El IGN dice que una erupción en Canarias no tendría por qué ser en el Teide
"Lo más probable es que surgiera un nuevo volcán": lo que dice el IGN sobre Canarias
Cada vez que la tierra se mueve en Tenerife, todo el mundo en Canarias mira hacia el mismo sitio: el Teide. Y según el Instituto Geográfico Nacional, ese es precisamente el lugar donde menos probable resulta que ocurra una erupción. El director del IGN en el archipiélago, Itahiza Domínguez, lo ha repetido en varias ocasiones: una eventual erupción en la isla no tendría por qué producirse en el Teide.
Lo que el organismo considera más probable, atendiendo al comportamiento histórico de la isla, es una erupción basáltica y estromboliana en alguna de las dorsales, especialmente hacia Teno o hacia La Esperanza. Es decir, el tipo de erupción que ya se vivió en La Palma en 2021, con coladas de lava fluida y un cono nuevo, y no la explosión catastrófica que mucha gente imagina.
Por qué las dorsales y no el pico en Canarias
Las dorsales son los grandes ejes estructurales de la isla, auténticas fracturas por las que el magma encuentra camino hacia la superficie con más facilidad. Tenerife tiene dos principales: la del noroeste, hacia Teno, y la del nordeste, conocida como dorsal de La Esperanza. A lo largo de la historia geológica reciente han concentrado buena parte de la actividad eruptiva.
La consecuencia práctica es llamativa: una nueva erupción en Canarias no implicaría que el Teide entrase en actividad, sino que aparecería un volcán nuevo donde ahora no hay nada. Exactamente lo que ocurrió en 1909 con el Chinyero, la última erupción registrada en Tenerife, y en 2021 con el Tajogaite en La Palma.
«Lo más probable es que surgiera un nuevo volcán en la dorsal noreste de la isla», ha explicado Domínguez. Por eso el IGN insiste en hablar de actividad sísmica en Tenerife y no exclusivamente en el Teide.
Hay además un matiz técnico que invalida la lógica intuitiva de «donde tiembla, saldrá». El magma puede migrar horizontalmente kilómetros antes de salir, de modo que la localización actual de los enjambres sísmicos no determina el punto de una posible erupción. Por eso Domínguez ha llegado a vincular ese escenario a municipios como Santiago del Teide y Guía de Isora, alejados del epicentro de la actividad registrada.
El CO2 del cráter tampoco significa lo que parece
El otro dato que se malinterpreta constantemente en Canarias es el aumento de las emisiones de dióxido de carbono en el cráter del Teide. Mucha gente lo lee como la prueba de que el magma está justo debajo del pico. El IGN aclara que no es así: esa zona funciona como una vía natural de salida de gases, de modo que el CO2 sale por ahí independientemente de dónde esté el magma.
Sobre la probabilidad real, la comunidad científica maneja una horquilla concreta: entre un 30% y un 40% de posibilidades de que se produzca una erupción volcánica en Tenerife en los próximos cincuenta años. Es una cifra alta en términos geológicos y baja en términos de vida cotidiana.
Lo que el IGN descarta es que haya señales de una erupción inminente. Domínguez ha señalado que no hay cambios en la probabilidad a corto plazo y que los enjambres registrados están formados por eventos muy pequeños, cuya energía liberada no alcanzaría la equivalente a un terremoto de magnitud 2 o 3. Una erupción basáltica vendría precedida por terremotos de mayor magnitud, emisiones de gases y señales claras de magma nuevo acercándose a la superficie. Nada de eso se está viendo.
El indicador en Canarias que más vigilan es otro: que los terremotos empiecen a migrar hacia la superficie. Mientras se mantengan a ocho o diez kilómetros de profundidad, el proceso sigue siendo profundo.
Y una referencia en Canarias que explica la paciencia con la que trabajan los organismos de vigilancia en Canarias. Tras la erupción de La Palma se comprobó que el magma había estado acumulándose bajo la isla durante al menos quince años. Como resume el propio Domínguez: «Tenemos que trabajar como si la próxima intrusión fuera mañana. Puede ocurrir, pasó en La Palma».