Soñar con tener una obra de Goya, de van Gogh o de Sorolla es frecuente en los amantes del arte. Si bien se pueden consumir en digital, la experiencia de tener esos cuadros en físico no tiene punto de comparación. Pero, claro, hay dos obstáculos para el común de la población: la distancia y el precio.
Si bien podemos ir a algunos de los museos, nuestra experiencia se ve limitada a ese sitio, con todo lo que implica, como la dificultad para acercarse por la cantidad de personas, por ejemplo. Y, en caso de querer la obra en casa con todas sus ventajas, los precios no son ni de cerca accesibles. Entonces, la solución que deja lo mejor de todos estas opciones: la reproducción de cuadros.

Fuente: unsplash.com
¿Qué significa exactamente reproducir un cuadro?
Cuando hablamos de la reproducción de un cuadro al óleo, se hace referencia a una obra que fue pintada a mano y que trata de ser una copia de la original. La fidelidad estética y de técnica es muy relevante para que se asemeje lo más posible. Pero el otro factor a considerar es que no se trata de un engaño, sino de mimetizar la obra. Es decir, no es una falsificación, sino una réplica honesta de la misma.
Estas reproducciones son elaboradas por artistas expertos que usan sus conocimientos y habilidades para recrear la pincelada, el color y la composición del autor original. Esto significa que, además del valor artístico de la obra original, también lo tiene en cuanto a la calidad de la réplica. Aunque se trate de copiar, requiere una experticia muy destacada, debido a que también se necesitan los conocimientos para saber cómo y en qué condiciones fue hecha la obra y, por supuesto, la habilidad para ejecutarlo.
Hay que mencionar brevemente que una réplica no tienen ningún valor monetario o social, por lo que su obtención implica solo la pieza en sí misma y no tiene ninguna autenticación o similares. Es decir, sirve solo para el consumo y la contemplación, pero no para comerciar de ninguna manera, por lo que no da ningún tipo de estatus social.
La democratización del arte como un bien para el disfrute común
El arte expuesto en los museos le pertenece a la Humanidad en general, pero su acceso impide el disfrute colectivo e individual. La réplica profesional elimina esas barreras porque permite tener una copia en casa por un precio accesible. Como arte, el hacer las réplicas tiene la misión noble de eliminar las barreras que impiden que una persona pueda incorporar una obra maestra en su cotidianidad. Es entonces cuando el arte deja de existir en unos muros delimitados e institucionales.
La copia digital y una subsecuente impresión a papel no es suficiente porque los cuadros al óleo tienen texturas y matices que no se aprecian a través de una fotografía. Es por eso que las réplicas tienen un valor artístico muy característico que no se puede emular de otra manera.
La contemplación de la belleza y la estética
El valor artístico de una obra copiada puede ser el mismo que el de la original. Una persona con sensibilidad artística puede sentir emociones semejantes en ambos casos y contemplar cada técnica del autor. Por supuesto, sin dejar de lado que la belleza de la obra será proporcional a la precisión del artista imitador.
Es claro que habrá diferencias, pero apreciar una obra en persona tiene un valor incalculable por un precio más que accesible. También es una forma de integrar el arte en la vida cotidiana, como en la decoración de paredes, cuestión de vivir en el día a día la sensibilidad de obras al óleo.
La réplica como herencia, homenaje y preservación
Los artistas dedicados a las reproducciones de cuadros no tienen menos mérito que aquellos dedicados a la creación de arte propio. Estos profesionales pueden considerarse como una especie de “historiador práctico” porque necesitan tener un profundo conocimiento del artista original, su obra y su técnica. Comprender y reproducir requiere de una gran habilidad y lograrlo crea un homenaje.
También fungen como “arqueólogos pictóricos” porque su labor ayuda a preservar las obras después de siglos de deterioro o que incluso se han perdido. En ocasiones, las copias son el único registro visual que queda intacto y son las copias “oficiales” las que se toman de referencia.
Por otra parte, hace siglos, discípulos de grandes artistas perfeccionaron sus técnicas y habilidades copiando a sus maestros. También eran ellos quienes se dedicaban a la reproducción de obras para la difusión comercial de las obras originales, pero estas réplicas eran consideradas fidedignas y se considera que tienen valor social y monetario dentro de la comercialización del arte.
Hoy día, aunque no sea una práctica que se herede de maestros a discípulos, sigue siendo un oficio que hace honor a esas tradiciones. El papel de estos profesionales en la actualidad no es imitar, sino llegar al dominio de una técnica y difundir las obras con más facilidad que en el pasado.