Noah Johnson, un joven de 16 años de Slater, Iowa (Estados Unidos), llevaba una vida como la de cualquier otro adolescente: estudiaba, jugaba al béisbol en su tiempo libre y dedicaba muchas horas al gimnasio y al levantamiento de pesas. Ese verano, decidió trabajar en una empresa de construcción al aire libre para ganar algo de dinero extra. Lo que no imaginaba es que esa experiencia acabaría convirtiéndose en una pesadilla.
Durante una jornada laboral, Noah sintió que algo se movía sobre su cuerpo. “Sentí algo que se arrastraba sobre mí”, relató después. Se trataba de una araña cuya picadura, según explican los expertos, puede provocar reacciones muy diferentes dependiendo de la especie, la zona afectada y la respuesta de cada organismo.
Al día siguiente, el joven comenzó a quejarse de dolor en el lugar de la picadura, que pronto empezó a hincharse. En pocos días, la lesión había triplicado su tamaño. “Lo que empezó siendo una herida pequeña terminó agravándose severamente”, contó su madre, Brandy Johnson, a la revista People.
Cuando la herida comenzó a supurar, Brandy llevó a su hijo a urgencias. Noah presentaba fiebre alta, alcanzando los 40 grados, y los antibióticos recetados no lograron frenar la infección. “A los tres días ya no podía ni caminar”, recordó su madre.
Los médicos decidieron intervenir de inmediato para retirar el tejido afectado. Sin embargo, al día siguiente, Noah sufrió una insuficiencia renal y tuvo que ser sometido a diálisis. Pasó dos semanas ingresado en la UCI, perdió 15 kilos y llegó a quedarse sin poder hablar. “Pensé que se iba a morir. Tenía mucho miedo”, confesó Brandy.
El 16 de julio, tras días de incertidumbre, Noah pudo comunicarse de nuevo con su madre. Actualmente, ya ha salido de la UCI y continúa su recuperación en casa. Para afrontar los gastos médicos, la familia ha abierto una página de recaudación de fondos. Aunque el proceso será largo, el joven avanza poco a poco hacia una recuperación completa.