Un digestivo canario desmonta el mito de salud de moda: el SIBO no se sospecha por los gases
Salud intestinal: el síntoma del SIBO que casi nadie mira, y no es la barriga hinchada
Tu salud es importante, si tienes gases, te hinchas después de comer y has visto en redes que eso puede ser SIBO, conviene que leas esto antes de pedir una prueba. En salud digestiva, el SIBO se ha convertido en uno de los diagnósticos de moda, y según explican los especilistas, buena parte de lo que circula sobre él es erróneo o directamente falso.
El dato clave contradice lo que cree casi todo el mundo: la hinchazón y la distensión abdominal no predicen por sí solas el riesgo de tener SIBO en personas sin otros factores de riesgo. El síntoma que sí se asocia de forma más clara con este trastorno es otro: la diarrea.
Qué es el SIBO y por qué no es lo que dicen las redes
SIBO son las siglas en inglés de sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado. Se produce cuando hay una cantidad excesiva de bacterias en una parte del intestino donde normalmente no deberían estar en grandes cantidades. Esas bacterias suelen vivir en el colon, pero determinadas circunstancias pueden favorecer que migren o se multipliquen y provoquen problemas digestivos.
A pesar de la atención que recibe en la población de Canarias, se trata de una enfermedad poco frecuente. Según el especialista, uno de los mayores mitos es pensar que hay que sospechar de ella y hacer pruebas simplemente porque existe hinchazón, gases o molestias digestivas inespecíficas sin ningún factor de riesgo. Esa es exactamente la situación de la mayoría de las personas que llegan a la consulta convencidas de tenerlo.
La diarrea, y no la hinchazón, es el síntoma más consistentemente asociado al SIBO. Así lo recogen tanto la Asociación Española de Gastroenterología como la American Gastroenterological Association, que desaconsejan usar el test de SIBO como prueba rutinaria ante síntomas inespecíficos.
Conviene además distinguir dos conceptos que se usan como si fueran lo mismo. La hinchazón es una sensación: plenitud, presión o gas atrapado en el abdomen. La distensión es un aumento medible del tamaño abdominal. Ninguna de las dos, por sí sola, apunta a SIBO.
Cuándo sí hay que pensar en SIBO: lo que dice la medicina sobre tu salud intestinal
Las dos guías médicas coinciden en que el SIBO se relaciona sobre todo con situaciones concretas. Entre ellas están los problemas de motilidad intestinal, como los que aparecen en el Parkinson, la diabetes avanzada o la esclerodermia; las alteraciones anatómicas, como cirugías previas, fístulas o diverticulosis; las inmunodeficiencias; y enfermedades como la celiaquía o la enfermedad inflamatoria intestinal.
También justifican una mayor sospecha los síntomas compatibles con mala absorción de nutrientes: diarrea persistente, pérdida de peso o déficits de vitaminas. En esos casos sí tiene sentido que un especialista valore el estudio.
Otro punto que sorprende es el diagnóstico. La prueba de referencia para confirmar el SIBO es el cultivo de un aspirado intestinal obtenido mediante endoscopia, una técnica compleja que en la práctica queda limitada a determinados centros especializados y a estudios de investigación. Los test de aliento que se promocionan en muchos perfiles de redes sociales tienen limitaciones, y usarlos sin una sospecha clínica fundada puede llevar a diagnósticos equivocados y a tratamientos que no hacen falta.
¿Qué significa todo esto para la salud de quien convive con gases e hinchazón? Que esas molestias son muy frecuentes y en la mayoría de los casos tienen otras explicaciones, desde la alimentación hasta trastornos funcionales como el colon irritable. Que sean frecuentes no significa que haya que ignorarlas cuando son intensas o persistentes, pero sí que el camino no pasa por autodiagnosticarse en redes ni por pedir un test por iniciativa propia.
La recomendación de los especialistas es sencilla: ante molestias digestivas que se prolongan, que empeoran o que vienen acompañadas de diarrea persistente, pérdida de peso sin explicación o sangre, lo adecuado es consultar con el médico de familia, que valorará si es necesario derivar al especialista. En salud digestiva, como en casi todo, el diagnóstico empieza en la consulta y no en el móvil.