidad como conocimiento compartido, sin que ello implicara el desplazamiento o la sustitución de poblaciones enteras.
Aunque este linaje ya no existe en estado puro, los investigadores han detectado que su huella genética sigue presente como componente central en las poblaciones actuales del norte de África. También se confirmó un parentesco con los cazadores-recolectores de la cueva de Taforalt, en Marruecos, que vivieron hace unos 15.000 años.
Para el director del Departamento de Arqueogenética del Max Planck, Johannes Krause, estos individuos eran «casi como fósiles vivientes» en su época, portadores de una herencia genética ancestral que el resto del continente ya había perdido.
Los autores del estudio de las momias creen que muchas más momias y hallazgos arqueológicos de este mundo perdido podrían permanecer ocultos bajo las arenas del Sáhara. Con los avances en secuenciación de ADN antiguo en ambientes cálidos, el mayor desierto del planeta podría convertirse en una fuente inesperada de descubrimientos sobre los capítulos más desconocidos de la evolución humana.