La invasora que más preocupa en Canarias: ocho millones de euros para frenar una serpiente
En Canarias no había serpientes hasta los años noventa, y ahora hay tres endemismos al borde
Hay un dato que explica por qué esta historia es tan grave y que casi nadie tiene presente: en la fauna actual de Canarias no existía ninguna especie de serpiente. Ni una. El registro fósil apenas ofrece indicios muy escasos en Lanzarote y Fuerteventura, tan escasos que ni siquiera puede descartarse que aquellos restos llegaran en las garras o en el estómago de alguna ave. Los reptiles del archipiélago evolucionaron durante millones de años sin conocer a ese depredador.
Hasta que a finales de los años noventa alguien soltó en Gran Canaria unos ejemplares de culebra real de California, Lampropeltis californiae, y el equilibrio se rompió. Hoy es, con diferencia, la especie invasora que más preocupa a los biólogos de Canarias, y acaba de recibir la respuesta institucional más ambiciosa hasta la fecha.
Por qué esta serpiente es la invasora que más preocupa en Canarias
El problema no es la serpiente en sí, que resulta inofensiva para las personas, sino aquello de lo que se alimenta. Los impactos de las invasiones biológicas se acentúan en ecosistemas insulares precisamente porque las especies han evolucionado aisladas y carecen de adaptaciones frente a depredadores foráneos. En Canarias, eso se traduce en tres endemismos golpeados de lleno.
El lagarto gigante de Gran Canaria, Gallotia stehlini, ha visto reducidas sus poblaciones de forma significativa sin que las labores de control hayan permitido su recuperación, y figura ya en la categoría de peligro crítico de extinción en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, el máximo nivel de preocupación. La lisa pasó al segundo escalón, en peligro. Y el perenquén, aunque no ha entrado en esas categorías, ha visto decrecer sus poblaciones un 50% en los lugares invadidos.
La pérdida va más allá del recuento de ejemplares. Estos reptiles, que no existen en ningún otro lugar del mundo, cumplen funciones ecológicas concretas en Canarias: participan en la polinización y en la dispersión de semillas de especies nativas y controlan poblaciones de insectos, evitando que se conviertan en plagas. Cuando desaparecen de una zona, se lleva por delante un servicio ecosistémico completo.
La cronología institucional es igual de reveladora. Según relató la consejera de Presidencia, Administraciones Públicas, Justicia y Seguridad del Gobierno de Canarias, Nieves Lady Barreto, fue en 2017 cuando se encendieron todas las alarmas y se lanzó un plan de acción coordinado con el Cabildo de Gran Canaria. Es decir, pasaron cerca de dos décadas entre la introducción y la reacción a escala. Su valoración actual es directa: la especie «no está erradicada», y el desafío para evitar el salto entre islas es de enorme magnitud.
La lección que deja el caso es la que repiten todos los expertos consultados en Canarias: con las especies invasoras, prevenir siempre resulta más barato, más eficaz y más inteligente que lamentar. Cuando la invasión se consolida, la erradicación deja de estar sobre la mesa.
Ocho millones, drones y control portuario: la estrategia de Canarias hasta 2031
El movimiento más relevante llegó hace apenas unos días. El Cabildo de Gran Canaria ha puesto en marcha un proyecto europeo LIFE dotado con ocho millones de euros y con desarrollo previsto entre 2026 y 2031, destinado a garantizar la supervivencia del lagarto gigante, la lisa y el perenquén. Fue presentado por el consejero de Medio Ambiente del Cabildo, Raúl García Brink, junto al director general del Medio Natural del Gobierno de Canarias, Miguel Ángel Morcuende, y el delegado del CSIC en el archipiélago, Manuel Nogales. El programa actuará también en Baleares frente a otras invasoras.
El plan incorpora drones y métodos innovadores para mejorar la detección y captura, precisamente porque la erradicación total de la culebra californiana en Canarias resulta cada vez más complicada al haberse consolidado la invasión en amplias zonas de la isla. Y añade un pilar de sensibilización nada menor: la formación de 60 voluntarios para el seguimiento de los santuarios urbanos, cerca de 300 talleres dirigidos a escolares y campañas divulgativas sobre la biodiversidad de Canarias.
La otra mitad de la estrategia se juega en los muelles, y ahí las noticias son buenas. Los nueve operativos desarrollados durante el último año y los controles realizados en 2026 no han detectado ningún ejemplar en instalaciones portuarias, según los datos presentados por la consejera Barreto. En esa vigilancia trabajan de forma coordinada la Unidad de Vigilancia e Inspección Administrativa de la Policía Canaria, el Servicio de Biodiversidad del Gobierno autonómico y el Cabildo grancanario.
Ese frente es hoy la prioridad declarada. La especie continúa establecida en distintos puntos de Gran Canaria y el Ejecutivo reconoce abiertamente que la erradicación completa no se ha conseguido, de modo que el objetivo realista pasa por impedir que alcance nuevos territorios. Si la culebra saliera de la isla y se expandiera por el resto de Canarias, el problema cambiaría de escala por completo.
Conviene además no vender expectativas falsas. El biólogo Ramón Gallo, responsable del proyecto de seguimiento StopCulebraReal, ha sido explícito al señalar que «el objetivo nunca ha sido la erradicación de la especie en Gran Canaria». Lo que se persigue es contención, protección de los núcleos donde sobreviven los endemismos y bioseguridad entre islas.
Para cualquier persona en Canarias, la aportación posible es sencilla y muy valiosa: comunicar los avistamientos a través de los canales del proyecto de seguimiento y no liberar nunca reptiles de terrario en el medio natural. La culebra real llegó exactamente así, y treinta años después el archipiélago sigue pagando la factura.