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miércoles, 12 de agosto de 2026 · 15:07 · Canarias
GENERAL

Técnicos especializados en frío industrial: el reto silencioso de la hostelería en Canarias

La continuidad de un hotel también se juega en espacios que el huésped nunca ve. Las cámaras frigoríficas para hostelería conservan alimentos, sostienen el trabajo diario de las cocinas y permiten atender cientos de servicios sin interrupciones. Pero la fiabilidad de estos equipos no depende únicamente de su tecnología: detrás de cada instalación se necesitan profesionales capaces de dimensionarla, ponerla en marcha, mantenerla y responder cuando aparece una incidencia.

En Canarias, donde el alojamiento turístico trabaja con un nivel de actividad elevado durante buena parte del año, esta necesidad adquiere una importancia especial. El Instituto Canario de Estadística contabilizó en 2025 unos 99 millones de pernoctaciones, 14,3 millones de viajeros y una ocupación media por habitaciones y apartamentos superior al 82 %. Es una escala que exige regularidad en cocinas, cámaras de conservación, buffets, climatización y otros sistemas esenciales.

Al mismo tiempo, el sector español del frío lleva años señalando la dificultad para encontrar personal cualificado. AEFYT, la asociación empresarial del sector, estimó ya en 2019 que faltaban alrededor de 12.000 frigoristas en España. Análisis sectoriales publicados en 2026 continúan utilizando esa cifra para describir un problema que consideran estructural. No existe una estadística oficial equivalente y específica para Canarias, pero la preocupación por el relevo profesional y la cualificación técnica sí está presente en todo el sector.

Un oficio esencial que casi siempre trabaja entre bastidores

El trabajo de un frigorista va mucho más allá de reparar una máquina que ha dejado de enfriar. Estos profesionales intervienen en el cálculo de cargas térmicas, la selección de equipos, el montaje de tuberías y componentes, la puesta en marcha, la regulación de temperaturas, la detección de fugas y la optimización del consumo energético.

También deben comprender cómo influyen el aislamiento, la apertura de puertas, la temperatura exterior, la cantidad de producto almacenado o la ventilación en el rendimiento de una cámara. Un error de dimensionamiento puede elevar el gasto eléctrico y forzar el equipo; una instalación incorrecta puede provocar averías recurrentes; y un mantenimiento insuficiente puede convertir una anomalía menor en una parada completa.

Por eso, la disponibilidad de técnicos especializados afecta al conjunto de la maquinaria de hostelería en Tenerife, no solo a las cámaras frigoríficas. Cocinas industriales, equipos de preparación, sistemas de buffet, climatización y refrigeración comercial forman parte de una misma cadena operativa. Cuando uno de esos elementos falla en un momento de alta demanda, las consecuencias pueden trasladarse rápidamente al servicio.

Más tecnología y mayores exigencias normativas

La profesión también se ha vuelto más compleja. El Reglamento de Seguridad para Instalaciones Frigoríficas establece condiciones destinadas a proteger a las personas, los bienes y el medioambiente. A ello se suma la normativa europea sobre gases fluorados, que impulsa la reducción progresiva de refrigerantes con mayor impacto climático y obliga al sector a adaptarse a nuevas soluciones.

Este cambio requiere formación continua. Los técnicos deben conocer refrigerantes diferentes, sistemas de control más avanzados, procedimientos de recuperación y detección de fugas, además de nuevas exigencias de eficiencia y seguridad. La experiencia sigue siendo fundamental, pero ya no basta con conocer los equipos tradicionales: el oficio exige actualización constante y personal debidamente habilitado.

Para los establecimientos hoteleros, esta evolución plantea una pregunta práctica. No se trata solo de qué equipo comprar, sino de quién podrá instalarlo correctamente, mantenerlo durante su vida útil y atenderlo con rapidez. Una máquina eficiente sobre el papel puede dejar de serlo si trabaja fuera de sus parámetros, si el mantenimiento se retrasa o si cada incidencia depende de un proveedor distinto.

De reaccionar ante la avería a prevenirla

Durante años, parte del sector ha abordado el mantenimiento como un gasto que podía aplazarse hasta que apareciera un problema. Sin embargo, en instalaciones críticas, esperar a la avería suele ser la opción más cara. A la factura de la reparación pueden sumarse pérdida de producto, reorganización del servicio, consumo energético innecesario y horas de trabajo dedicadas a buscar una solución urgente.

El mantenimiento preventivo permite revisar presiones, temperaturas, compresores, evaporadores, condensadores, aislamientos y sistemas de control antes de que el deterioro afecte al funcionamiento. También facilita programar intervenciones en momentos de menor actividad, en lugar de hacerlo cuando la operativa del hotel está más expuesta.

Por este motivo, el criterio para elegir proveedor está cambiando. Además del precio y las prestaciones del equipo, cobra peso la capacidad de ofrecer reparación de maquinaria de hostelería y acompañamiento postventa. Para una dirección de operaciones o una jefatura de mantenimiento, saber quién responderá después de la instalación es tan importante como conocer la ficha técnica del producto.

La proximidad técnica como ventaja en un territorio insular

La insularidad añade otra variable. Cuando una intervención depende de desplazamientos desde fuera de la isla, de varios intermediarios o de repuestos que no se han previsto, los tiempos de respuesta pueden alargarse. Contar con un equipo cercano, que conozca la instalación y mantenga una relación continuada con el establecimiento, ayuda a reducir esa incertidumbre.

Ese es el enfoque que Friosten aplica en Tenerife. La empresa no limita su actividad a suministrar equipos, sino que integra asesoramiento, venta, instalación, puesta en marcha, mantenimiento y reparación de la maquinaria que comercializa. Sus soluciones técnicas integrales de Friosten buscan que el hotel disponga de un único interlocutor a lo largo de la vida útil de la instalación.

En la práctica, el coste real de una instalación no termina el día de la compra. También depende de cómo se dimensiona, quién la pone en marcha, qué mantenimiento recibe y cuánto tarda en llegar una solución cuando surge una incidencia.

Este modelo reduce la fragmentación de responsabilidades. El técnico que interviene no parte de cero: conoce el equipo, su configuración y su historial. Para el cliente, esa continuidad se traduce en mayor control, una comunicación más directa y menos improvisación en momentos críticos.

La falta de profesionales cualificados es, por tanto, algo más que un problema laboral interno del sector del frío. Es una cuestión que afecta a la seguridad alimentaria, la eficiencia energética y la capacidad de hoteles y restaurantes para mantener su actividad. En un destino turístico con la intensidad de Canarias, disponer de tecnología fiable es imprescindible; contar con técnicos especializados y próximos que la mantengan operativa lo es todavía más.

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